El 6 de Noviembre de 1936, ante el ataque de las fuerzas rebeldes, el  gobierno de la República marchaba a Valencia y dejaba  Madrid en manos de una Junta de Defensa mediante el escrito que el Presidente del gobierno Francisco Largo Caballero dirigía a los generales Pozas y Miaja: “…El Gobierno ha resuelto, para poder continuar cumpliendo su primordial cometido de defensa de la causa republicana, trasladarse fuera de Madrid, y encarga a V.E. de la defensa de la capital a toda costa…”. Tanto en los tiempos de mando del “Lenin español” y de su antecesor José Giral como en la nueva situación,  esa máxima autoridad dejó claro que la garantía jurídica clave que tiene un estado: la seguridad de los ciudadanos (en la calle o en la cárcel) no existía por lo que resulta  difícil hablar de gobierno legítimo o ilegítimo porque lo que no es no tiene derecho a adjetivación alguna.

¿Legitimidad de ejercicio? Según parece y reconocen-con justificación incluida- la mayoría de historiadores resulta que no.

¿Legitimidad de origen? Recurro al trabajo exhaustivo de Manuel Álvarez y Roberto Villa sobre el pulso democrático que la izquierda utilizó en las elecciones de febrero del 36. O sea, que tampoco.

 

 Madrid, capital de España, es un tobogán que desliza su superficie de norte a sur en pendiente suave y continua atravesada por  cuatro grandes surcos que forman, de oeste a este,  el hondón del Manzanares, el arroyo de la Castellana, el arroyo del Abroñigal y el valle del Jarama. Entre esos valles se alzan terrenos más elevados. La última divisoria  entre la cuenca del Abroñigal y la del Jarama comporta altas cotas de nivel.  Casi 700 metros sobre el  mar en Alicante y es ahí en donde van a estar la referencias de las pinceladas, no más,  que siguen a continuación

En el pueblo de Vicálvaro  la Iglesia de Santa María la antigua era destrozada y saqueada, objetos de culto deshechos, el altar de la Virgen realizado en el siglo XVII pasto de las llamas así como el órgano de la iglesia (“…el pasado hay que hacer añicos, legión esclava en pie a vencer…). El edificio eclesial se convertirá en granero. Vecinos de la localidad como Nicolás de San Antonio, Nicomedes Llorente, José Durán, Celestino Coronel, Pedro Cano, Alberto García, José María Sabirón y otros muchos fueron  la carga del carro de mulas del “señor Romero” que día tras día hacía el trayecto desde las tapias del cementerio de la Almudena hasta el cementerio de Vicálvaro  para el entierro de los asesinados[i].

¿Algún acto de reconocimiento para ellos preparó o preparará la concejalía de Vicálvaro? Me da que no

 

En el pueblo de Canillas apenas iniciada la guerra comenzó el escarmiento para todo aquel que era considerado enemigo político, enemigo a batir. Si no bastaban las propias fuerzas  del pueblo llegaban sin problemas los “forasteros con pistola”  para ayudar en la faena, en la defensa de la “democracia”. Desde el 1 de agosto de 1936 hasta el 12 de marzo de 1937 cuarenta y cinco vecinos de la localidad fueron asesinados. Le cupo la suerte de ser el primero a un falangista: Cirilo Rodríguez Pardo, carnet nº 5906 de la Falange Española de las JONS y cuyo cuerpo no llegó a aparecer. También falangista, estudiante y jefe de la 5ª Centuria de la Falange, José Luis Soto Arruti , fue asesinado el 25 de Noviembre de 1936 y tampoco  su cadáver  fue hallado

El cuerpo de Leopoldo Lorenzo Touza, secretario del  juzgado y asesor del ayuntamiento en los tiempos de gobierno de la CEDA  se encontró  en el entonces llamado  Camino de la Cuerda junto a la carretera de Hortaleza. Ese camino de la Cuerda dio mucho juego a los asesinos, antigua cañada para  ganado trashumante vio también como aparecía el cuerpo sin vida de Antonio Pizarro, yerno del gran arquitecto Benito  González del Valle [ii], apresado en su casa mientras comía con su familia,  por un grupo de alimañas de seguro que  leales a la “república democrática”. 

Este municipio de Canillas además de los propios, vio como una siembra  de cadáveres foráneos aparecieron en su término. Cuarenta y un cuerpos, de los que veintiocho  no fueron identificados. Todos con marchamo, con el tiro en la nuca correspondiente. Hallados  en la calle de Hernández Iglesias, en la  Carretera de Aragón junto al Ateneo, en el Carril del Conde, en el  Camino Sotillo, en los Canales Lozoya, en el Camino viejo de Canillas, en el Arroyo de los chopos, en el Camino del cementerio,  en el puentecillo de Canillas y hasta en  el Olivar camino de Canillas que es donde aparecieron ni más ni menos que diecisiete cadáveres. De entre  estos últimos sabemos que fueron identificados el sacerdote de Hortaleza, Enrique González Mellén de 61 años, el religioso Pedro Ruiz San José y  Julián del Santo Alcalde, secretario del Ayuntamiento de Hortaleza.

Del clima de terror vivido en la democrática república dio fe (que además de Ruiz Vilaplana también hay otros) el juez municipal de Canillas Francisco Arín Urruchi, quien relataba como  tuvo que acudir a fusilamientos protagonizados por individuos del radio Ventas y del Ateneo Libertario. Testigo del horror,   levantó cadáveres y vio la mutilación de dedos de los fusilados,  cortados para quedarse los asesinos  con sus anillos. Testigo del horror presenció el asesinato de dos sacerdotes vestidos de paisano,  por un pelotón de unos treinta individuos. Relataba cómo un día de  madrugada fue llamado para recoger cadáveres en la calle de San Luis y vio que elementos del Ateneo llevaban apresado  a un sacerdote de mediana edad   a quien  amarraron las manos con cordel y colocaron  un crucifijo  atado a su espalda. Formado el piquete de fusilamiento, el chófer del camión que transportaba a los milicianos sacó una pistola y gritando “¿para qué esperar tanto”? descerrajó en la frente del sacerdote, a bocajarro, un disparo, levantándole el frontal.

¿Algún acto de reconocimiento para ellos preparará la concejalía de Canillas? Me da que no.

Sólo entre el 26 de julio y el 8 de diciembre de 1936 fueron veintinueve los residentes del pueblo de Canillejas muertos o desaparecidos.

De no lugareños se recogieron en el término municipal hasta 161 cadáveres, siendo la mayoría en el tiempo que va desde  el 6 de noviembre hasta el final de año.

El 29 de julio de julio de 1936 todos los objetos que había en el interior de la Iglesia de la Ciudad Lineal, perteneciente entonces al municipio de Canillejas,  ardieron en una pira enfrente a la puerta que daba al camino de la Cuerda (hoy calle de los Misterios).  Todo fue destrozado y hasta las campanas fueron deshechas. La fábrica neomudéjar del edificio se salvó porque hallaron para ella  una nueva utilidad, la de almacén de víveres;  y dada la elevada cota de la zona, el campanario se utilizó como observatorio y se colocó en él un cañón antiaéreo.  El coadjutor de la parroquia   Wolfrando Carrillo Blas fue secuestrado en su casa de Vizconde los asilos junto con sus tías y  fusilado.  

Para blanquear las acciones criminales contra esta parroquia, una leyenda popular extendida entre parte del vecindario relataba que el Cristo que puede verse hoy en la iglesia, fue adoptado por los milicianos como uno más de ellos. Señal de respeto de los nuevos propietarios.  La inventiva de la imaginería, además de a las piezas religiosas, se hizo presente en esos crédulos de la leyenda: el Cristo se talló en 1949.

Procesión de fantasmas, estantigua que tiene sus responsables por más que lo quieran ocultar. A partir de ahí que alguien case, si puede,  los párrafos siguientes de la Ley de SU memoria histórica

 

“…Es la hora, así, de que la democracia española y las generaciones vivas que hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios producidos, por unos u otros motivos políticos o ideológicos o de creencias religiosas, en aquellos dolorosos períodos de nuestra historia. Desde luego, a quienes perdieron la vida. Con ellos, a sus familias.

¿A qué espera para cumplir la ley  la concejalía de San Blas- Canillejas o la de Ciudad Lineal?

 

Dice la ley de SU  memoria:

 

…Se establecen, asimismo, una serie de medidas (arts. 15 y 16) en relación con los símbolos y monumentos conmemorativos de la Guerra Civil o de la Dictadura, sustentadas en el principio de evitar toda exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura, en el convencimiento de que los ciudadanos tienen derecho a que así sea, a que los símbolos públicos sean ocasión de encuentro y no de enfrentamiento, ofensa o agravio.”

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Y en ese plano simbólico al que afecta la Ley de su memoria histórica, el callejero de Madrid está que arde. La elaboración de un “callejero franquista” para su eliminación, seleccionado entre el odio y la ignorancia. Buscando acuerdos imposible hay quien propuso-la señora Villacís- dar el nombre de la calles después de retirar el que tienen, a víctimas del terrorismo. Si tal pretensión llegara a efecto no podrán quitar muchas de las calles “franquistas” porque en  stricto sensu son calles de víctimas del terrorismo. A Germán Pérez Carrasco le apiolaron nada más empezar el conflicto por ser dueño de una farmacia, allá  por Pueblo Nuevo junto a la Plaza de las harinas,  y tener una innumerable lista de débitos, de morosos que tras el “ajusticiamiento” saldaban su deuda;  a los hermanos de Pablos por el gigantesco delito de pertenecer a las Juventudes católicas siendo carpinteros ; a Mari Paz Unciti le dieron mulé en las tapias del cementerio de Vallecas por ser jefe de la Falange femenina; a Serrano Jover porque era de derechas ; a algunos de los hermanos García Noblejas porque le asesinaron en Paracuellos. Boleto dieron a  David Lara Martínez  en 1945 por ser miembro de la FET y estar en el local de la calle Ávila.. A Martín Mora por lo mismo. A las mártires concepcionistas por creer en Dios no como León Felipe. A Pedro Muñoz Seca que “murió perdonando a sus verdugos y sonriendo” porque sabía escribir. A Enrique Velasco, matarile con toda su familia, empleada doméstica y gato incluido por ideología contraria a la dominante. A  Juan Pérez Almeida asesinado en Salamanca, antes del diluvio, cuando iba a recoger a su hermana que salía del colegio-a la que también mataron- por falangista. A Manuel Sarrión (que le van a dar una alegría por la porquería de calle que le dedicaron) el paseo por ser pasante de José Antonio Primo de Rivera. A los miles de asesinados por actos de terrorismo que están en Paracuellos no los nombro porque no me da tiempo.  

Francisco Blanco