Voy a ser claro y directo: es imposible que España se recupere del estado actual en el que se encuentra desde hace cuarenta años, como mínimo. Llámenlo como cada uno quiera: recuperación, restauración, regeneración. Es cierto que son muchos españoles -desde muy variados ámbitos y profesiones- que claman por este “despertar”. Pero repito, es imposible.

Es interesante ver qué nos dice la RAE sobre estos términos, que bien pudieran ser tomados como sinónimos. Recuperación: “Acción y efecto de recuperar o recuperarse”. El segundo término es más interesante porque tiene una serie de connotaciones que ya nos están hablando de dicha imposibilidad. Restauración: 1) “Acción y efecto de restaurar”, 2) “establecimiento del régimen político que había sido sustituido por otro”, 3) “reposición en el trono de un rey o del representante de una dinastía”. En cuanto a Regeneración la RAE nos dice: 1) “dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo”, 2) “hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada”. En este punto vuelvo al comienzo ¿algo de esto es posible? En el estado actual de las cosas y con las organizaciones políticas y sociales actuales no es posible.

En cuanto a “Restauración” como restablecer un régimen político (y no me refiero al régimen de Franco) que ha sido sustituido por otro. Pues bien, veamos. España nació como patria católica y tiene su ser y sentido en la Fe Católica desde la predicación de Santiago a orillas del Ebro.

La restauración de España implica volver a darnos un orden político, social, económico, cultural regido por la Le Eterna o Ley de Dios (básicamente los Diez Mandamientos) y de la Iglesia (que expresan la obligatoriedad de poner en práctica de la Ley Divina o Eterna). Y si nos fijamos en la tercera acepción del término “Restauración”, la RAE se refiere directamente a la “reposición en el trono de un rey o del representante de una dinastía”. Esto es, Rey Católico y Dinastía Católica.

Vuelvo a repetir, esto es imposible. Simplemente un dato suficientemente significativo: el día 28 de junio de 2019 se renovó la Consagración de España al Sagrado Corazón y el Rey – y por lo tanto, la Dinastía - no estuvieron presentes.

Y sin embargo la Iglesia nos conmina a establecer un reino regido por las leyes de Dios y de la Iglesia, lo cual ya dejé (perdonen los lectores la autocita) argumentado en Instaurare Omnia in Christo. De todo este artículo destaco que “el Estado, cuya misión es el bien común -que es espiritual y temporal- está sujeto a la moral católica [16]. La autoridad surge y deriva del propio Dios, que es su autor[17]. Por lo que el Estado debe estar basado en Dios y movido por el imperio de su Ley, alimento de las leyes humanas y de las instituciones. De tal manera el Estado, como conjunto orgánicamente ordenado conforme a la Ley Divina, defiende y promueve la Verdadera Religión, fuente de bienestar y desarrollo [18].Pregunto ¿Cuántos católicos seglares, presbíteros u obispos conocen ustedes que defiendan esta doctrina y magisterio infalible?

Y es que en los últimos trescientos años –por lo menos- los hijos de la masonería (liberalismo y socialismo, ambos condenados infaliblemente por la Iglesia) han llevado y continúan llevando una acción destructiva sobre España haciendo que, a día de hoy, la Recuperación y Restauración de nuestra patria sea imposible.

Pero si no se puede Recuperar ni Restaurar España, en el estado presente de las cosas, de la sociedad y de las familias; tampoco se puede Regenerar, esto es: dar nuevo ser a algo que degeneró. Y menos aún “hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada”.

Es que, especialmente las últimas generaciones, los españoles han colaborado y colaboran activamente con los planes y modelos liberales y socialistas tramados por la masonería. Dicho plan, en su esencia, consistente en la destrucción de todo orden moral y justo (quiere decir recto, bueno, sabio, prudente).

Generaciones de españoles (católicos incluidos) han asumido que los modelos cultural, político, social y económico liberal y socialista son correctos, aceptables, incluso convenientes y –en todo caso- “es lo que hay”, y lo mejor es amoldarse y no remar contra corriente. Por su puesto, son modelos anticristianos (especialmente anticatólicos) sincretistas y eclécticos pero “qué más da, lo importante es que nos dejen vivir en paz”.

Con este modo de pensar no pueden extrañarnos que, a día de hoy, tengamos un sistema y gobierno dominado por necios e insensatos, inmorales y corruptos que han constituido una sociedad de multitudes a su imagen y semejanza. Y donde todos están contentos, chapoteando en la misma depravación. La que antes reinaba entre los pueblos, ahora no encuentra reposo. Ha pecado tanto, está tan llena de inmundicia que se ha hecho digna de desprecio de los que antes la honraban. Es increíble cómo ha caído y ya no hay quien la consuele (Lam 1).

Hemos perdido la Patria porque la mayoría de las familias y la sociedad ya no tienen a Dios como Padre. Por eso los españoles tenemos ya ni una nación porque de facto ha sido dividida en múltiples naciones. Y si no tenemos a Dios como Padre es imposible tener a un Rey-Padre, sólo un gestor común a toda la “nación de naciones” el cual sigue intitulándose rey. Y sin estos padres es imposible que las familias se sustenten sobre la paternidad. Ya sólo hay progenitores (uno y dos, o tres, ¿por qué no?). Y de ahí hemos pasado a la actual quema de los últimos retales de lo que antaño fuimos.

Es cierto que algunas asociaciones y algún partido, como VOX, intentan mejorar el estado actual de las cosas. Acción que comparto, pero también soy consciente que los esfuerzos realizados, que espero tengan éxito, sólo serán parches.

Si realmente queremos que España y los españoles se levanten otra vez, hay que hacerlo desde las rodillas. Nadie se puede levantar estando orgullosamente de pie, contento y bailando sobre su impudicia y desvergüenza.

Para levantarse hay que, primero, hincar las rodillas en esta tierra católica de España y sobre la cual la Virgen María anunció su especial protección, y donde el Sagrado Corazón prometió reinar. Clavar las rodillas firmemente en tierra delante del único y verdadero Rey y Señor, Jesucristo Crucificado en la Santa Eucaristía. Pero ¿cuántos se arrodillan hoy en el Santo Sacrificio del Altar?

¡De rodillas poneos todos los que me leéis! Primero, para pedir a Cristo perdón por nuestros pecados y por haberle traicionado. Segundo, para pedirle sea Norte.

Sólo entonces Dios nos permitirá restaurar y restablecer nuestra Patria y pondrán a un buen Rey Católico al frente. Será éste quien reponga el Sagrado Corazón en nuestro escudo y en nuestros estandartes y en nuestras banderas. Esta es la Promesa del Sagrado Corazón a Santa Margarita de Alacoque y al Beato Bernardo de Hoyos. Éste es el sentido profundo de la Consagración de España al Sagrado Corazón. ¿Nos creemos todo esto? Yo sí.

Por lo tanto, Alabad todos al Señor porque, a pesar de que los españoles se han endurecido y se han entregado al vicio, cometiendo sin freno toda clase de acciones impuras, todavía hay hombres que proclaman la llamada del Señor y están prestos a responder y a dar el buen combate de la fe (Jue 5,2; 1Tim. 6,12) por todo el mundo.

Por Dios y por la Patria. Viva España, Viva Cristo Rey.

 

Antonio Peña