A día de hoy, en pleno siglo XXI, la figura histórica y política de Simón Bolívar, paradójicamente a casi 190 años de su muerte, levanta más ampollas, dudas y recelos que nunca.

Usada su figura y su imagen por tendencias ideológicas y nacionales diversas, Bolívar representa al mismo tiempo a la figura de héroe nacional, patriota, traidor y criminal a partes iguales, en función de la óptica ideológica desde la que se acerque al personaje y en función del país de origen del que se mencione su nombre. Para unos fue un héroe nacional y libertador de América, padre incluso de su propio pensamiento doctrinal, el bolivarianismo, vigente especialmente en su Venezuela natal y en la hermana Colombia, pero también en los países que él contribuyó a libertar a inicios del siglo XIX, mientras que para otros fue un traidor a España.

Imbuidos por un nuevo nacionalismo español, especialmente simbolizado durante los gobiernos  del General Miguel Primo de Rivera y del General Franco, y durante los últimos meses del reinado de Alfonso XIII, los líderes y gobiernos españoles del siglo XX cambiaron, acorde con una nueva óptica nacionalista e hispanista, el modo de ver y de tratar a Bolívar, en parte para tratar de recuperar la huella hispana en América, borrada con las independencias bolivarianas de inicios del siglo XIX y con la pérdida del imperio colonial americano en el famoso "Desastre del 98", principalmente a manos de los estadounidenses.

1)      Bolívar y España; lazos olvidados

Sin embargo, los lazos de unión históricos entre Bolívar y España van mucho más allá de la emancipación de mediados de siglo XIX o de su reivindicación contemporánea, y se remontan a los propios orígenes familiares españoles de Bolívar (criollo y descendiente de españoles, como la gran mayoría de la élite político-militar de la nueva América Latina emancipada) y la propia estancia de él mismo en el corazón del viejo Imperio Español, Madrid.

Según se narra en el Museo de Bolívar ubicado en la tierra natal de sus antepasados, el pueblo de Cenarruza-Puebla de Bolívar (Ziortza-Bolibar en euskera), así como a la biografía del personaje escrita por Nelson Martínez Díaz, la historia de la familia Bolívar arranca en este centenario y pequeño pueblo montañoso de la Vizcaya profunda, de donde era oriundo el primero de los aventureros que mezcló la sangre vasca de la familia con la exótica y tropical tierra del Nuevo Mundo, el conocido como Simón Bolibar "el Viejo" (cuando el apellido aún se escribía así), quien según las crónicas y como muchos otros españoles de la época, en pleno apogeo del recién descubierto continente, marcha a América en el siglo XVI, recalando al parecer posiblemente primero en Santo Domingo y luego en Caracas como administrador colonial, y quedando allí la familia y estirpe de los Bolívar.

Allí, en Caracas, en la entonces Venezuela colonial, 6 generaciones después de la llegada del primer Bolívar a tierras americanas, nace, ya mezclado su linaje con el de las familias nobles caraqueñas, en julio de 1783 Simón Bolívar, futuro Libertador de las Américas. Muy pronto, y según afirma en una curiosa y poco conocida biografía del personaje realizada a mediados del siglo XIX por Karl Marx, Bolívar, procedente ya de la nobleza criolla venezolana colonial  y "con arreglo a la costumbre de los americanos acaudalados de la época, se le envió Europa a la temprana edad de 14 años".

Siendo aún un joven adolescente que despertaba a la vida, Bolívar recorre el continente europeo recalando, como era lógica costumbre en el periodo colonial, primeramente en la capital del imperio del que formaban parte él y sus antepasados, Madrid, donde según el investigador y comunicador Tomas Bethencourt Machado en su biografía del personaje, recala con 16 años ( y no con 14 como afirma Marx) en junio de 1799, alojándose en diversas casas acomodadas y palaciegas del lujoso centro de Madrid, primero en la Calle Jardines, y luego en la Calle de Atocha.

Según el artículo "Bolívar en Madrid", publicado por Luis Calvo en el ABC del 21 de diciembre de 1930, Bolívar viene a Madrid a estudiar y formarse en la Academia de San Fernando, alternando durante dos años, entre 1800-1802 con lo más granado de la sociedad nobiliaria y aristocrática de la corte española, ocasión en la que conoce a la joven aristócrata María Teresa Rodríguez del Toro, que vivía en la calle Fuencarral, en la esquina con lo que a día de hoy es la famosa y célebre Gran Vía madrileña. Parece ser que el amor entre ambos jóvenes fue inmediato, y apenas 3 años después de su llegada a la capital española, entre idas y venidas para conocer España, Bolívar y Rodríguez del Toro, se casan en mayo de 1802 en la Parroquia de San José del centro de la capital, ubicada en la Calle Gravina y muy cerca de la residencia de su futura esposa en pleno barrio de Chueca.

Sin embargo, la estancia de Bolívar no se prolongó mucho más en la capital del futuro imperio que él contribuiría a derrocar pocos años después, y apenas unas horas después de su matrimonio madrileño, Bolívar y su mujer parten de vuelta a Caracas, donde viven en las amplias posesiones que el líder venezolano posee en el país, pero menos de un año después de estrenado su matrimonio, en enero de 1803, Rodríguez del Toro fallece en Caracas por fiebres, retornando Bolívar, según afirman Calvo y Bethencourt, brevemente entre finales de 1803 e inicios de 1804 a Madrid para mostrarle sus condolencias a la familia de su esposa, para no volver jamás.

 

2)      América contra España; del desencuentro al acercamiento de dos mundos

Después del proceso emancipador, se inicia un tenso periodo de relaciones entre las recién emancipadas repúblicas latinoamericanas, fruto de la disolución del viejo imperio español en el continente, dirigidas en gran medida por los líderes militares victoriosos de las campañas libertadoras, con la vieja metrópolis, el Reino de España que, entre 1814-1833 pasa por nuevos y duros tumultos internos, con enfrentamientos entre conservadores y liberales, golpes de estado y pronunciamientos militares, enfrentamientos civiles armados y un tenso y duro reinado absolutista final, entre 1823-1833, liderado por Fernando VII que renuncia a cualquier tipo de contemplación con las nacientes naciones americanas. No será, de hecho, hasta los reinados de Isabel II, su hijo Alfonso XII y la Regencia de María Cristina cuando se intenten retomar las relaciones diplomáticas entre ambos mundos.

Hasta que eso se produjo, no obstante, España y América se dieron la espalda y es que, como afirma  Carlos Rama en El País "durante todo el siglo XIX, las citadas relaciones, en cuando a su volumen, han sido mínimas y, durante la mayor parte, inexistentes",  o según  Juan Carlos Pereira "tras la finalización de las Guerras de Independencia en España y América, los gobiernos españoles durante el reinado de Fernando VII se negaron una y otra vez a aceptar el reconocimiento de las nuevas Repúblicas e incluso a establecer alguna relación con ellas".

No es hasta la muerte del intransigente y absolutista rey Fernando VII,  cuando se abre definitivamente para España la senda liberal a partir de 1833 y los reyes y gobiernos posteriores entienden que el aislacionismo es, además de un absurdo histórico, una mala opción diplomática y comercial, y se abre entonces un largo y extenso periodo que va, según Pereira, desde  1836 hasta 1904 en que, poco a poco, se van establecimiento relaciones diplomáticas y España va reconociendo a las diferentes y emancipadas repúblicas o estados independientes hispanoamericanos ; México (1836), Ecuador (1840), Chile (1844-45), Venezuela (1845-46), Bolivia (1847-1861), Costa Rica (1850), Nicaragua (1850-51), República Dominicana (1855), Argentina (1859),  Guatemala (1863),  El Salvador (1865-66),  Perú  (1865-79), Paraguay  (1880), Uruguay ( 1841- 1882) Colombia (1881), Honduras ( 1894), Cuba (1902-1903), o Panamá (1904).

Además de ello, a finales del siglo XIX, los gobiernos de España ponen fin a su abandono de Hispanoamérica e inician un primer intento serio, si no por re-hegemonizar culturalmente a las viejas colonias, al menos si por recuperar la presencia en el continente perdido, al menos a nivel ideológico, con la celebración del  IV Centenario del Descubrimiento de América en 1892, el pistoletazo de salida de toda una labor concienzuda de reivindicación de la "españolidad" de América.

Hubo que esperar al siguiente siglo XX cuando, además de proseguir con la neo-colonización cultural y a la re-españolización de América, se empieza ya a reconocer y homenajear también a la América independiente y a sus procesos emancipatorios, centrándose en el único vínculo común entre ambos; la españolidad, que se lleva a cabo en dos grandes periodos de reconocimiento y hegemonización nacionalista; 1902-1931 y 1939-1975.

Dentro de la primera etapa, cronológicamente correspondiente al reinado de Alfonso XIII y la dictadura del general Miguel Primo de Rivera tiene lugar, como reacción al Desastre del 98 y a la perdida de los últimos restos del imperio colonial español, un reforzamiento del nacionalismo español que, ante la pérdida del imperio físico se lanza a una hegemonización cultural e ideológica para reivindicar los lazos comunes perdidos, cuya primera gran manifestación es la creación del llamado "Día de la Raza", especialmente desde la promulgación en la Gaceta de Madrid el día 15 de junio de 1918 de una Ley por la cual "se declara fiesta nacional, con la denominación de Fiesta de la Raza, el día 12 de Octubre de cada año", reinando Alfonso XIII y bajo el gobierno del conservador Antonio Maura, el origen de la actual fiesta nacional del 12 de octubre en España.

A nivel simbólico, el reconocimiento a la América independiente en la figura de su Libertador y prócer y símbolo de la independencia, el venezolano Simón Bolívar tiene lugar ya durante la dictadura primorriverista con la inauguración en el pueblo natal de sus ancestros, Cenarruza-Puebla de Bolívar, el día 15 de agosto de 1927 del primer gran monumento homenaje a Simón Bolívar en España.

La idea de homenajear y reconocer simbólicamente a Bolívar con un monumento no era algo nuevo, aunque si lo fue el lugar escogido. Ya dos años antes, en 1925 y en el seno de la celebración de la "Fiesta de la Raza" el ABC del 13 de octubre de 1925 se hacía eco del acto del Ayuntamiento de Madrid y del Gobierno Militar del General Primo de Rivera de colocación de la primera piedra de un monumento de Bolívar que debía haberse construido en la Plaza de Salamanca de Madrid y que se acabó abandonando y olvidando.

Entre medias de estos planes de reconocimiento de Bolívar en los años 20 y su materialización en el Madrid de los años 70 se encuentra un suceso histórico que en España se celebra por todo lo alto; el primer centenario de la muerte de Bolívar, ocurrida en diciembre de 1830 en Santa Marta y celebrada en diciembre de 1930 y a lo largo de 1931 en toda España casi como un suceso histórico nacional español. No obstante, el reinado de Alfonso XIII, inmerso en la tónica nacionalista de recuperación de la españolidad de la nueva América, trataba de españolizar a marchas forzadas a las nuevas repúblicas americanas y nada mejor que remarcar la hispanidad de su símbolo máximo.

Ya en el ABC del 26 de agosto de 1930, A. Ramírez Tomé publicaba, a modo de preparación del centenario, un artículo titulado "El centenario de Bolívar", en el que afirma que;

"España cumplirá su compromiso, y no hará papel desairado. Luca de Tena acertó a ver con maravillosa intuición todo el alcance que tenía el asunto. Por eso abogó por la españolización, o para expresarlo mejor, por la re españolización de Bolívar, fundiendo su figura con las representativas de las propias glorias"

El día en que se cumplía el centenario, el 17 de diciembre de 1930, José Gutiérrez Rave publicaba un artículo en ABC, en el que concluía;

"Han transcurrido cien años completos de la desaparición de Simón Bolívar, y en esta fecha América entera y España glorifican su memoria y nunca con mayor justicia. Y el nombre de Bolívar, constituye en nuestros días un símbolo de unión racial hacia el que deben dirigir sus miradas quienes tienen fe en el ideal hispanoamericano ".

Los siguientes días, en toda España se celebraron actos de homenaje y exaltación a la figura de Bolívar; dese una misa-funeral organizada por el gobierno español con presencia del rey Alfonso XIII en la Iglesia de San Francisco el Grande de Madrid, un acto de homenaje a Pablo Morillo (militar español que combatió a Bolívar en las guerras libertadoras) en el Cementerio de San Isidro, descubrimiento de una lápida en la Iglesia de San José en conmemoración de su matrimonio madrileño, inauguración de un monumento a Bolívar en el Parque de Montjuic de Barcelona, descubrimiento de una lápida en honor a Bolívar en el centro de Málaga.....lo que se completaría en marzo de 1931, poco antes de la proclamación de la República, con la inauguración de otro monumento al Libertador ubicado en el centro de Valencia.

La segunda etapa de recuperación de la figura de Bolívar y de exaltación de la hispanidad hispanoamericana tendría lugar especialmente entre 1939-1975, es decir, durante los 40 años del régimen franquista. Si bien se pasa rápido de una especie de pretensión hegemonizadora incluso en lo territorial, rápidamente, y por influencia falangista, se sustituye esa "vocación de imperio" más hacia lo ideológico y especialmente hacia lo cultural, y ahí vendrá la acción española franquista en América.

El primer gran paso de esa "vocación de imperio" en América de la dictadura franquista se da en 1945 con la creación del Instituto de Cultura Hispánica (ICH) que, según una publicación original de la Revista nacional de educación de 1947, nacía por Ley del 31 de diciembre de 195,  con el objetivo de;

"Es primordial tarea del Instituto de Cultura Hispánica estrechar los vínculos espirituales de España con los pueblos de América y, como lógica consecuencia, con todos aquellos grupos simpatizantes y promotores de la cultura hispánica. Al servicio de este objetivo, el Instituto de Cultura Hispánica, en un clima de respeto mutuo y hermandad, ha de movilizar cuantos elementos estén a su alcance para el mutuo conocimiento entre los pueblos hispánicos y la intensificación de sus recíprocas relaciones culturales".

A partir de ese momento, el ICH (germen de la actual Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo-AECID), y el régimen franquista en general inician una política de inmersión cultural en América para tratar de hegemonizar culturalmente al continente con el cual ha tenido históricamente raíces culturales comunes y que, desde el siglo XIX, pasaron por un tenso periodo de desencuentros que fueron ocupados por Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, como bien relata Álvaro Tirado Mejía en su libro "Los años sesenta. Una revolución en la cultura".  Con el objetivo de corregir este alejamiento entre ambos mundos, y según recoge en su libro Mejía;

"El régimen franquista utilizó el concepto de Hispanidad como sostén ideológico y lo instrumentalizó en beneficio de su política exterior, con el objetivo de tener aliados y sostenedores en América Latina".

Para ello, no solo se valió del mencionado ICH, principal arma y bastión de la re-hegemonización cultural española en América, si no que siguió ahondando en la línea de recuperación, o reapropiación/re españolización de las figuras-tótem latinoamericanas como Simón Bolívar. Como muy bien recoge, nuevamente, Mejía, el franquismo;

"Asumía los errores cometidos durante la Conquista, pero Latinoamérica debía de reconocer los suyos en la Independencia. Incluso el propio Franco inauguró una estatua de Bolívar en Madrid".

Mejía yerra en el hecho de que no fue Franco, aunque sí sus ministros y altos cargos del régimen franquista los que protagonizaron la culminación del reencuentro histórico entre España, Madrid y Bolívar quitándose la espinita clavada que tenía pendiente desde hacía décadas; la inauguración de un gran memorial de estado en Madrid al Libertador, que, de esa forma, reconocía con merecimiento histórico a la figura de Simón Bolívar.

Aunque el monumento no se ubicó finalmente en el centro de la capital, el lugar y el acto ceremonial sí estuvieron a la altura del reencuentro histórico. Como recoge el ABC del jueves 29 de octubre de 1970;

"Ayer por la mañana, poco después de las once y media, fue inaugurado en el Parque del Oeste el monumento a Simón Bolívar, obra del escultor Laíz Campos. Asistieron al acto, juntamente con los ministros de Venezuela, Colombia y Ecuador, llegados a España, el Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, los titulares de Asuntos Exteriores, Ejército, Marina, Justicia, Trabajo, Comercio, Aire, e  Información y Turismo, el teniente general jefe del Alto Estado Mayor, el capitán general de la Primera Región Militar, el director del Instituto de Cultura Hispánica, el gobernador militar, diversas autoridades nacionales y el Alcalde de Madrid con la corporación municipal bajo mazas".

Así pues, el acto, con presencia de las más altas instituciones del estado y la ciudad y de los ministerios internacionales, fue acompañado por desfiles militares de los citados países en el cercano Paseo de Camoens, y por los discursos, en los que el Canciller de Colombia Alfredo Vázquez Carrizosa afirmó que "Bolívar se rebeló con la pujanza de una raza doblemente americana y española", el canciller ecuatoriano José María Pone Yepes afirmó que "al reunirnos aquí, rendimos homenaje a Bolívar y a la Madre Patria", y el venezolano Arístides Calvani dijo que "si Hispanoamérica pudo emanciparse es porque, además de americana, también era española", mientras que el Ministro de Asuntos Exterior Gregorio López Bravo concluyó que "Bolívar no solo pertenece a América, nosotros también queremos reivindicar para España a ese indigne hombre de sangre española. Bolívar es para nosotros un símbolo de la huella de España en América y su Gloria es la nuestra también".

Con esta jornada bolivariana de octubre de 1970 en el corazón de Madrid, España completaba una deuda histórica y moral con Bolívar y con las naciones latinoamericanas emancipadas del poder español a principios del siglo XIX. Las relaciones históricas entre ambos mundos, ejemplificadas en el tratamiento a la figura histórica de Bolívar, pasaron por diferentes etapas; desde la negación en el siglo XIX, la recuperación a inicios del siglo XX y la exaltación desmedida a mediados y finales del pasado siglo, fruto del deseo de recuperar la hegemonía cultural y espiritual perdida en el continente, a una nueva situación de tensión pacífica en la presente década, en la que el surgimiento de gobiernos populares y progresistas en algunas naciones latinoamericanas, ha provocado la revisión de esa "deuda histórica" moral de Latinoamérica con España.

Ello se ha manifestado con el rechazo a la idea de "raza" en la actual Venezuela, o la carta de López Obrador en México exigiendo una petición de perdón a las instituciones españolas por la conquista de su país. Por su parte, una parte del pensamiento conservador español actual ha tendido también hacia el cuestionamiento de la figura de Bolívar, algo que parecía superado desde el siglo pasado y que en ciertos sectores ha dejado de ser considerado como el ejemplo de la "raza hispanoamericana" para ser considerado, incluso, un traidor a España, algo llamativo cuando quienes lo afirman se consideran herederos ideológicos de los regímenes autoritarios que en el pasado siglo XX elevaron a los altares de las glorias patrias a la figura de Bolívar. En todo caso, la figura y el recuerdo de Bolívar, siguen en España más vivos que nuca.

Fuentes;

 

-Hemeroteca ABC.

-Martínez Díaz Nelson. "Simón Bolívar".

-Marx, Karl. "Bolívar y Ponte".

-Bethencourt Machado, Tomás. "Simón Bolívar, el Libertador".

-Rama, Carlos. "Las relaciones entre España y América Latina". El País, 01/06/1980.

-Pereira Castañares, Juan Carlos. "España e Iberoamérica: un siglo de relaciones". Mélanges de la Casa de Velázquez, tome 28-3, 1992. Epoque contemporaine. pp. 97-127.

- Gaceta de Madrid, 15 de junio de 1918.

-"Misión y tarea del Instituto de Cultura Hispánica". Revista nacional de educación, 1947.

-Tirado Mejía, Álvaro. "Los años sesenta. Una revolución en la cultura"