Detalle de una reproducción del mapa de Juan de la Cosa (1500), primer mapa que muestra el continente americano. Cuba aparece a la izquierda, España a la derecha, y las Islas Británicas en la esquina superior derecha. El continente americano se muestra en verde, con banderas de Castilla en la costa de Venezuela (que Juan de la Cosa había visto), y banderas de Inglaterra en la costa de Norteamérica (por los viajes de John Cabot de 1497). La primera línea del Tratado de Tordesillas aparece vertical.

Casi todo el mundo, en España o fuera, conoce la historia del descubrimiento de América en 1492, y tiene esa imagen en su cabeza de las tres carabelas acercándose a la islita de San Salvador, en las Bahamas (llamada entonces por los locales Guanahaní, y hoy Watling). Sin embargo, hoy, tras más de 500 años desde la muerte de Cristóbal Colón, la historia del hombre que convenció a la reina Isabel de Castilla para que pagara por su viaje está rodeada de misterio. De hecho, sabemos poco con seguridad de sus orígenes y educación. Génova, en Italia, suele citarse como su lugar de nacimiento, pero se han propuesto alternativas de cuando en cuando, y la costumbre de traducir los nombres a cada idioma local hace la investigación más difícil: Se llamó a sí mismo Colombo en Italia, Colom en Portugal y Colón en España. Su biografía comprobada empieza realmente al instalarse en Portugal, en 1478, casándose con Felipa Perestrello, hija y hermana de gobernadores en Porto Santo, Madeira, en mitad del Atlántico. Esa cercanía familiar con mapas, historias e información, debió marcar el comienzo de su plan. Y una cosa estaba clara: Colón no quería ir de vacaciones a las Bahamas, sino llegar a Asia… y murió creyendo, tras cuatro viajes y penalidades sin fin, que había llegado realmente a Asia. Tomó a la isla de Cuba por “Cipangu” (Japón), e, ignorando la realidad ya conocida, España siguió llamando “las Indias” durante siglos a las Américas, como todavía llamamos “indios” a los nativos de las Américas…

Rafael Monleón y Torres: Las tres carabelas. Museo Naval de Madrid

El juego geopolítico del siglo XV era el comercio de especias. Es difícil para nosotros pensar hoy que las especias pudieran ser tan valiosas, pero la verdad es que, en un mundo sin refrigeración, el único modo de comer carne después de unos días era añadir especias al cocinarla, para disimular su desagradable sabor a podrido. Y hasta 1453, durante mil años, el Imperio Bizantino había sido un socio fiable de Occidente para importar especias de Oriente. La caída de Constantinopla ante los turcos aquel año forzó a los europeos a pagar mucho más por las especias, porque debían usar a los comerciantes árabes del puerto egipcio de Alejandría. Así, la nación más avanzada en el arte de la navegación de la época, Portugal, aceleró sus esfuerzos para circumnavegar África y llegar a Oriente. En 1415 Portugal ya había tomado Ceuta, al otro lado del estrecho de Gibraltar, en lo que era una simple continuación de los reinos ibéricos recuperando de los musulmanes antiguas tierras visigodas. (Por cierto, esto muestra la debilidad de la reclamación de Marruecos contra la presencia española en Ceuta: La ciudad pasó a España al unirse los dos reinos ibéricos en el siglo XVI, así que Ceuta nunca formó parte de ningún Marruecos, sino que fue “reconquistada” ¡77 años antes que Granada!... Quizás Marruecos quiera también reclamar Granada…)

El príncipe Henrique “el Navegante” organizó una escuela multidisciplinar en Sagres, en el sur de Portugal, incluyendo cartógrafos mallorquines, y lanzó un gran programa de exploraciones africanas. Alimentado por la búsqueda de oro y esclavos, su progreso espectacular representaba un enorme esfuerzo para una nación tan pequeña. Desarrollando instrumentos de navegación, y nuevos diseños de barcos para la navegación oceánica, como la carabela, se descubrió Madeira en 1418; las Azores en 1427; Gil Eanes llegó al Cabo Bojador en 1434; Nuno Tristão a Cabo Blanco en 1441; Dinis Dias a Cabo Verde en 1444; Fernão Gomes a Ghana en 1471 (donde se construyó el primer asentamiento europeo en África, Elmina, en 1482); Fernão do Pó dio nombre al Camerún en 1472 (“costa de los camarones”); Diogo Cão estaba en la desembocadura de un enorme río (y oyó hablar de un gran reino más allá, el Kongo) ya en 1482; y finalmente, Bartolomeu Dias dobló y nombró al Cabo de Buena Esperanza en 1487, permitiendo el viaje de Vasco da Gama hasta Calicut (la Calcuta de hoy en día) en 1498… ¡No cabe duda de que desplegaron una febril actividad!

El rey de Portugal, Afonso V, se sintió obligado en 1455 a buscar protección para los derechos de comercio de Portugal del único poder supranacional que existía entonces, una especie de “Naciones Unidas” de hoy, o por lo menos aceptado por las naciones cristianas: El Papado. La bula papal Romanus Pontifex, del Papa Nicolás V, aquel año, confirmó el dominio portugués de todas las tierras descubiertas o conquistadas, animando su esfuerzo contra los “enemigos de Cristo”, y prohibiendo a otras naciones cristianas infringir los derechos portugueses. La bula estaba dirigida sobre todo a árabes y venecianos, las dos partes más afectadas por los esfuerzos de Portugal para abrir el comercio de especias. Las cosas se enredaron entonces entre España y Portugal, a la muerte de Enrique IV de Castilla, en 1474. Su hermana Isabel estaba casada con Fernando II de Aragón (uniendo así España como los “Reyes Católicos”), y su hija Juana con Afonso V de Portugal. Se declaró una guerra por la sucesión, y la ganó Isabel. En el Tratado de Alcaçovas en 1479, además de la declaración de paz, se reconocieron para Portugal todas las posesiones existentes en el Atlántico incluyendo Madeira, Azores, Cabo Verde, y Guinea, y para Castilla las Islas Canarias. Una bula papal de 1481 hizo el trato aún más claro, concediendo a Portugal todas las tierras al sur de las Canarias.

Casas de Tordesillas, dónde muy probablemente se firmó el Tratado del mismo nombre el 7 de junio de 1494

Portugal estaba pues a punto de ser la potencia atlántica dominante, y con razón, considerando su enorme programa de exploración marítima. Y entonces, el rey João II cometió un error crucial en 1484, al rechazar la solicitud de Colón para navegar directo hacia el oeste, y alrededor del mundo, hasta la India. Ante su negativa, como es lógico, Colón hizo su petición a los Reyes Católicos, en el reino de al lado. Gobernaban juntos, pero atendían los negocios de sus reinos separadamente, así que ésta era decisión de Isabel. Sus conversaciones no están bien documentadas, pero su primera pregunta a Colón debió ser algo así: “¿Por qué le han rechazado a usted en Portugal?... ¡Ellos saben más de estas cosas que nosotros!”. Ninguna de las respuestas probables suena convincente: Tres barcos para un viaje de tres meses no parecen excesivos para los medios de Portugal. Y cualquier “evidencia” que Colón pudiera haber obtenido en Portugal sería conocida también para el rey João. Portugal era un hervidero de “evidencias”: Una todavía asombra hoy a los turistas que pasean por la Avenida da Liberdade, en el centro de Lisboa, cuando ven escrito en claras letras de mosaico en la acera: “João Vaz Corte-Real, Descobridor da America, 1473”…

¿En serio? Bueno, no... pero la falta de pruebas que apoyen esa afirmación no impide que los niños portugueses la aprendan en las escuelas. De un modo u otro, Portugal ha debido sentir siempre que se perdieron un descubrimiento que debió ser suyo. Corte-Real, y sus hijos, Gaspar y Miguel (como João Fernandes, el “Labrador” que dio nombre a la península canadiense), eran residentes de la Isla Terceira, en las Azores, un centro de descubrimientos marítimos de la época. Por desgracia, todos sus viajes documentados están fechados unos años después del primer viaje de Colón. No es difícil imaginar que los portugueses habían estado ya “al otro lado”, pero su gobierno pudo querer mantenerlo secreto por un tiempo, y el éxito de Colón les cogió por sorpresa. Pescadores del norte de Europa habían navegado el Atlántico Norte durante siglos. Se han descubierto restos de pinazas vascas en una estación ballenera del siglo XIII en Labrador. Era sabido, ciertamente por los portugueses, que el bacalao era abundante (como ahora) en aguas de Terranova. Y si uno traza líneas de igual distancia de navegación a vela, desde Lisboa, la línea directa hacia el oeste es relativamente corta (los alisios están en tu contra), y también es corta si vas directo hacia el sur (en algunos puntos del Golfo de Guinea, vientos y corrientes paran el barco). La línea más larga, la más eficiente, es la diagonal al suroeste, a la costa noreste del Brasil. Con esta evidencia circunstancial tenemos que preguntarnos: “¿Habían descubierto América los portugueses, y no lo dijeron? Los sucesos que siguieron apuntan a una respuesta afirmativa.

 

Cuando la reina Isabel, al igual que el rey Afonso de Portugal había hecho, pidió al Papado protección para los derechos de Castilla en 1493, el papa (nacido español, un Borgia) Alejandro VI, trazó un meridiano 100 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde (ya portuguesas). En el Tratado de Todesillas, todas las tierras descubiertas al oeste de esa línea se declararon como pertenecientes a España, y las del este, a Portugal. Esa línea habría impedido la exploración portuguesa en cualquier sitio de Suramérica. Pero además, en 1498, Vasco da Gama había llegado a Calcuta, y el año siguiente Vicente Yáñez Pinzón, siguiendo la costa desde Venezuela, exploró la Guayana y la costa de Brasil hasta Pernambuco (el descubrimiento de Brasil, tradicionalmente atribuido al portugués Pedro Álvares Cabral, en 1500, es incorrecto, aparte el hecho de que Cabral se perdió y tomó rumbo a Brasil por error en un viaje a India, viaje que continuó…). ¿Por qué entonces no estaría contento el rey João II con el primer Tratado de Tordesillas? Uno pensaría que Portugal tenía suficiente territorio para explorar, con África y la India. Pero el hecho es que Portugal forzó una renegociación, y en 1503, el nuevo papa Julio II movió la línea 270 leguas más al oeste. Ahora el este de Brasil podía ser reclamado por Portugal. ¿Había hecho valer así Portugal sus derechos al descubrimiento de América?

Colón no salió del puerto de Palos, en el sur de España, en su primer viaje del descubrimiento. Primero fue a las Islas Canarias, así que su singladura hacia lo desconocido sucedió en realidad desde San Sebastián de la Gomera. ¿Y por qué fue Colón precisamente a Gomera? ¿Para cargar agua o reavituallarse, o para establecer que lo que descubriera no estaría al sur y por tanto no pertenecería a Portugal?... ¿O fue por sexo? La bella Beatriz de Bobadilla y Ossorio era gobernadora de la isla de Gomera. ¿Qué?... Beatriz era una de las bellezas de la corte castellana, y se rumorearon relaciones amorosas suyas con varios notables del reino (quizás incluyendo al mismo rey Fernando), y sí… con Colón también. Isabel decidió entonces casarla con Hernán de Peraza, gobernador de Gomera, y así la envió a la posesión más lejana de su reino. Peraza murió en 1488, y Beatriz tomó su puesto, desarrollando muy mal carácter, y una reputación siniestra y cruel. La llegada de Colón, aunque breve, debe haber sido bienvenida. ¿Qué necesita un hombre cuando está a punto de enfrentarse con monstruos marinos al borde del fin del mundo?

 

No solo fue América descubierta por accidente, ya que Colón pretendía llegar a la India, sino que durante siglos América fue un obstáculo que los europeos trataron de evitar, bien por la larga ruta del sur, rodeando el peligroso Cabo de Hornos, o atascándose desesperadamente en las nieblas y hielos de la ruta norte, en la Bahía de Baffin. En 1522, un marinero vasco, Juan Sebastián Elcano, completó el viaje empezado por Fernão de Magalhães, volviendo a España en lo que resultó ser el primer viaje alrededor del mundo. Las 80 toneladas de especias que llevaba en la “Victoria”, único barco superviviente de los cinco iniciales, sobraron para pagar el coste total de la expedición. El viaje no pretendía dar la vuelta al mundo, sino probar los límites de la influencia portuguesa en el Sureste asiático, de ahí la irónica elección de Magallanes, un portugués, como comandante bajo bandera castellana. Se trataba de establecer la posición del “contrameridiano” de Tordesillas en el Pacífico, esperando que las Filipinas y las Molucas cayeran del lado de Castilla. La disputa se cerró finalmente en 1529 con el Tratado de Zaragoza, y el pago de 350,000 ducados de oro por Portugal al emperador Carlos. Miguel López de Legazpi alcanzó Cebú, en Filipinas, en 1565, y empezó la colonización. La expedición de Ruy López de Villalobos, en 1542, había nombrado a las islas por el príncipe Felipe (futuro Felipe II), confirmando la reivindicación de España a los límites de su imperio. Primero, llamaron a Leyte “Filipina”, y el nombre se extendió luego a las “Islas de San Lázaro”, llamadas así por Magallanes. Legazpi fundó Manila como su capital, a orillas del río Pasig, en la costa occidental de la isla de Luzón, para facilitar su acceso a China. La idea era usar Filipinas como tampolín para evangelizar China, igual que se había usado Cuba como trampolín hacia Méjico. En 1580, Felipe II unió los reinos de Portugal y España (unión que duraría hasta 1640) y poco después abandonó la idea de la “empresa de China”.

Otras potencias europeas atacaron establecimientos ibéricos en la zona, culminando con la caída del asentamiento portugués en Malaca, a manos de los holandeses en 1641. Sin embargo, a pesar de varias incursiones, muchos historiadores han llamado al Pacífico del siglo XVII el “Lago Español”. Entre 1565 y 1815 (¡250 años!), España operó a su través la ruta comercial de mayor duración de la historia de la humanidad, conocida como el “Galeón de Manila”… El comercio entre Filipinas y Nueva España (hoy Méjico), comenzó con la vuelta del “San Pablo” al puerto de Acapulco, llevando una carga de canela, al mando del nieto de Legazpi, Felipe de Salcedo, y con un monje agustino a bordo, Andrés de Urdaneta, veterano de viajes a las Molucas, que se embarcó con Legazpi como piloto y guía. Sus órdenes eran encontrar el “tornaviaje”, la ruta más segura y rápida para cruzar lo que ya se sabía era un océano enorme, con una carga muy valiosa.

Esa ruta fue el secreto de estado mejor guardado, para que no llegara a los piratas ingleses. Aún así, cuatro galeones fueron capturados: “Santa Ana” por Cavendish en 1587, “Encarnación” en 1709, “Covadonga” en 1743, y “Santísima Trinidad” en 1762. Los galeones seguían la corriente del Kuro-Sivo, en un arco al sur de Japón, entrando aguas americanas a la altura del Cabo Mendocino, al norte de San Francisco. Esta fue la razón temprana para la exploración por España de la costa californiana. Cuando el galeón llegaba cerca de la costa, una escolta armada salía del Fuerte San Diego, en Acapulco, su destino final, para protegerlo de piratas en su aproximación final. El viaje solía durar tres meses y medio. La carga se pasaba por mula a Veracruz, y de allí embarcaba otra vez hacia Sevilla. El Galeón de Manila navegó con regularidad asombrosa por lo menos una vez al año, y en ocasiones hasta tres. Con él, España recibía especias y muchos materiales exóticos (como seda, porcelana, y perlas) de China, entonces como hoy, el mayor socio comercial de la zona…

 Por  Juan A. Alvarez