Uno de los episodios históricos que más incomodan al nacionalismo vasco y que éste trata, siempre que puede, de ocultar o relativizar al máximo es la batalla de Beotibar de 1321. En esta batalla los milicianos de Guipúzcoa, sobre todo de la zona de Tolosa, derrotaron a un ejército del reino de Navarra, compuesto mayoritariamente por franceses en una época (a partir de principios del siglo XIII) en que el reino navarro estaba bajo el control de dinastías francesas.  Durante siglos la batalla de Beotibar, en tiempos del rey castellano Alfonso XI fue uno de los grandes motivos de orgullo para los guipuzcoanos, siempre vinculado al patriotismo español, pero a partir de finales de los 70 del siglo XX se ha convertido en un hecho mayormente silenciado al resultar incómodo para el nacionalismo vasco y su visión tergiversadora de la historia en nombre de una mítica “Euskalherría” que jamás existió.

Y es que en la Edad Media, entre los siglos XIII y XVI las luchas entre guipuzcoanos y navarros fueron constantes. O como en aquella época y durante siglos se decía, “las luchas entre castellanos y navarros” pues el mayor orgullo para los guipuzcoanos durante muchos siglos era ser considerados castellanos. Guipúzcoa se había unido voluntariamente a la Corona de Castilla en 1200 en tiempos del rey de Castilla Alfonso VIII (el rey que, en 1212 en unión con los otros reyes peninsulares, excepto el de León, derrotará a los musulmanes en la gran batalla de las Navas de Tolosa).

Guipúzcoa así pues, se separó de Navarra para unirse al pujante reino de Castilla, bajo cuyo amparo se habían fundado 24 villas en la provincia. Durante los siglos siguientes hasta la incorporación de Navarra a la Corona española en 1512, los enfrentamientos y guerras fronterizas entre los guipuzcoanos, en nombre de Castilla y la Navarra satelizada por Francia serán una constante. A veces serán a causa de que ganado de los navarros paste en territorio guipuzcoano o por la posesión de castillos o zonas ambiguamente delimitadas entre ambos territorios.

El escudo con rayas representa el blasón heráldico de los Oñaz.

El episodio más famoso de esas luchas fue la batalla de Beotibar, el 19 de septiembre de1321. El hecho es narrado con cierto detalle por los historiadores vascos antiguos más famosos como Soraluce, Zaldibia o Garibay. El detonante de la batalla de Beotibar fue el ataque y destrucción por parte de los guipuzcoanos del castillo de Gorriti, en territorio navarro. Esto motivó como represalia que el gobernador de Navarra, el francés Ponce de Morentayna, enviase contra Guipúzcoa un ejército de 6000 hombres, mayoritariamente franceses y gascones que penetró hasta Tolosa, tras arrasar el pueblo de Berástegui y saquear la zona.

Pero los guipuzcoanos al mando de don Gil López de Oñaz, habían conseguido organizar entretanto un pequeño ejército de 800 hombres, de toda la zona de Tolosa. Este ejército emboscó a los navarros, atacándoles por sorpresa en el valle de Beotibar. El ejército navarro- francés fue presa del pánico y a pesar de su superioridad fue totalmente derrotado, sufriendo grandes bajas. Desde entonces tradicionalmente se ha celebrado en Tolosa cada 24 de julio, el día de S Juan Bautista, su patrón municipal, el llamado Alarde de Beotibar, con la  llamada “bordon dantza” o baile de bordones o alabardas.

La batalla de Beotibar se enmarca también dentro del apasionante fenómeno de las conocidas como “luchas banderizas” o guerras de bandos vascas medievales. Las terribles guerras civiles en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava  (que por cierto en esa época, en tiempos de Alfonso XI, en 1332 se unió voluntariamente también a la Corona de Castilla). En las luchas banderizas, que causaron enormes destrucciones, lucharon los partidarios del clan nobiliario guipuzcoano de los “Oñacinos”, liderado por los Oñaz, uno decuyos miembros dirigió a los guipuzcoanos en Beotibar, contra los “Gamboinos”, liderados por los “Gamboa”. Aunque estas luchas fueron mayoritariamente por ambiciones económicas y señoriales también tuvieron una vertiente política. Los oñacinos eran firmes partidarios de la unión con Castilla mientras que los gamboinos eran partidarios del reino de Navarra. (Por cierto, los Loyola, antecesores del santo fundador de la Compañía de Jesús fueron ardientes oñacinos y partidarios de Castilla). Estas luchas banderizas están descritas con detalle en la clásica obra del cronista ( y banderizo) Lope de Salazar,Bienandanzas e Fortunas”.

Así pues, como vemos la realidad histórica de la lealtad de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava hacia Castilla y España, y sus luchas contra Navarra y Francia, tiene muy poco que ver con la tergiversación mítica del nacionalismo vasco, tanto el del PNV como el radical, que hablan de una inexistente solidaridad y unión de todos los vascos en “Euskalherría”.