La Real Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña fue una de las unidades militares españolas de mayor prestigio en la Norteamérica hispánica. Tuvo un papel importante en la colonización española de California, a partir de finales de la década de 1760, un episodio olvidado hoy en la Cataluña oficial nacionalista, más interesada en recordar hechos y personajes de tercera en comparación, como 1714 o Rafael de Casanova, pero sobre esta conquista y colonización se han escrito muchos libros en Estados Unidos.

Nombres como el capitán Gaspar de Portolá o el teniente Pedro Fages, naturales de Lérida, por ejemplo, que acompañaron al famoso fraile mallorquín Fray Junípero Serra y sus monjes, pertenecen a la historia de California y de Estados Unidos, donde se les recuerda con estatuas y monumentos conmemorativos.

Los voluntarios catalanes de Norteamérica eran tropas de Cazadores de Montaña pero al llegar a América en 1767, destinados por la Corona, se les reconvirtió también en tropas montadas ya que allí, en el contexto de las luchas contra las rebeliones de los pueblos indios, el caballo e incluso la mula eran imprescindibles. Usaron fusiles, escopetas, mosquetes, bayonetas, así como armas blancas, tales como cuchillos de 30 cms de hoja y también las tradicionales lanzas del norte de Mexico.

En 1768 los Voluntarios catalanes jugaron un importante papel en la pacificación de Sonora, en el norte de México, contra los belicosos indios “seris”. Las misiones, haciendas y pueblos hispanos de la zona se hallaban en constante peligro, ante sus ataques. Los Voluntarios Catalanes junto con tropas virreinales de México fueron puestas bajo el mando del coronel don Domingo Elizondo y sometidas a un duro entrenamiento para llevar a cabo su misión: el asalto al llamado Cerro Prieto, un importante reducto de los indios seris.

El 25 de noviembre tres columnas españolas de un total de 300 hombres asaltaron el Cerro Prieto. Los Voluntarios Catalanes formaron parte de la columna del flanco derecho que llevó el peso del ataque. Los indios respondieron, lanzando flechas y disparando sus fusiles (que ya tenían). Los soldados hispánicos tuvieron que atravesar un desfiladero rocoso soportando valientemente los ataques indios. El lugar era un laberinto de desfiladeros, fosos y barrancos. Finalmente los soldados de la Corona lograron ascender el Cerro principal y alcanzar la cumbre pero el grueso de los indios logró huir. Los indios tuvieron unas 50 bajas.

No obstante, las tropas españolas se retiraron poco después por órdenes superiores y el Cerro volvió a convertirse en reducto indio. Fueron necesarias aún dos duras campañas en 1769 y 1770 para someter finalmente a la mayoría de los seis. Los Voluntarios Catalanes ya no participaron en estas dos últimas campañas pero en cualquier caso su participación en esta guerra se consideró muy distinguida y sus miembros fueron felicitados. Los historiadores coinciden en que en la década de 1770 se consideraba ya a la Compañía de Voluntarios de Cataluña como una de las unidades más selectas entre las fuerzas del rey de España en América.

RAFAEL MARÍA MOLINA.

Fuente: “La última expansión española en América”. Mario Hernández Sánchez Barba. Madrid. 1967. “La frontera española en América del Norte”. David Weber. México. 2000.