En la fotografía que inmortalizó la ceremonia de entrega de Madrid por parte del mando frentepopulista al nacional el 28 de marzo de 1939 en la Ciudad Universitaria, sólo hay una persona que no viste de uniforme; y en el que nadie se fija porque todas las miradas se centran en los militares protagonistas de tan señalado momento histórico: el Col. Eduardo Losas, de parte de los nacionales, y Col. Adolfo Prada, de los frentepopulistas. Pues bien, dicho "civil" fue artífice esencial de tal entrega y muñidor fundamental de los pasos que llevaron a ella y... además era militar: el comandante médico Diego Medina Garijo.

 

Natural de Archidona (Málaga). Médico militar, el inicio de la contienda 1936-39 le cogió en Madrid formando parte, como capitán, de la escolta del presidente de la República, Manuel Azaña; de la que también era miembro el por entonces teniente coronel Segismundo Casado, dato que hay que retener.

 

Diego Medina optó por quedarse para ayudar a la causa nacional en lugar tan difícil y peligroso como fue el bando contrario. El 20 de julio de 1936 intervino decididamente en la evacuación de los supervivientes del Cuartel de la Montaña, peligrosísima labor por tener que arrebatárselos a las turbas enfurecidas.

 

Ascendido a comandante en octubre de tal año, comenzó a colaborar con la Quinta Columna en abril de 1937 a las órdenes de Fernando Ruiz Gálvez, enlace de los jefes falangistas de la misma Luis Serrano Novo y Manuel Valdés Larrañaga.

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Como director del Hospital de Gaseados de Madrid protegió al capellán castrense P. Luis Foncillas colocándole de secretario suyo; también a múltiples familiares de militares perseguidos, como fue el caso de una hermana del aviador Alejandro Mas Ganiende y de la hija del General Intendente y académico de la Historia Ángel Altolaguirre Duvale.

 

Desde la Jefatura de Sanidad de la Primera División Orgánica de Madrid contribuyó a la creación del clandestino Socorro Blanco quintacolumnista organizado para ayudar “a los compañeros separados de servicio y a los huérfanos y viudas”. Como presidente del Tribunal Médico de los remplazos del 1920 y 21, dio por inútiles totales o parciales a todos los reclutas adictos a la causa nacional. Asimismo expidió numerosos diagnósticos y bajas médicas falsas y alargó estancias en los hospitales evitando que muchos jóvenes fueran al frente, salvando así numerosas vidas.

 

Cuando en Octubre de 1938 el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) nacional supo por fuentes fidedignas que el Col. Segismundo Casado había decidido poner fin a la guerra y dar un golpe contra Negrín y los comunistas, se ordenó a Diego Medina que utilizara la amistad que le unía a Casado de cuando ambos formaban parte de la escolta de Azaña para ser trasladado al Estado Mayor y ocupar el puesto de médico personal del mismo, lo que logró en noviembre de dicho año.

 

Aprovechando el impacto que supuso la liberación de Barcelona el 26 de enero de 1939, el SIPM ordenó a Medina la misión de su vida: el 1 de febrero el comandante médico se descubría ante Casado y le confesaba no sólo su intensa labor como quintacolumnista, sino también el conocimiento que tenían los nacionales de su decisión de encabezar un golpe contra Negrín y, más aún, le comunicó las garantías que otorgaría Franco a los militares que depusieran las armas y no tuvieran delitos de sangre, proponiéndole establecer relación directa con los agentes del SIPM en Madrid a los efectos oportunos. Es difícil hacerse hoy día una idea de la intensidad que debió envolver aquella escena; que además muy bien pudo costarle la vida a Medina si, al contrario de lo que ocurrió, Casado no hubiera aceptado la propuesta.

 

Todavía más. Medina intermedió para que Casado se viera con Julián Besteiro, el líder socialista partidario también de zanjar la guerra. La entrevista se produjo el día 3 en el domicilio de este último, quedando ambos totalmente de acuerdo en actuar al unísono y, mejor aún, en contacto con el SIPM. Aprovechando tan resonante éxito, el SIPM decidió arriesgarlo todo y el 5 de febrero los Tte.s Col.s Centaño y Guitián se presentaban en el despacho de Casado, en la Posición Jaca, descubriéndose como los jefes que eran del SIPM en Madrid, quedando todo preparado para facilitar el fin de la guerra. Lo que vino después ya lo conocemos.

 

La presencia de Medina en la ceremonia de entrega de la capital fue el único homenaje a su arriesgadísima y encomiable labor, ya que este gran español y patriota nunca reclamó después honor ni reconocimiento alguno.