Señores obispos y sacerdotes:

Si la tarea de un católico es ayudar en el plan que Nuestro Señor tiene para la Salvación de las almas, bien está conocer las ideologías que pueden llevar a muchos católicos al Infierno por darle su apoyo en las votaciones a los grupos de presión que las defienden (la mayor parte de las veces por desconocimiento, que no por maldad)

Hace unos días envié este correo a 3 medios de comunicación, uno de ellos marcadamente liberal conservador, Libertad Digital, bastante corrompido por esa ideología, por desgracia, otro, Intereconomía, con grave peligro de verse arrastrado por tal engaño (y que a pesar de su nombre, trata más la historia, con excelentes profesionales, como don Fernando Paz y don Javier Esparza, que el propio análisis económico, incomprensible para el común de los mortales sin conocimientos matemáticos avanzados, como también es incomprensible la física cuántica por poner un solo ejemplo), y un medio aún sano, www.elcorreodemadrid.com., Dios quiera que así siga estando, bajo la dirección del excelente profesional don Eduardo García Serrano. El correo decía lo siguiente:

Son ustedes valientes, pero hasta cierto punto. Parece ser que todos ustedes (Radio María, Hispanidad Católica y otros medios católicos aparte), a diferencia de la inmensa mayoría de los demás medios, que son subvencionados (por poderes públicos y privados) marxistas en su totalidad: socialdemócratas, progresistas, izquierdistas, socialistas y comunistas, muestran una clara inclinación hacia los partidos de derechas, es decir, liberal conservadores. Pues bien. Conviene aclarar, en primer lugar, lo que dichas opciones derechistas han venido defendiendo y defienden en la actualidad, así como lo que han llevado a cabo.

El liberalismo suele hacer alusión a la ideología que, durante el siglo XVIII, logró la implantación de los modernos estados en los que el poder pasó de la Monarquía hereditaria absoluta, a unos parlamentos cuya composición varió según la nación, pero que otorgó la preeminencia a los mercaderes y hombres de negocios sobre la nobleza. El liberalismo primitivo ya venía fraguándose en primer lugar desde el siglo XVI en España, al constatarse un par de fenómenos económicos que no tenían precedentes en toda la historia: el primero, la globalización del comercio, limitado inicialmente a la madre patria (mercantilismo), con el Nuevo Mundo (mucho más intensa que la que en etapas históricas previas se dio, con largos períodos de interrupción, con imperios y naciones orientales, especialmente China), y el segundo, el fuerte y rápido aumento de los precios provocada por las remesas de oro y plata que llegaban a los puertos españoles procedentes de ese Nuevo Mundo, de América (este acontecimiento de inflación acelerada, que luego se contagió al resto de Europa, fue el origen de uno de los hallazgos más importantes de la teoría económica, la teoría cuantitativa del dinero MV = PY, cuya autoría se debe, en primer lugar, a la Escuela de Salamanca española, aunque hoy se niegue desde el extranjero, atribuyendo dicha formulación al monetarismo de M. Friedman). Y ya en el siglo XVII, en Inglaterra, Oliver Cromwell, el hereje puritano, implantó un parlamento que habría de suceder en adelante al absolutismo del monarca decapitado por él. Ese mismo puritanismo, huyendo posteriormente de la venganza de los monárquicos ingleses, extendería la semilla del liberalismo en USA tras la llegada allí del Mayflower en la década de los cuarenta de ese siglo, aunque en este caso, el de USA, el liberalismo obedeció más a la espontaneidad propia de un país colonizado por los pobres llegados de Europa que tomaban tanta tierra y ganado como podían controlar, extendiéndose hacia el oeste y vendiendo su excedente en mercados que ninguna autoridad controlaba salvo en cuestiones de orden y respeto a la ley, muy poco intervencionista (y así, con ese capitalismo salvaje, lograron forjar la nación más rica y militarmente más poderosa, que no la más cristiana, que aún son hoy a pesar de los socialdemócratas y de los keynesianos). 

El liberalismo ha elevado al mercader, empresario, emprendedor o capitalista a la misma categoría que los que somos católicos atribuimos a un santo, como las almas consagradas que tanto bien han hecho y hacen en el mundo. Es decir, el liberalismo es materialista, atribuye la felicidad a la mera posesión de dinero, propiedades y riquezas físicas. Idolatra la figura del empresario como el marxista, con toda falsedad e hipocresía, la del proletario. Atribuyen toda la riqueza a una obra, en exclusiva, del empresario, del mismo modo que los marxistas la atribuyen al proletariado en exclusiva. Trata de justificar sus fundamentos teóricos en un protestantismo calvinista hereje y blasfemo que solo salva al rico, al que considera en exclusiva, predestinado a la salvación. Hasta tal punto que llegan a no tener escrúpulo alguno de tipo moral para hacer dinero (recurren a destilar alcohol, al tabaco, al opio, a la prostitución en locales de ocio, al juego de todo tipo, a la piratería, al contrabando, al crimen a sueldo, etc.) y a afirmar que el mundo protestante es más próspero que el católico (doctrina Weber, falsa totalmente si consideramos que el sur de Alemania, Austria y el Norte de Italia, así como buena parte del resto de Europa occidental, USA y Canadá, es católica). Esta incoherencia con la Biblia, y en especial con los Sagrados Evangelios, en los que el propio Jesucristo, pobre y virgen, se nos muestra revelando no tener lugar donde apoyar la cabeza y acompañado de sus discípulos que lo han dejado todo para seguirle, en los que apenas habla bien de los ricos a los que invita incluso a seguirle vendiéndolo todo, a los que despachará sin nada, etc., hace incómoda y desasosegada, para todo buen liberal, la vida, pues inevitablemente llegan a la conclusión que no están en coherencia con una vida verdaderamente productiva y enriquecedora de acuerdo con la Santísima Voluntad de Dios. Llegados a ese punto, acaban siendo ateos, a rechazar, relegar y olvidar a Jesucristo Nuestro Señor, Dios Verdadero, e incluso a ridiculizarlo a Él, a la Bienaventurada y Siempre Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a los santos y santas, a los arcángeles y los ángeles, y a todos los católicos, pretendiendo de modo completamente vano y suicida que ellos tienen la "libertad de elección", el "poder o derecho de decidir y elegir sobre sus vidas". ¿Se dan ustedes cuenta del tremendo disparate de arrogancia, soberbia y vanidad que encierra este pensamiento propio de los liberales? Ningún hombre, salvo el propio Jesucristo, ha decidido el día, la hora y el lugar de su nacimiento. Ningún hombre, salvo el propio Jesucristo, ha elegido a su padre y a su madre, a sus hermanos y hermanas, a sus amigos, a su esposa (esposo en el caso de ellas), a sus hijos e hijas en este mundo. Ningún hombre elige la enfermedad y las dolencias, aunque solo Dios puede curarlas cuando ni la medicina puede. Ningún hombre, salvo Jesucristo, debería (y de hecho, la inmensa mayoría no lo hace) elegir el momento preciso en el que termina su peregrinación por este mundo y ha de presentarse ante Dios, para que Él, aplicando su Infinita Misericordia o su Perfecta Justicia, destine su alma a una Vida Eterna de gozo en el Cielo o la condene irremisiblemente a la tortura incesante del Infierno de modo temporal o eterno en compañía del demonio.

El liberalismo se apoya en el análisis económico (Macroeconomía y Microeconomía), que es una ciencia no exacta, probabilista, muy complicada y llena de ideas contra-intuitivas, aunque muy útil para la mejora de la vida en términos materiales, para dar de comer al hambriento y de beber al sediento, aunque puede hacerse también un uso satánico de la misma. Pero el liberal hace uso de la ciencia, no para mejorar la vida de los demás, sino para tratar de "justificar" con todo tipo de engaños su proceder profundamente irresponsable, anticristiano y egocéntrico. Suele, el liberal, acabar acomodándose, convirtiéndose en un conservador. Por eso, los intereses liberales y conservadores, la larga, acaban coincidiendo, y por eso los partidos de derechas les defienden como grupos de presión que son. Y al acomodarse, eso de velar porque no sabemos ni el día ni la hora en la que el dueño de la casa vendrá, es sustituido por el proceder del hombre rico que, siendo su cosecha abundante, construye grandes almacenes para su grano y se da al ocio, al descanso, a la comida copiosa, la bebida y las fiestas, cual opulón sin importarle en absoluto el desamparado Lázaro, que bien podría ser Aquél del que acabarán oyendo cuando ya no tenga remedio, aquello de "por todo cuanto hicisteis por uno de estos más pequeños, a Mí me lo hicisteis". Pero, claro, ellos son ateos, creen irresponsablemente que tal cosa no sucederá jamás, que todo acaba con la muerte y que "nos quiten lo bailao".

Los liberal conservadores ingleses expulsaron de sus tierras a millones de agricultores con las enclosures, mitigando el malestar correspondiente por medio de una industria en ciernes (no tan salvajemente "explotadoras" como los marxistas sostienen aún hoy) y, sobre todo, mediante la emigración a USA fundamentalmente. Pero en España, y después de la catastrófica invasión napoleónica, que entre otras muchas calamidades, sangre, muerte, destrucciones y saqueos, trajo la masonería y el jacobinismo, tan liberales ellos, la hacienda real quedó tan arruinada que los liberales, entonces con Fernando VII, no pudieron hacer más daño a nuestra querida patria que recurrir primero a las tierras de América para recaudar impuestos. Y, como los criollos, ya tentados por la masonería inglesa, eran corruptos y tiranos, pero no tontos, hicieron lo que los de Washington en Boston y lo que en otras muchas latitudes y momentos históricos se ha hecho para evitar ser saqueados con impuestos (robo siempre y en todo lugar), sublevarse y lograr dejarnos sin las provincias españolas de América. Primera catástrofe liberal. No contentos con ello, y ya muerto el infame rey borbón citado, lanzaron una sangrienta guerra contra los tradicionalistas católicos carlistas, persiguiendo a almas consagradas, destruyendo templos, iglesias, patrimonio artístico católico y llegando incluso a afirmar que los frailes envenenaban las aguas (hay que ser hijo de satanás, pero esto poco se recuerda hoy). Y lo que más daño hizo a largo plazo a nuestra querida patria, lo más satánico, fue que engañaron a millones de labradores pobres, especialmente del sur, para requisar, que no expropiar, las tierras de la Iglesia Católica que trabajaban sin apenas rendir el diezmo a los obispados y vendiendo su excedentes en ferias locales, en un proceso que se denominó la "desamortización de Mendizábal" y cuyos perpetradores justificaban falsamente para supuestamente poner dichas tierras en manos de los que las trabajaban, los propios labradores engañados, cuando en realidad las vendieron, dadas las necesidades del estado liberal, a quienes podían pagar por ellas, los ricos y poderosos, que pasaron a convertirse en terratenientes de latifundios en los que los pobres labradores pasaron a ser asalariados jornaleros sin ni siquiera casa propia y en unas condiciones mucho peores que las previas bajo usufructo de la propiedad eclesiástica. Este salvaje saqueo, junto con el que años más tarde perpetraría Madoz, sembraron la cizaña que estallaría en Cruzada un siglo después. Y es que los atentados contra Dios Nuestro Señor y su Santa Iglesia se pagan por generaciones (y si no miren, por no ir más lejos, lo que pasó tras la desgracia de 1312 con la abolición del ejército católico, las órdenes templarias, por parte del papa cobarde Clemente V, con todo tipo de mentiras satánicas y falsas acusaciones).

Los liberal conservadores han llevado a cabo, en todo lugar donde han alcanzado el poder, una labor favorable únicamente a sus intereses mercantiles, con una dudosa contribución a la generación de riqueza real, como sí se ha constatado en los regímenes católicos de toda la historia. Han puesto trabas a la libre competencia industrial, han generado oligopolios e incluso monopolios, que han sido letales para millones de consumidores. A ellos, más que a nadie, se debe la política tributaria, que luego, ya en pleno siglo XX, los marxistas, se encargarían de llevar al extremo y a la práctica confiscación de la legítima propiedad, especialmente la de los más pobres (no digamos ya en los países en los que se implantó la versión más radical del marxismo, el comunismo). Los liberales conservadores han llevado a cabo procesos intensos de privatización según las exigencias de las ruinosas haciendas públicas, al mismo estilo que las citadas desamortizaciones del siglo XIX en España, que solo hicieron propietarios a los que ya eran ricos. Para los liberal conservadores todo vale para ganar dinero. Un liberal conservador siempre defenderá el tabaco, el alcohol y las drogas porque "dan trabajo a muchas personas", aunque esos "beneficios" sean nada en comparación de las calamidades ilimitadas que acarrean tales consumos totalmente anticristianos, contranaturales, mortales y superfluos. Un liberal conservador no tiene moral, y mucho menos católica. Su relativismo moral es completo y letal, y no le preocupa otra cosa que obtener una rebaja keynesiana y democrática cortoplacista (4 años a lo sumo y sin ninguna consideración de la llamada equivalencia ricardiana cuyas consecuencias sufriremos en un futuro tal vez no muy lejano) de impuestos (las cuestiones morales como el aborto, la eutanasia, el divorcio, la corrupción empresarial, la financiación de medios de comunicación marxistas con su publicidad millonaria, la persecución de la Iglesia Católica y sus miembros, etc., no les interesa en absoluto, salvo para hacer negocio, ¿un abogado liberal conservador va a dejar de tramitar divorcios? Ni de coña. ¿Una clínica satánica va a cerrar por consideraciones morales católicas? ...). Quieren gasto público a conveniencia en ejército, policía, jueces, infraestructuras, equipamiento público, leyes y orden, pero  ponen el grito en el cielo ante el subsidio de desempleo o la luz subvencionada a parados (que están mal, todo sea dicho), cuando callan como putas las multimillonarias subvenciones y contratos públicos concedidos arbitrariamente (esto es sencillamente infernal y satánico a más no poder, por colar el mosquito y tragar el camello) de las que vive el 90% de los empresarios actuales (miren si quieren la estructura actual de los más de 3,2 millones de empresas en España). Incluso justifican sus supuestas ideas apoyándose en lo que escribió en el siglo XVIII un excelente economista que en el mundo anglosajón citan como precursor (no lo es en realidad) de la economía moderna, Adam Smith, en su famosa cita de "la mano invisible", "mecanismo" que conduce al empresario, sin haberlo previsto, a promover el bien de toda la sociedad buscando su propio beneficio (a Adam Smith se le atribuyen grandes aportaciones, como la división del trabajo, fundamento de la mayor productividad, su oposición acertada al mercantilismo y una aproximación a la teoría del valor, con la digresión entre valor de uso y valor de cambio, pero en su tiempo no existían apenas la droga, el crimen organizado, el tráfico de personas, etc., que hoy le habrían hecho reconsiderar mucho esa famosa cita, así como otras en favor de cierta intervención pública en su "An inquire into the nature and causes of wealth of nations" de 1776).

Los liberal conservadores son dudosos defensores de la liberalización real del mercado de trabajo (si se liberalizara el mercado de trabajo con plena libertad de negociación individual en base a productividad frente a la negociación colectiva dictatorial y terrorista de sindicatos y patronales, miles de empresas se irían a la ruina, incluso las multinacionales del IBEX 35, que funcionan como oligopolios, porque no podrían soportar la libre competencia de nuevos entrantes que pagasen salarios más bajos que parados de larga duración sí estarían dispuestos a aceptar transitoriamente, hasta encontrar mejores oportunidades, antes que morir de hambre o dedicarse a actividades ilegales, como el narcotráfico o el crimen organizado), porque a ellos el paro y la pobreza no les afectaLos liberal conservadores no están interesados en liquidar ordenadamente de una vez esa estafa piramidal, letal para el crecimiento económico, para la paz, para la estabilidad financiera, para el ahorro y, lo peor, de chantaje intergeneracional y saqueo continuo y liberticida de la llamada seguridad social, y todo ello porque ellos no suelen tener problemas de supervivencia en su vejez (y además no quieren renunciar a su pensión pública, aunque no les haga tanta falta). Y, desde luego, no están interesados en acabar con la corrupción, de la que tanto beneficio sacan junto a sus supuestos oponentes socialistas y comunistas. Tratan de engañar electoralmente a la gente que, incauta, aún cree en la democracia (como si fuera un "dios" al que hay que idolatrar), en base a cifras de empleo que esconden una dualidad laboral, una histéresis acentuada  y unos privilegios que solo se puede dar en un país con un mercado de trabajo muy rígido, que impide el libre albedrío, no solo al parado y al trabajador, sino al inversor, al emprendedor y al innovador. Para los liberal conservadores el dinero y la "economía" lo es todo. Pero los liberal conservadores, a pesar de que fingen oponerse a los socialdemócratas, socialistas y comunistas, en realidad "pactan" de uno u otro modo una especie de respeto mutuo con ellos. Se tapan sus corrupciones. Los liberal conservadores, buena parte propietarios y accionistas de empresas, emplean a los rojos en sus empresas, que además de ser sus empleados, son su clientela (de ahí la relatividad moral repugnante que exhiben las empresas en su publicidad, mayoritariamente hostil a Jesucristo Nuestro Señor y sus enseñanzas). Pretender que liberal conservadores están realmente enfrentados a los marxistas es como fingir en una clase de historia, en cualquier lugar del mundo, que Churchill y Roosevelt no son cómplices del mayor imperio ateo y anticristiano de muerte, terror, hambre, sangre, destrucción de la humanidad y contranatural de la historia de la humanidad, la URSS, que no son cómplices de la mentira sin límite alguno "justificadora" del injustificable comunismo (la de los judíos asesinados por los comisarios comunistas soviéticos del ejército rojo y achacados a los nazis. Esto si que es "negacionismo" como dicen ahora los comunistas modernos enriquecidos y enloquecidos), que no son cómplices de satanás extendiendo su poder por el mundo, de los errores de Rusia por el mundo. Y, por supuesto, mientras que los rojos o marxistas, bien sean comunistas, socialistas, socialdemócratas o izquierdistas, odian furiosamente a Dios Nuestro Señor y a su Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la de San Pedro, persiguen a los católicos asesinándolos incluso, odian la verdad, odian la propiedad legítima, odian la familia, odian la vida, odian la naturaleza creada por Dios, odian la historia, odian la patria, odian el matrimonio y la maternidad, odian la paz, odian el libre albedrío y solo sirven y argumentan como lo haría la serpiente infernal, los liberal conservadores no son remedio contra ellos, no son sus opuestos ni lo pueden ser, pues viven de ellos. Los liberal conservadores son materialistas, ególatras, relativistas morales, siervos del dinero y del becerro de oro y, como consecuencia de todo ello, enemigos de Dios, como también lo fue Judas Iscariote y Caifás. Y esto le duela a quién le duela. No se puede ser católico y liberal conservador o demócrata a la vez. O lo uno o lo otro. No hay compatibilidad posible. O se sirve a Dios o al dinero. Con Cristo o contra Él. No se puede poner en el mismo lugar, frente a Dios, a Franco, Hitler, Mussolini, FET de las JONS, tradicionalistas, NSDAP, fascistas y demás extremas derechas, que a Lenin, Stalin, Churchill, Roosevelt, De Gaulle, y demás demócratas, marxistas y liberal conservadores de todo momento histórico con arreglo al fruto que han dado. ¿Lo niegan? Pues que Dios les perdone.

Hugo Rodríguez Pacios