Desde 1955 hasta 1994 no se cultivó lino en los campos españoles. Reapareció en la provincia de Soria de manera espectacular gracias a las ayudas comunitarias. En Castilla-La Mancha, la campaña del 93-94 fue de cero hectáreas; en la siguiente aparecieron 1.000 hectáreas y en la actualidad hay sembradas 35.850, de las 90.000 que se contabilizan a nivel nacional.[i]

 

[De forma muy parecida a lo ocurrido con el  cultivo del lino, la aparición de la llamada Ley de memoria histórica multiplicó las preocupaciones por “recuperar la historia”. Había habido algunos, muy pocos, que recurrieron con anterioridad  a lo que sería el leivmotiv aparente de la Ley de venganza: el conocido como tema de las fosas, el del Valle de los Caídos o el de  los símbolos  Las causas de sus preocupaciones variadas y en algunos casos excepcionales,  explicables, pero se desató la pasión a partir del texto propulsado por  Zapatero (52/2007). Y,  en consecuencia,  llegaron el  adoctrinamiento, el postureo, o sea, lo políticamente correcto y el negocio, o sea,  las subvenciones.

Indicaba con exactitud Pedro González Cuevas:

“…Es preciso señalar que, a lo largo del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, la memoria histórica se ha convertido, a todos los niveles, en un buen negocio; y no sólo en términos económicos. Exposiciones, museos, películas, novelas, todo eso ha servido de parafernalia a tal impostura. Sus defensores han disfrutado de influencia y fama. Cualquiera de ellos ha tenido a su servicio espacios radiofónicos y televisivos, al igual que tribunas de opinión en periódicos como El País y Público. Algunos de ellos han disfrutado, como veremos a continuación, de influencia política.”

Y bastante antes de lo escrito por González Cuevas historiadores “memorialistas”, absolutamente favorables al fenómeno ya alertaban de lo que podría llegar. Sergio Gálvez Biesca, coordinador de programas de la “Cátedra de Memoria histórica”  de la Universidad Complutense de Madrid junto a la encendida defensa de la recuperación de restos y a apreciaciones tan absurdas como negar la categoría de historiador a Ángel David Martín Rubio por defender con argumentación atronadora tesis contrarias a las suyas, incidía en la “mercantilización” en que entraba el proceso de recuperación. La aparición de asociaciones en busca de beneficios: “En este sentido, la creciente instrumentalización política y mediática de la RMH comienza a hacer necesaria esta misma distinción. En el cruce  de caminos entre el mundo asociativo, las iniciativas institucionales y la labor desarrollada por los investigadores, la RMH de las víctimas de la represión franquista ha entrado en un competitivo mercado, que está haciendo de estos elementos un poderoso factor de marketing a la vez que un instrumento de control del presente para obtener réditos políticos.” 

El portavoz del Partido Popular entonces Rafael Hernando Fraile,  afirmaba entonces que  a raíz de la tramitación de la Ley de Memoria Histórica se crearon asociaciones para poder cobrar las subvenciones que se iban a incluir en la norma. Como lo enunciado puede ser una falsedad, revísense las fechas de creación de las asociaciones de marras y compruébese la veracidad o falsedad del aserto. Pero en cualquier caso no fueron tres-como las hijas de Elena- sino muchos más los años que tuvo el PP para echar abajo el engendro legal y cainita y no lo hizo.  

En el año 2010 el gasto derivado de la Ley estaba en torno a 20 millones de euros de los que una tercera parte habían ido a desenterramientos y el resto para testimonios, archivos o documentales, o sea dos tercios en agitprop.   Una cantidad que Ruiz Gallardón cuantificaba en unos cuantos millones más, ascendían  a 25 los gastados en  el periodo 2006-11. Súmense a ello los gastos de departamentos, cátedras, negociados etc.etc. Documentales, series televisivas, informes, tertulias etc etc etc. Cantidades de difícil cuantificación y que en resumen nos vuelve a llevar a la definición  ya dicha de  Marie-Claire Lavabre entiende por memoria histórica “el proceso por el cual los conflictos y los intereses del presente operan sobre la historia”.

La apertura de fosas donde había cadáveres de represaliados y la colocación de sus restos en lugares dignos es algo que no admite discusión posible. Si hay españoles sepultados en las “cunetas” están tardando en darles el reposo debido; pero sí exige discusión el intento de  manipulación propagandista de la recuperación, la discriminación entre quienes murieron en la contienda fratricida y el malditismo contra una mitad de España creado por el deseo de venganza-que no reparación- de la otra media España con el silencio cobarde de una parte de la primera. ¿La mina de las Cabezuelas, Camuñas-Toledo- es fosa de represaliados o un accidente de cuatro incontrolados?   Desde el año 2000 comenzó la recuperación más o menos sistemática- que nunca fue la pionera-   de restos, por tanto el “adanismo” tan querido por Zapatero, también aquí es falso porque el texto de la discordia es del 2007. En sus artículo 11  y 12 lo que hacía era la promoción de emprendedores para esta faena y aunque se estableciera una límite temporal en cuanto a los participantes, la multiplicidad de organismos, sociedades, foros y demás deriva, surgidos desde entonces hace pensar que Gálvez Biesca llevaba mucha razón, que algunos descubrieron  que el solar ibérico podía también ser un Sutter’s Mill.

En una línea de denuncia  algún partido político emergente ha llevado a los parlamentos o asambleas que pueblan el solar ibérico dos cuestiones de interés. La primera, la regla básica de la economía: las demandas son infinitas, los recursos limitados. O sea, si le doy lentejas al comensal de mi derecha ya no puedo dárselas al de mi izquierda (o mejor al revés). Y el segundo, la denuncia del continuismo inercial que la derecha dinástica hace de las aventuras de los “progresistas” cuando ocupa el poder.  

No hay ley de memoria histórica, ni cátedras de memoria histórica, ni fosas de la memoria histórica; hay una ley de  SU memoria histórica, unas cátedras de SU memoria histórica y unas fosas de SU memoria histórica.

 

Francisco Blanco