En esta atormentada España nuestra, por lo atacada desde dentro y desde fuera (generalmente a través de los de dentro), no es menor el problema que las múltiples legislaciones autonómicas y nacionales de la “Memoria Histórica” nos acarrean. Además de atizar los peligrosísimos rescoldos de una guerra que, muy acertadamente, muchos denominaron como Cruzada contra los enemigos de España y de la Religión, a la que intentaron exterminar físicamente, tergiversan y enlodan muchos aspectos importantes de nuestro acervo espiritual. Uno de ellos es el de honrar la memoria de los muertos y sus exhumaciones.

Sobre los caídos en combate, apenas hay un recuerdo, en comparación con las machaconas noticias periodísticas de exhumaciones de posibles o supuestas fosas de represaliados, y ocultan ladinamente que la mayoría son de combatientes o asesinados por el Frente Popular? ¿Por qué ese olvido?

Fácil es encontrar una respuesta con visos de verosimilitud. Y es que no se está tratando de cumplir con lo que supuestamente se invoca, el honrar la memoria, sino el hacer propaganda guerracivilista. Por ello se eluden o retuercen múltiples aspectos. Y el recuerdo emocionado a los que dieron su vida por la Patria luchando con las armas en los campos de batalla es un aspecto a esconder por unos y por otros

Pero, desgraciadamente, ese intencionado olvido no se ciñe a la Guerra de Liberación 1936-39. La “Ley de la Memoria Histórica” ha hecho estragos en campos que ni siquiera abarca, como la Segunda Guerra Mundial y la División Azul, campañas de África e incluso la Hispanonorteamericana de 1898 (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Todo vale en estas acciones subversivas, máxime cuando no encuentran enfrente la defensa de las instituciones que deberían intervenir: la Justicia y los Ejércitos.

Sobre muchos aspectos sangrantes que se pueden y deben tener en cuenta, quiero traer a nuestra consideración las acciones que deberíamos realizar para honrar a los caídos de esas otras guerras del siglo pasado, a los que en general olvidamos, concretamente a los de la División Azul, quizás porque su verdadero nombre fue División Española de Voluntarios para luchar contra el comunismo, y de ahí proceda el rencor y la inquina de los tardocomunistas.

Muchos caídos de la División Azul siguen todavía sin sepulturas dignas, esparcidos por el frente ruso donde combatieron. Tenemos noticias por algunos familiares, algunos de avanzada edad, que se han retrasado las repatriaciones de sus deudos, habiéndose realizado todos los trámites administrativos necesarios, sin saber los motivos del retraso ni cuándo podrán regresar al suelo patrio. Aunque algunos familiares han apuntado a desconocidas razones políticas.

Las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas (versión del año 2.009) reza textualmente: Los miembros de las Fuerzas Armadas se sentirán herederos y depositarios de la tradición española. El homenaje a los héroes que la forjaron y a todos los que entregaron su vida por España es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra (art. 21). Pues no, nuestra Patria y las instituciones militares, en la práctica, se desentienden de buscar a los divisionarios que aún yacen por los suelos rusos, bien para llevarlos, previa identificación, a cementerios alemanes en Rusia, puesto que nosotros no los tenemos allí, bien para traerlos a España si algún familiar los reclama. Y eso a pesar de que la tradición militar española siempre ha considerado héroes a todos los soldados que cayeron cumpliendo su deber, porque han dado todo lo que podían dar (su propia vida) para cumplimentar el juramento que empeñaron al besar la Bandera de España. El ejército español nunca ha reconocido la figura del soldado anónimo, porque todos han tenido una familia en la que ha dejado un hueco irreparable, y como dice el lema tradicionalista “Ante Dios nunca serás un héroe anónimo”.

La mejor forma de homenajear a los que entregaron su vida por España es, sin lugar a dudas, y una “obra de misericordia” es procurarles una tumba digna. Para los responsables de los ejércitos es una cuestión de honor, sin paliativos, excusas, ni pretextos, y menos por intereses político espurios. Es obligación moral entregar sus cuerpos a los familiares si estos los reclaman.

Pues no, ante la menor posibilidad del menor problema, los mandos militares se arrugan, ante las interferencias políticas que, en todo se entromete y nada respeta, ni el honor de los caídos, ni el reposo de los muertos.

Un ejemplo para calibrar a instituciones y personas en las que España tiene encomendada su defensa, es la noticia que recientemente ha saltado a la prensa digital. Desde verano estaba prevista la repatriación de cinco divisionarios, que ya estaban exhumados de Pankovka por el buen hacer de particulares y familiares, y los inmejorables oficios de la Agencia Alemana de Cementerios Militares (Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge -VDK-), y a punto de ser entregados al consulado español en San Petersburgo. Pero la falta de interés por parte de ministerio de Defensa y mandos subordinados (MAPER y JEME) dejó pasar el tiempo hasta que, fatídicamente, algo tan sin relación con el tema como la proximidad a las pasadas elecciones del 10N parece que hizo posponer el traslado. Claro que, con el problema político de pactos escorados al Frente Popular que se nos ha caído encima, la demora puede durar “sine die”. Aunque es de advertir, a los funcionarios implicados, que estando la documentación en regla y no tramitarla, o impedir que se tramite, pueden incurrir en el delito de prevaricación.

 ¿Está España indefensa? ¿A quién acudir ante los síntomas que presentan sus mandos militares?

En cualquier caso, especialmente en estos días navideños, nuestro recuerdo y oración por los caídos, a los que, por otra parte, rogamos su intercesión.