Daniel Regalado, ya ascendido a Teniente Coronel, junto a varios mandos de su unidad y otros amigos

El Teniente Coronel ferrolano, Daniel Regalado Rodríguez, es sin duda un militar completamente desconocido fuera de los círculos legionarios. Y tengo mis fundadas dudas de que entre los jóvenes oficiales, suboficiales y soldados del glorioso Tercio, sea muy conocido este importantísimo héroe legionario, uno de los más gloriosos jefes que ha tenido, es sus casi cien años de vida, este valeroso y fundamental Cuerpo, encuadrado en la fiel Infantería Española. La enferma, malvada, sectaria y odiosa ley de memoria histórica, aplicada por políticos mediocres, mentirosos, corrompidos moral y espiritualmente, pervertidos anti españoles, con la significativa ayuda de unos jueces impresentables, lamedores de botas, buscadores de prebendas, no de justicia, está empeñada en borrar de nuestra historia Patria a los héroes que la forjaron y engrandecieron, preparando ya su última fechoría de querer arrancar de su tumba, donde lleva casi cuarenta y cuatro años reposando, al vencedor del comunismo y socialismo internacional, el forjador de la España moderna, el Invicto Caudillo Fráncico Franco, y enalteciendo sin embargo a oscuros y refinados asesinos chekistas, brigadistas del amanecer, comunistas y socialistas, de indefensas monjas, sacerdotes y católicos por el hecho de serlo. ¡Ojo al dato!

 

Por eso, ante una generación, eufemísticamente conocida “como la mejor preparada” –nunca hubo tanto lerdo, cretino, tuercebotas e ignorante en España-, que lamentablemente desconoce donde tiene la mano derecha, es muy recomendable dar a conocer hechos sobre los cuales se ha echado un manto de silencio, entre la cobardía perversa de unos y la inquina malvada de otros. Vamos pues a descubrir a uno de aquellos héroes de nuestra historia. Daniel Regalado Rodríguez.

 

 

Daniel Regalado Rodríguez en su etapa de Capitán de Infantería, destinado en la Legión Española.


Daniel Regalado nació en El Ferrol el 27 de febrero de 1897, en el seno del matrimonio formado por el almirante Francisco Regalado Wosen y Dolores Rodríguez. Fue el cuarto hijo de una familia marcada por el ejemplo y espíritu militar de sus antecesores. Su padre, siendo capitán de Corbeta, en la década de los noventa del siglo XIX, ayudó a sofocar el levantamiento de Filipinas con una actuación memorable, llena de valor y abnegación. Sus hermanos también eligieron el camino de las armas españolas. El mayor, Gaspar, fue coronel de Artillería. Francisco, otro de sus hermanos, siguió el camino de la mar y llegó a Almirante, ostentando, en uno de los Gobiernos del Generalísimo Franco, la categoría de ministro de Marina. Por su parte, Amador, ascendería hasta el grado de General de División y su último hermano, Luis, también marino, sería asesinado por las milicias marxistas en la guerra de Liberación Española de 1936-39.

 

Daniel, nuestro protagonista, es un niño normal, alegre, que juguetea, en sus primeros años de vida, por las calles de su Ferrol natal. Muy aplicado en los estudios, decide al cumplir 14 años, en 1911, ingresar en la Academia de Infantería de Toledo. Cinco años después, en el patio del Alcázar, bajo la pétrea mirada de la estatua del Emperador Carlos I, -el que entró vencedor en Túnez-, Daniel Regalado jura el compromiso de fidelidad y lealtad a la Sacrosanta Bandera de España, saliendo con su despacho de oficial del glorioso ejército español.

 

Destinado primero al Regimiento de Infantería del Serrallo número 69, con guarnición en Ceuta y posteriormente a la Policía Indígena. Con el Regimiento del Serrallo, Regalado, participa en diversas acciones de guerra, entre ellas, la toma del Fondak de Ain y de Zen Zen, encuadrado en el primer batallón de una columna que manda el general Severiano Martínez Anido. Por una de esas acciones, en 1915 le es concedida la Medalla Militar de Marruecos con el Pasador de Tetuán.

 

Entre 1916 y 1920, Daniel Regalado, pasará cortos periodos destinado en unidades de la península, como los Regimientos de Infantería Isabel La Católica, con base en la Coruña y Zamora de guarnición en su Ferrol natal.

 

Ascendido a capitán en 1920 y al tener noticia de la fundación del Tercio de Extranjeros y que su comandante, lugarteniente en el mando de aquel romántico coruñés llamado José Millán Astray, el ferrolano Francisco Franco, está buscando oficiales jóvenes para incorporar a la nueva unidad, Daniel no lo duda y pide ser trasladado al campamento de Dar-Riffien, cuna de la Legión Española. Este se hace efectivo el día 25 de enero de 1921, en que como capitán, se incorpora al nacimiento y formación de la V Bandera al mando del Comandante Liniers.

 

 Fuerzas del Tercio en la guerra de Marruecos, 1922.


En una de sus primeras acciones, Daniel resulta herido, al igual que su Comandante Liniers, cuando tomaba parte en la toma y asalto de Ayalia.

Repuesto ya de sus heridas e incorporado de nuevo al servicio, toma parte en la operación militar de Kudia Selénica, destacando el comportamiento de su compañía, que sufre numerosas bajas. En la toma de Tazarut, es nuevamente herido y por esa acción se le concede el Pasador de Larache sobre la Medalla Militar de Marruecos.

En su calidad de Capitán recibe la orden de acompañar al Comandante Lucas Mercader en la formación de la VI Bandera de la Legión, recibiendo el mando de la 23 compañía. Con la nueva Bandera tomará al asalto Xeruta y otras posiciones en la zona occidental de Marruecos, Logra dos Cruces al Mérito Militar con distintivo rojo y una propuesta para el ascenso a comandante por méritos de guerra. Sin embargo el ascenso no llega y si un cambio de destino. A finales de 1924 es destinado de nuevo a El Ferrol al Regimiento de Infantería Mérida. En Ferrol, Daniel contraerá matrimonio con su novia Josefina Jofre Jáudenes, de cuya unión nacerán cinco hijas.

 

En la ciudad departamental, trazada a cordel, Daniel Regalado, pasará doce años destinado. Allí asistirá, como un español más, a la caída de la secular monarquía española, con la marcha al exilio del Rey Alfonso XIII y la llegada de la segunda república, que en una de sus primeras decisiones, cometerá la torpeza y el error mayúsculo de cambiarle los colores a la inmortal Bandera de la Patria.

En julio de 1936, Daniel es capitán ayudante de su Regimiento de Mérida. El frente popular, salido de unas elecciones fraudulentas, celebradas 16 de febrero de ese mismo año y desbocado en el odio, desgobierno y sin razón, comete la última de sus fechorías. En la noche del 12 al 13 de julio, un capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés, acompañado por miembros de la Guardia de Asalto y pistoleros de la escolta personal del líder socialista Indalecio Prieto, en una camioneta oficial rotulada con el número 17 de las Fuerzas de Seguridad y Asalto, arrancan de su casa a la fuerza al diputado líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo y de forma artera y cobarde lo asesinan, dejando abandonado su cadáver sanguinolento en el cementerio madrileño del Este.

 

IV Bandera de La Legión con su guion del Cristo de Lepanto.

 

Es la señal que todos están esperando. El Ejército de África, henchido de amor patrio, después de las maniobras celebradas en Llano Amarillo, se levanta en armas contra el desgobierno del Frente Popular cuya cabeza visible es el presidente Santiago Casares Quiroga.

 

En la noche del 16 a 17 de julio, el tercer Tábor de Regulares de Alhucemas nº 5, al mando del Comandante Joaquín Ríos Capapé, recibe la orden de trasladarse desde las Torres de Alcalá, enfrente del Peñón de Vélez de la Gomera, hasta villa Sanjurjo, haciendo noche en la Alcazaba de Snada. Es la primera unidad del ejército que se subleva contra el frente popular. Un ciclón va a recorrer España en todas sus direcciones y por espacio de tres años va a ser víctima de una espantosa guerra civil.

 

El Alzamiento corre como la pólvora por toda España y sorprende al capitán Regalado en El Ferrol, donde las guarniciones gallegas se alzarán el lunes día 20 de julio. Una vez pacificado Ferrol y donde Regalado tendrá, junto a Infantes, artilleros infantes de Marina y un valeroso grupo de oficiales de la Armada, una actuación decisiva, Daniel se Incorpora a las columnas que han salido de Galicia con destino a liberar Oviedo, participando en la toma de Grado.

 

En el mes de septiembre, Daniel Regalado es destinado a la IV Bandera de La Legión, que acaba de tomar Talavera de la Reina. A finales de mes y tras la entrada y liberación del glorioso Alcázar de Toledo por las tropas Nacionales, Daniel Regalado, recibe el mando de la VIII Bandera de la Legión, que va a cubrir, junto a una Bandera de Falange de Cáceres, el frente de la estación y el hospital provincial de la ciudad imperial. Los legionarios de Regalado, con él en vanguardia, cruzarán un puente completamente batido por el fuego enemigo. A legionarios y falangistas, se les han unido fuerzas de la Mehalla, comportándose todo ellos con valor y arrojo inusitado, destacando la III compañía de la VIII Bandera, que al asalto toma las posiciones de Los Alijares, Cerro Cortado y la Ermita de la Guía, alejando al enemigo de Toledo. Por esa acción Daniel Regalado es ascendido a Comandante y su Bandera es encuadrada en una columna que manda el Teniente Coronel Tella y Cantos, tomando el día 2 de noviembre el pueblo de Pinto.

 

Daniel Regalado ascendido ya a Teniente Coronel.

 

La nueva orden que recibe la Bandera de Regalado es la toma de Getafe. La misión de los Legionarios es fijar al enemigo, mientras que un Tábor de Regulares realizaba el asalto a la población. La noche se echaba encima y el Comandante Regalado se revolvía impaciente al comprobar que la noche podía echar al traste la operación. Se recibe la orden de ataque y Regalado se lanza con sus Legionarios por una llanura desnuda, sin arbolado, sin ondulaciones y sin ningún tipo de defensa natural para cubrirse. Avanzando por pelotones, a saltos cortos pero rápidos, la Bandera progresa en sus objetivos. Casi a la entrada de Getafe, el Comandante Regalado cae herido, junto al cadáver de su ayudante. Se hace cargo del avance, el Capitán Castro Manzanera Holgado, que andado el tiempo, allá por los años sesenta, ocuparía el cargo de Capitán General de Galicia, en su condición de Teniente General. Era noche cerrada cuando los Legionarios entran en Getafe, siendo aclamados por los pocos vecinos que se atreven a salir de sus casas. El mando Nacional quedaría impresionado por la decisión, valor y gallardía de los Legionarios de Regalado.

 
Aún no repuesto de sus heridas, en diciembre, el comandante Regalado vuelve a dirigir la VIII Bandera, esta vez en el sector de Usera, donde recibe la orden de participar en la toma de Boadilla del Monte. Con bombas de mano y a la bayoneta calada, sus Legionarios asaltan el objetivo, el palacio del Duque de Sueca, que se encontraba defendido por batallones de las brigadas Internacionales. Al grito de ¡Viva España! ¡Viva La Legión!, la Bandera se lanza al combate. En la misma entrada del pueblo cuatro blindados enemigos pretenden cerrarle el paso. Los Legionarios se protegen tras unos ladrillos y desde allí lanzan varias botellas de gasolina y bombas de mano, inutilizando tres de los blindados, haciéndose con el cuarto y ocupando al asalto el palacio. La unidad ha tenido 250 bajas.

 

Con posterioridad la Bandera de Regalado tomará parte en los combates para la ocupación, a punta de cuchillo, del Cerro del Águila, Cuesta de las Perdices, Aravaca, Majadahonda, Las Rozas, y El Plantío. Tras durísimos combates, la VIII Bandera conquista, una a una, todas las posiciones, haciendo gran número de prisioneros e infligiéndole al enemigo un gran castigo, con numerosas bajas, capturándose una considerable cantidad de material de guerra. La Bandera sufrirá más de cien bajas entre muertos y heridos.

 

El 26 de enero de 1937, bajo un tremendo temporal de lluvia, la VIII Bandera se dirige a Seseña, conquista la Cuesta de La Reina y llega a las proximidades de Aranjuez, donde el enemigo se halla perfectamente fortificado. Durante doce días los hombres de Regalado, rechazarán en ese sector, los ataques enemigos. La Bandera recibe orden de intervenir en la batalla del Jarama, donde Daniel Regalado se distinguirá de forma valerosa en los sangrientos combates del vértice Pingarrón, siendo allí nuevamente herido de un disparo en el pecho. Las operaciones de aquella importantísima batalla, se escapan a la concepción de este trabajo, que en otras entregas desarrollaremos.

 

 

Brunete teatro de operaciones de una de las batallas más cruentas de la Guerra de Liberación Española 1936-39.

Restablecido de sus heridas Daniel Regalado, retoma el mando de la VIII Bandera por un corto espacio de tiempo, pues dejará el mando en el mes de abril al ser ascendido a teniente coronel, en cuya calidad va a participar en la decisiva Batalla de Brunete.

 

Según escribe el coronel José Manuel Martínez Bande, en una de sus inigualables Monografías de la Guerra Española, “en julio de 1937, era Brunete un pueblo de la provincia de Madrid, casi desconocido. Estaba sin embargo muy bien situado, en el cruce de dos carreteras de relativa importancia. La que une El Escorial con Navalcarnero y la de San Martín de la Vega hasta Alcorcón. En las estribaciones de la sierra de Guadarrama, situado a unos 650 metros sobre el nivel del mar. Era un pueblo modesto con un pequeño encinar al norte, de gran belleza. Su clima extremo, con inviernos muy duros y veranos excesivamente tórridos. Un terreno, en suma, áspero, con un cultivo pobre de cereales, legumbres y viñedos”.

Brunete, entre los ríos Guadarrama al este y Perales, al oeste, era la cabeza de la comarca, en cuyo contorno se hallaban los pueblos de Quirjona, Villanueva de la Cañada, Navalagamella, Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo, así como Sevilla la Nueva y Navalcarnero, estos más al sur. En ese trozo de nuestra España, va a tener lugar, del seis al veintiséis de julio del año 37, una de las batallas más sangrientas y violentas de nuestra guerra de Liberación 1936-39.

En noviembre de 1936, cuando se riñe duramente en las puertas de Madrid, en el parque del Oeste, Casa de Campo y Ciudad Universitaria, tropas Nacionales conquistan Brunete. Su estratégica posición, con el paso de las jornadas, le va a llevar a ser, en 1937, un importante teatro de operaciones, con dos objetivos fundamentales para el bando rojo: El corte de las comunicaciones del bando nacional, que rodeaba Madrid por el sur y el oeste y paralizar la gran ofensiva nacional en el Norte, donde las tropas de Franco ya habían tomado en el mes de junio Bilbao y amenazaban ahora a Santander y Asturias, con su poderosa máquina de guerra, donde sobresalían las Divisiones Navarras.

Tras las confrontaciones del río Jarama y Guadalajara, donde el ejército Nacional había sido frenado por el ejército rojo, el mando frente populista decide pasar a la ofensiva. Ya no es el ejército de los primeros meses de la guerra, pues desde otoño de 1936 la idea de unas nuevas fuerzas armadas ha tomado cuerpo en el bando rojo. Un ejército disciplinado, sacrificado, jerárquico y con notable instrucción militar, muy alejado de aquel ejército de milicianos y amigas de milicianos, que daban unos tiros en la sierra de Guadarrama o ante el Alcázar de Toledo y luego, al finalizar la jornada, se retiraban a Madrid para dar rienda suelta a todo tipos de desmanes y asesinatos. Sin embargo ese nuevo ejército se va encontrar con un importante hándicap, faltan oficiales profesionales y estados mayores, pues ellos, con su malévolo sectarismo y sed de venganza, los han destruido. Brunete va a ser la prueba de fuego, si en verdad el nuevo ejército popular puede convertirse en la gran esperanza de la revolución roja.

Valentín González “El Campesino” con sus tropas de la XLVI división del Ejército Rojo, en tierras de Brunete.

La unidad estrella de esa nueva masa bélica va a ser el ejército de maniobra, que comanda el comunista juan Modesto Guilloto. Está dotado del mejor, más abundante y moderno material que posee el bando rojo y es una gran ocasión que se le presenta al partido comunista, -pues todos los mandos de ese ejército son fieles marxistas-leninistas-, para imponer su doctrina en toda la zona frente populista.

El cuerpo de Ejército tiene tres divisiones la XI, XLVI y XXV que mandan respectivamente Enrique Líster, Valentín González “El Campesino” y Walter Swierczeswski y que en su momento serán apoyadas por otro cuerpo de ejército con la divisiones X, XXIV y XV de Enciso, Gallo y Janos Galicz “Gal”, más una reserva que la componen las divisiones XLV y XXXIX de Cléber y Durán. En total diez divisiones rojas compuestas por 28 brigadas, 100 carros de combate, la mayoría los poderosos T-26 soviéticos, 30 blindados, 164 piezas de artillería, dos batallones de ingenieros, un regimiento y un grupo de Caballería, además de todos los servicios complementarios y nutrida aviación, de más de 120 aparatos. Entre 80.000 y 90.000 hombres, van a efectuar una maniobra que señala como línea de penetración el eje Valdemorillo-Brunete_Alcorcón, para romper así el cerco a Madrid y aliviar la penetración de las tropas Nacionales en Santander.

 

Enfrente el ejército Nacional tiene en el sub sector de Brunete y pueblos cercanos, que dependen del general Andrés Saliquet Zumeta, con su cuartel general en Valladolid, cinco unidades tipo batallón, dos compañías sueltas y algunas piezas antitanque, Dos Banderas de Falange, la 2ª de Sevilla y la 5ª de Castilla, en Villanueva de la Cañada y Quirjona, Un Tábor de Regulares de Ifni en Quirjona y otro, el 5º de Larache, en Villafranca del Castillo. El VIII batallón del Regimiento de Infantería de San Quintín, además de unas cuantas piezas de artillería, varios anticarros y otras pequeñas fuerzas que custodiaban el hospitalillo de Brunete. Como reserva la 13 división del coronel, Medalla Militar Individual, Fernando Barrón Ortiz, que se hallaba incompleta, pues una de sus medias brigadas estaba operando en el frente de Aragón. Esta división estaba formada por tres brigadas, al mando de los Tenientes Coroneles Coco, Álvarez Entrena y Rodrigo. Son alrededor de siete mil hombres que se van a enfrentar a una poderosa máquina de guerra, con la 11 división de Enrique Líster como unidad estrella, con pedrigrí comunista y que posee un batallón de operaciones especiales. Una unidad comunista, entusiasta y combativa, que llena de orgullo a sus jefes marxistas-leninistas.

En la noche del cinco de Julio, la gran unidad se pone en marcha. Van silenciosos, confiados en un gran triunfo, que al final no llegará y que va a costar la vida de un 60% de sus componentes. A las seis de la mañana, dos batallones de la Brigada C, atacan de revés Brunete, la XI avanza hacia el paso del río Guadarrama y otras unidades se diseminan hacia Sevilla la Nueva y Navalcarnero. A las ocho y media Líster entra en Brunete. Ha recibido una orden tajante: “en cuanto esté rodeado Brunete, sin esperar su ocupación, deberán las fuerzas de esa 11 división seguir adelante por la carretera de Villaviciosa de Odón para formar una cabeza de puente sobre el río Guadarrama”.

La consecución de ese objetivo, que hubiera creado un situación límite al bando Nacional, era una cuestión de vida o muerte. ¿Por qué no se consiguió? Aquí va estar la clave de toda esa batalla. Una retención inverosímil en Brunete, de más de cinco horas y media de la división XI, pues los hombres de Líster, hijos de la revolución, se dedican al pillaje, requisa y saqueo, permitiendo que unos pocos soldados Nacionales resistan en sus posiciones. Unas guarniciones al norte y sur de Brunete, que ni se rinden, ni abaten, ante el choque contra infantes y carros rojos. Quirjona, Los Llanos y Villanueva de la Cañada se mantiene firmes.

El poderoso ejército rojo ha roto el frente nacional y ha avanzado, en una noche, diez kilómetros, ocupando tan solo un pueblo: Brunete. Ante la 11 división de Líster, queda el campo abierto y sin embargo ese vacío, que otros hubiesen explotado al máximo, lanzándose a por él de forma decidida, produce en los hombres de la 11 división un gran temor, ante aquellas resistencias inesperadas de los pueblos que rodean Brunete.

Los Nacionales reciben de inmediato la noticia de la caída de Brunete, pues a las ocho y media de la mañana han llegado a Villaviciosa gentes huidas de Brunete que contagian con su pánico a la población civil, El general Yagüe, desplazado al sector, da órdenes a algunas unidades de marchar sobre el enemigo para fijarle sobre el terreno e intentar detenerle. Una de esas unidades es el LXXV batallón del Regimiento de Infantería de la Victoria, de guarnición en Salamanca y que se encuentra en Villaviciosa. Ese batallón deberá desplegarse sobre la línea del río Guadarrama, pero el Teniente Coronel Legionario que lo manda, Álvarez Entrena, decide con sus fuerzas rebasar la línea del río y embestir con furor al enemigo, situándose en la cota 663. La consigna es sacrificarlo todo, incluso toda la unidad, a fin de que el mando nacional pueda reaccionar ante la avalancha roja.

Tropas Nacionales capturan un carro de combate soviético T-26.

La cota 663 representa una ligerísima altura desde la que se domina Brunete. Y allí el batallón de La Victoria recibe una durísima embestida por parte de las fuerzas de Líster con carros T-26 y tropas de infantería. Los soldados rojos no se atreven a llegar al cuerpo a cuerpo, haciéndolo así los nacionales de La Victoria, con bombas de mano, pero son rechazados. Por ese lado, el batallón de La Victoria, junto a un Tábor de Regulares de Melilla, fijará el frente en esa cota 663, que el enemigo rojo no podrá rebasar ya nunca en el trascurso de la batalla, pese a sus continuos esfuerzos.

Mientras la unidad que manda el Campesino es retenida en su avance hacia Quirjona por la V Bandera de Falange de Castilla y un Tábor de Tiradores de Ifni. El Campesino logrará tan solo hacerse con el vértice Los Llanos, teniendo que esperar tres días para tomar Quirjona. De igual forma la 2ª Bandera de Falange de Sevilla, resiste en Villanueva de la Cañada los ataques de la 34 división roja que manda José María Galán. Los falangistas sevillanos destrozan diez carros de combate rusos y diezman de bajas a varias compañías de los atacantes, retrasando de forma notable la entrada de las unidades frente populistas en el pueblo.

El tiempo corre inexorablemente en contra del ejército popular. La I Bandera de la Legión, al mando del Comandante Cebriá, se sitúa sobre unas posiciones inverosímiles que barren la carretera de san Martín de Valdeiglesias. Tampoco por allí podrá dar un paso más la división de Líster.

El heroísmo y valor de una centuria, perteneciente a la Bandera de Falange de Salamanca, junto a dos secciones de fusiles y una de ametralladoras del 5º Tábor de Regulares de Larache, entre el vértice Mocha primero y en el Castillo de Villafranca después, será impagable. Allí sobresaldrá por su heroísmo y valor el capitán Antonio Dema Giraldo, que ante la avalancha enemiga hacia la loma conocida con “la artillera”, él solo, amparándose en las sombras de la noche, desde un parapeto, lanzó numerosas bombas de mano hasta caer abatido, logrando que el enemigo no alcanzase el vértice hasta dos días después. Por su acción le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo. También en esa acción del vértice Mocha y Castillo de Villafranca, obtendrá la Cruz Laureada de San Fernando el alférez Provisional Juan Chicoy, que con un puñado de hombres, con valor temerario y desprecio de la propia vida, conseguirá tomar la posición perdida del Caserío de Villafranca. Una bomba enemiga le producirá una hemoptisis, falleciendo, por esta causa, el 2 de diciembre de 1938, siendo ya Teniente Provisional.

 

Tropas de La Legión Española bajo el sol abrasador de Brunete

Los vértices Mosquito y Romanillos, en el sector del río Guadarrama, se convertirán en los ejes de la defensa Nacional, defendidos con un valor admirable por varios Tábores de Regulares. El capitán Gómez Landero consigue con sus hombres frenar al enemigo, una brigada Internacional, que no puede hacerse con el cerro Mosquito, algo que hubiese supuesto la caída de Boadilla del Monte. Herido, tambaleándose, manando abundante sangre por un costado, sin dejar que lo evacuen, Landero arenga a sus tropas y consigue que la posición siga en poder de los nacionales hasta la llegada de refuerzos. “Adiós hijos míos. Gracias. El cerro Mosquito no se rinde. Dios y España pagarán vuestra bravura”, fueron sus últimas palabras hasta caer herido y desfallecido, sin poder ver como los internacionales comenzaban a retirarse, Moriría al día siguiente en el hospital de Getafe. Gómez Landero sería recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando.

Brunete se quedará sin población civil. Desde el día 7 varias baterías Nacionales lo baten con dureza. El cielo está en manos de la aviación roja. La 13 división Nacional “La mano Negra” al mando del coronel Fernando Barrón Ortiz, contiene de forma resuelta al enemigo, sufriendo 1700 bajas. Enfrente la división de Líster perderá el 60% de sus componentes.

El sector de Chapinería, que manda el Teniente Coronel Daniel Regalado, resiste y desbarata el plan del general Miaja del envolver por completo la zona. Regalado recibe la ayuda del CLXIII batallón del Regimiento de San Quintín y del IX Tábor de Larache, que logran destruir varios carros soviéticos, que son asaltados, de forma personal, con inusitado valor por el teniente juan Rodríguez de Santiago y el Sargento Ciriaco Vaz, que ganarán por su acción la Medalla Militar individual.

La defensa numantina de Villanueva del Pardillo por parte de tropas del San Quintín, es el último intento rojo de conseguir el enlace con la Cuesta de las Perdices.

El 18 de julio el mando nacional comienza su ofensiva por el sector de El Escorial. Cinco divisiones inician la operación. La 13 de Barrón por el centro, la llamada provisional que manda Carlos Asensio y la V de Navarra de Bautista Sánchez, por la derecha y la IV de Navarra de Camilo Alonso Vega y la 150 de Eduardo Saénz de Buruaga, por la izquierda. Los Nacionales reconquistan Loma Quemada, donde sobresaldrá por su heroísmo el cabo de la 3ª Compañía del Regimiento de Infantería de Toledo nº 26, Tristán Pérez Romero, que participa en el asalto. En un determinado momento de la acción, Pérez Romero comprueba que el enemigo resiste ferozmente a las fuerzas de su sección y guiado entonces por su propia y valerosa iniciativa, se lanzó al salto de las trincheras rojas y rebasando las líneas enemigas llegó hasta la misma artillería roja. Ya sin municiones, utilizó su fusil como maza, matando a varios soldados enemigos y hallando gloriosa muerte, por lo que sería recompensado con la Cruz Laureada de san Fernando.

Tropas Nacionales, en sus posiciones, ante el castillo de Villafranca.

El día 20 Líster pide el relevo de su diezmada unidad y como no recibe contestación, acude al puesto de mando del general Miaja, situado en la finca del Canto del Pico en Torrelodones. Le recibe Vicente Rojo que le hace pasar al comedor donde están Indalecio Prieto y Miaja “delante de una botella de champaña” como referirá el propio Líster en sus escritos. Líster les habla de sus enormes bajas y que sus tropas están exhaustas y necesitan ser relevadas. Prieto responde de forma irresponsable: “Como esto es una cuestión de militares, yo me voy a echar una siesta”. Miaja le prometerá a Enrique Líster que su unidad será relevada por la 14 división, que manda el anarquista Cipriano Mera.

Brunete es una hoguera, donde se arroja sin cesar metralla y combustible. Al fuego de las armas se une el fuego de un sol abrasador. Sed, sangre, sudor, valor, heroísmo y muerte. Las tropas rojas flaquean ante la avalancha de los nacionales, Hay numerosas deserciones lo que obliga a Modesto a dar una orden draconiana: “Dispuesta por mí, la instalación de puestos de ametralladora en la zona de retaguardia hacia las posiciones de primera línea, tienen aquellos ordenes de hacer fuego contra todo individuo o grupo que bajo cualquier pretexto, intente abandonar sus posiciones “.

El Generalísimo Franco ha aceptado el reto y ordena llevar a la bolsa de Brunete dos divisiones más, aun en periodo de formación, la 108 y la 195. Llegará también en masa la aviación nacional al mando de Joaquín García Morato y una gran cantidad de artillería. La recuperación de Brunete se ha convertido en un símbolo y bandera para el mando Nacional.

La aviación Nacional, con Joaquín García Morato al frente, va a tener un comportamiento decisivo en la batalla. Por primera vez en la historia de la aviación los aparatos nacionales de la Legión Cóndor del general Sperrle, los “Fiat” del Comandante Zurita y los “Romeo” del Comandante Ansaldo, realizan vuelos de día y noche, en picado, ametrallando y arrojando a la vez gran cantidad de bombas contra el enemigo, logrando derribar 96 aparatos de la aviación roja, imponiéndose por completo en el cielo de Brunete.

 

Joaquín García Morato y miembros de la Escuadrilla Azul de la Aviación Nacional. Su participación en la batalla de Brunete, resultó decisiva.

A las siete de la mañana el 24 de julio el mando Nacional da orden de ataque. Truena la artillería, entra en liza la aviación y comienza el avance de la Infantería, Se despliegan de izquierda a derecha de Brunete, la brigada del Teniente Coronel Coco con las unidades que mandan Daniel Regalado y Molero y la del Coronel Rodrigo con las tropas al mando de Álvarez Entrena y Santamaría. Estas son las primeras en desalojar al asalto, con bayoneta calada, de las trincheras, a las fuerzas rojas, dejando Brunete en una situación muy delicada para Líster, que se resiste a abandonarlo. Las tropas que mandan Molero y Regalado entran en Brunete, un pueblo fantasma con humeantes ruinas. En el cementerio de la localidad se hacen fuertes la XXV división de Gal, la XI de Líster y la 14 de Cipriano Mera, que ha llegado al sector para reforzarlo.

El día 26 las fuerzas que manda Daniel Regalado, compuestas por la I Bandera de La legión, el VI Tábor de Regulares de Melilla y el batallón de Las Navas, tras incesantes embestidas acaban con el foco de durísima y tenaz resistencia del enemigo en las mismas tapias del cementerio. Allí va encontrar heroica muerte Daniel Regalado.

El mando nacional ha dado orden de tomar el camino del Lomo, objetivo principal para conseguir la ocupación del cementerio de Brunete, pues quien lo domine, dominará por completo el sector. El enemigo rojo está fuertemente atrincherado, con doble y triple línea de alambrada y gran cantidad de armas automáticas, que siegan muchas vidas,

Regalado, siempre situado en los lugares de mayor riesgo, arenga a sus hombres para abrir una brecha que lleve a lograr el difícil y complicado objetivo, rivalizando las unidades en valor y heroísmo. Cerca del cementerio explica al capitán de Carros de Combate, Cesáreo del Val, la estrategia a seguir en el ataque. En ese instante, recibe un impacto directo en la cabeza. Mortalmente herido se desploma en brazos de Del Val, cayendo en su puesto de vanguardia con honor, como mueren los valientes, al amparo de la Bandera de La Legión, la más gloriosa, como reza su Credo, porque la teñirá la sangre de sus Legionarios. La sangre del que fuera ejemplo vivo para sus legionarios, uno de los jefes más queridos y respetados del Tercio, el primero que morirá en combate en la guerra de Liberación, en el frente de batalla, regaba ahora las tierras áridas, sedientas, extenuadas por tanto sol, combate y metralla de Brunete. No pudo ver como el sargento Juan Bejarano del Barco, perteneciente al VI Tábor de Regulares de Melilla, junto a Regulares y Legionarios de la I Bandera, llegaban al cementerio, poniendo así fin a tan sangrienta batalla, fijando la línea de frente que ya no se movería hasta el final de la contienda. Al día siguiente, Daniel Regalado entregaría su vida a Dios y a España en el pueblo de Griñón.

Tropas de la 13 División Nacional, en Brunete ya reconquistado.

El Generalísimo Franco, con fecha 27 de julio de 1937, concedió al Teniente Coronel Daniel Regalo Rodríguez, a título póstumo, la Medalla Militar Individual “por su heroico comportamiento al frente de la I Bandera de la Legión en la batalla de Brunete. Con pocas fuerzas a su mando contuvo el avance enemigo y logró tomar las dificilísimas posiciones del cementerio de dicha localidad, desalojando de ellas a un enemigo numeroso y bien pertrechado y ocupando unos objetivos que tuvieron gran influencia en el resultado victorioso de la batalla de Brunete”.

En Brunete se enfrentaron con inusitada virulencia dos ejércitos, uno llamado a ser la esperanza de la revolución y que fracasaría en esos pueblos cercanos a Madrid. El otro, el Bando Nacional, insuflado con sus buenos resultados, que no esperaban, continuaría la ofensiva victoriosa en Santander y Asturias, poniendo fin al frente norte, en octubre de ese año. Sin embargo ya nada sería igual desde Brunete. El ejército roja había demostrado que habría que tener cuidado con él y que intentaría golpear, como así fue, en otros teatros de operaciones hasta el final de la guerra,

Sin duda se habían enfrentado dos magníficas infanterías. Es muy conocida y reveladora aquella anécdota de un corresponsal de guerra alemán que entrevistó al final de la batalla, a un general español del bando nacional: “Hoy he visto luchar a la mejor infantería del mundo” aseveró el periodista germano. “Si claro”, contestó el militar hispano, “la del ejército Nacional, aunque después para usted vendrá la Wehrmacht”. “Se equivoca general”,replico el periodista alemán, “después de la de ustedes, la otra, la del ejercito de la república, las dos mejores infanterías del mundo”.

Daniel Regalado fue uno de los once jefes de la Legión que murieron al frente de sus unidades en la guerra española- Y cuando les llegó la hora, lo hicieron con heroica decisión y generosidad, con el nombre de España en sus labios y llevándose en sus ojos la imagen de la gloriosa Bandera Roja y Gualda de la Patria, que les sirvió de mortaja y de homenaje eterno.

Bibliografía:

Monografías de la Guerra de España. Nº7. La Ofensiva sobre Segovia y la Batalla de Brunete. Coronel de Artillería José Manuel Martínez Bande. Servicio Histórico Militar. Editorial San Martin. Madrid 1972.

Brunete. General de Caballería Rafael Casas de la Vega. Biblioteca Universal Caralt. Luis de Caralt Editor. Barcelona 1976.

Daniel Regalado. Su destino: Vencer o Morir. José Luis Sáenz. Vassallo de Mumbert Editor. Graficas Peñalara. Madrid 1984.

Operaciones Militares de la Guerra de España 1936-1939. Luis María de Lojendio. Montaner y Simón S.A. Barcelona 1940.