Ofrecemos a nuestros seguidores el que es, hasta la fecha y a nuestro entender y el de muchos, el más completo análisis de lo que se ha venido en denominar y «sacralizar» como «Transición». El trabajo, elaborado por el Col. Lorenzo Fernández Navarro de los Paños y Álvarez de Miranda, reviste hoy, si cabe, más actualidad que nunca a la vista de la deriva de nuestra democracia, la cual parece más que errada y da síntomas preocupantes de llevarnos a repetir, tal vez, lo más agrio de nuestra reciente historia. Presentamos aquí la introducción o consideraciones previas, al final de la cual pueden encontrarán el enlace para descargar el trabajo completo en PDF. Recomendamos la imperiosa necesidad de leerlo con detenimiento. No se arrepentirán.

UNAS CONSIDERACIONES PREVIAS

Se ha dado el nombre de “Transición”, o más concretamente “Transición a la Democracia”, a la transformación política acaecida en España desde la muerte de Franco hasta la proclamación de la constitución de 1978 de la que mañana se cumplen cuarenta años. Como queda explícito en el subtítulo de esta exposición, su objetivo es realizar una revisión crítica, pues aunque se haya acuñado para ella el adjetivo de “modélica”, si tenemos en cuenta la cita evangélica de que “por sus frutos los conoceréis” y puesto que los frutos fueron, entonces la Constitución de 1978, y ahora sus consecuencias, se hace imprescindible una revisión crítica buscando el origen de los graves problemas y las amenazas que se ciernen sobre España.

Vaya por delante, y ya desde ahora, que la Constitución vigente es la LEY y, por lo tanto, se cumple, se acata y se respeta.

Pero es evidente que ha generado graves problemas, cuyas consecuencias estamos viviendo. Y lo que es más grave, sin saber cuál será el desenlace. Es un axioma que para encontrar la solución a un problema -en mayor medida cuanto más grave es-  se hace imprescindible el análisis de su génesis. Cuándo, cómo y por qué ha surgido.

El fruto, la esencia de la Constitución de 1978, es el llamado “Estado de las Autonomías” o “Estado Autonómico” que lleva camino de convertir a España en un estado fallido: inviable en lo político, insostenible en lo económico y corrupto en lo moral. Evidenciado en lo político por lo que se denomina con el eufemismo de “tensiones territoriales”. En lo económico por la galopante deuda pública, cuyos intereses ahogarán la economía unida al despilfarro y corrupción administrativa de sus diecisiete taifas. Y en cuanto a la corrupción moral, uno de sus más claros exponentes lo representa la corrupción de menores impuesta en los planes educativos por la dictadura LGTBI.

Es cierto que se ha llegado a esta situación, tanto por el pecado original de la Transición, como por el hecho de que desde un principio se ha permitido el sistemático incumplimiento de la Constitución: Preeminencia de las lenguas cooficiales sobre la lengua oficial con la inmersión lingüística en los planes de enseñanza. Cesión de los planes de enseñanza a las Autonomías sin control de sus contenidos. Permisividad ante el hecho de que las Autonomías se arroguen atribuciones que sólo corresponden al Estado, tal como las “embajadas” y actividades institucionales a nivel internacional con flagrante incumplimiento del Art. 149 de la Constitución. También se ha suplantando al Estado en otras muchas de las competencias exclusivas que le corresponden, además del hecho de que no se exija la presencia de la bandera de España en todos los ayuntamientos y organismos oficiales autonómicos.

Conviene recordar que quienes durante la Transición vaticinaban que el Estado de las Autonomías supondría a la postre la desmembración de España, eran automáticamente calificados -descalificados- como “involucionistas”, “retrógrados”, “fascistas”, “nostálgicos” o “franquistas”… y a partir del 23F, además, “golpistas”. Ahora a la vista del “Procés” (proceso de descomposición de España con el cáncer localizado en Cataluña y Vascongadas, pero ya con metástasis en todo el cuerpo de la Nación) son precisamente los “padres” “artífices” y “motores” del “cambio” quienes ponen el grito en el cielo contra este despropósito y salen en defensa de la unidad de España, sabedores de que la historia los hará responsables del desastre por haber demolido durante la Transición, la España Una, Grande y Libre.

Se quiere presentar la Transición como la transformación del “oprobioso régimen de Franco” en un “régimen de libertades”. El paso de una dictadura a una democracia. Y así se está inculcando en la mente de los españoles, con especial éxito en aquellos que por tener en la actualidad menos de cincuenta años no conocieron el Régimen de Franco ni el proceso de su demolición. Conciencia que es difícil de tener cuando el proceso se ha vivido con menos de diez años. Esta manipulación de la historia es lo que ahora se denomina como “posverdad” y que como muy acertadamente dice el coronel Pedro Baños en su reciente y exitoso libro (seis ediciones en tres meses) ASÍ SE DOMINA EL MUNDO: Desvelando las Claves del Poder Mundial “Pensamos que somos libres, que podemos elegir de forma autónoma nuestro destino. (…) Con creciente sutileza los que deciden por nosotros nos imponen formas de vida, modelos sociales e ideologías de modo que quedamos sometidos a sus designios. Esto es más cierto que nunca hoy en día cuando se ha puesto de moda la palabra “posverdad” para definir el contexto global de desinformación, aunque en realidad sería más acertado denominarlo “prementira” “multimentira” o “plurimentira pues lo que principalmente llega al público no es más que una gran falsedad disfrazada de verdad” Estas palabras reflejan, con asombrosa exactitud, la posverdad -mentira de dimensiones oceánicas- de que la Transición fue el paso de una dictadura a una democracia. Vamos a verlo:

AQUÍ EL TRABAJO COMPLETO

Fuente: https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/transicion-reforma-o-ruptura/