Algunos países europeos se plantean el retorno de la mili o un servicio sustitutorio con presuntos propósitos de patrioteros adoctrinamientos. En Francia, sobre todo. Agreguemos. También los debates surgen en nuestra patria. O en Italia y Alemania. Una plaga moral. El combate exquisitamente pacífico, librado hace tres décadas en España, contra el servicio militar obligatorio (y contra la sofista prestación social sustitutoria) merece tenerse (muy) en cuenta como ejemplo de indeleble resistencia. Insumisos ochenteros y noventeros. Elevados ejemplos. Coraje, rebeldía, ambición, multiplicidad ideológica, alegría, lozanía, garra. Suave contundencia. Puño de hierro en guante de seda. Siempre, siempre, siempre, insumisión.

 

Nunca deberían solidificarse esas militaristas trompeterías que nos dan el queo y amenazan, impávidas, con retornar. Mientras aguardamos nueva lid, agárrense, llegan los reyes del naparmex, Poderosa mixtura navarro-mexicana, los geniales navarros Kojón Prieto y los Huajolotes. Salud cabrones. Los intensos y capullos noventa. Di que no, di que no, que la mili no me gusta, y que a mí nadie me asusta. Insumisión, insumisión, que viva el vacilón. De quién debo defenderme, si no conozco enemigos, si el sonido de las balas ya me produce terror. Insumisión. Oposición pedregosa y frontal al servicio militar obligatorio. Se cumplen treinta años del imperecedero movimiento de objeción surgido en todo el territorio nacional. Prosigue el llorado Eskroto, líder del glorioso grupo pamplonés. Luego te vienen los jueces. Que te meten al talego, que te comes un marrón.  Y, subraya Gavilán, otro alias de Eskroto, lo que uno quiere es, esencialmente, vivir. Y, por encima de todo, olvidarse de historias de la puta mili.

 

Un año perdido

Antes que insumisos hubo objetores, y antes que estos, desertores que terminaron en cortes militares, aún en los años plomizos ochenta. Aquellos adelantados, incomprendidos por unos y otros, etarras y antietarras,  tenían todas las de perder ante el monstruoso poder del Leviatán. El fornido legado, tres decenios después, permanece absolutamente inconmovible. Toda aquella legislación que te obligaba a tirar por el desagüe un año de tu vida es ley contra la razón, contra la moral y contra la más íntima conciencia. Y, desde luego, contra el más elemental sentido común. Un año perdido. Un año donde buenos amigos acababan hasta las trancas de drogas. Y echados a perder. Un año, suficiente para saturarte de la megacorrupción militar. Y de sus abundantes hipocresías. Patria sinónimo de negocio para tantos. Negarse a vestir de caqui era signo (y síntoma) de civismo e higiene mental. Cualquier mínima posibilidad de una convivencia razonable no se hibrida en absoluto con el más soez y rudo militarismo, la obediencia ciega y perruna y la nefanda tosquedad de todos los pretorianos que han desfigurado la inhumana historia de la humanidad. Ejércitos: enigmática hiperjerarquía, desbordado autoritarismo, arbitraria violencia y desaforado control social y mental.

Qué bonita es la puta OTAN. Di que sí, que además nos anula todavía más nuestra soberanía nacional. El  militaresco Leviatán jamás comprende ni comprenderá la prevalencia de la ética sobre el yugo del sometimiento. El sinuoso y desnudo poder, al robarte tan vilmente tu tiempo, cumplía a la perfección sus cuatro turbadores rasgos: acojonar, corromper, embrutecer y seducir. La conciencia de los nobles antimilitaristas de hace tres décadas se halla muy encima de esta odiosa tetralogía. El Estado siempre reaccionó irracional y brutalmente. Al puto trullo, consumiéndote en tu chabolo.

 

Ensañamiento sociata

Los sociatas se enseñaron singularmente con los insumisos. Sus argumentos, inmorales. Aquellos que hicieron del robo y del crimen de Estado un arte. Su poder, patológico. Los asesinos del GAL (diez ejecutados no pertenecían a la banda asesina ETA) tratando de criminales a los insumisos. Hay que tenerlos bien cuadrados. Es la eterna y horripilante historia del PSOE. Penalizando la conciencia y la moralidad más íntima (como hacen hogaño con su dictadura de género). Iniquidad y esperpento jurídico. Sutil anhelo de una sociedad razonablemente desmilitarizada donde no tengan opción ni campos de tiro, ni cuarteles e instalaciones militares, ni fábricas de armas, ni maniobras del ejército, ni gastos militares. O todo ello reducido a la mínima expresión. Además del talego, inhabilitación para empleos públicos, exigían. Desgarraban los insumisos el pacto social, Belloch y Mr. X dixerunt. El latrocinio masivo del socialismo español parece ser que no dinamita ninguna rousseauniana entente ciudadana. El verdadero deshonor siempre fue escarnecer una noble causa. Invirtieron los términos de la ecuación. El verdadero riesgo social y moral se hallaba (y se halla) en los dóciles, en los sayones del Leviatán, en los chuchos domesticados.

 

Odiando las armas. Chiribarribarribarri. Paso de la mili, me piro a mi queli, viva la insumisión. En fin.