La batalla de Nordlingen (Baviera, Alemania), entre el 5 y 6 de septiembre de 1634 fue una de las mayores proezas militares de los Tercios hispánicos. En ella el ejército español junto con el imperial alemán con un total de 32000 soldados causó una derrota decisiva a los 26000 soldados de la coalición formada por Suecia y los estados protestantes alemanes. El ejército católico hispano alemán estaba mandado por el hermano del rey de España Felipe IV, el Cardenal Infante Fernando, que a pesar de su condición eclesiástica (era arzobispo de Toledo y Primado de España) fue un excelente general y por el Archiduque Fernando de Habsburgo, (futuro emperador alemán Fernando III).

 

El excelente libro en 2 volúmenes, “El Cardenal Infante en el imposible camino de Flandes” compilado por Quintín Aldea Vaquero, recopila todo tipo de documentos relacionados con el viaje desde Italia del Cardenal Infante, con su ejército, que culminó en la batalla de Nordlingen y nos ofrece una descripción exhaustiva de ella. El momento decisivo de la batalla tuvo lugar cuando los soldados españoles del maestre de Campo Martín de Idiáquez (natural de San Sebastián) rechazaron 15 asaltos de la entonces considerada excelente infantería sueca, causándole grandes pérdidas.

 

El cronista Diego de Aedo, que participó en ella, describe así el momento culminante de la batalla:

 

“Acometía también en este mismo tiempo el enemigo y mucha caballería al puesto de Don Martín de Idiáquez con gran tesón y obstinación. El cual, acudiendo a todas partes en un caballo alto, ordenó con gran providencia a sus soldados que dejasen venir al enemigo muy cerca sin tirar hasta que él diese la seña y al tiempo de quererles dar la carga, se arrodillasen. Se hizo así y después que el enemigo les hubo dado la carga, que les pasó por alto y teniéndole tan cerca, hizo la seña Don Martín a sus mosqueteros, que dieron tal carga al enemigo que no se perdió bala, abriéndole sus escuadrones con gran mortandad.

 

Quince veces repitió el enemigo la embestida sin que pudiese ganar un palmo de tierra. Y no solamente esto, sino que salieron los españoles de las primeras filas para contraatacar al enemigo con gran valentía [….]

 

Acometido el enemigo y apretado del valor de nuestra gente comenzó por esta parte a desordenarse [….] y huyeron arrojando las armas, banderas y estandartes. Ha sido la más insigne, señalada y gloriosa victoria que jamás se vio y en que ha muerto mayor número de gente que en todas las batallas pasadas de Alemania”.

 

El cronista nos señala también que la batalla estuvo muy dudosa hasta el final, hasta el fracaso de los asaltos suecos a las posiciones de los Tercios que fue el momento culminante de la batalla que duró en total casi 20 horas. La fase decisiva había tenido lugar desde las 5 de la madrugada hasta las 12 del mediodía estando el ejército hispano imperial a punto de ser derrotado durante las primeras horas. Los soldados celebraron la victoria con música de trompetas y tambores. Y el Cardenal Infante abrazó en público a los maestres de campo Don Martín de Idiáquez y Don Gaspar de Toralto. (este último italiano) “Y conociendo que a ellos se les debía la victoria, la gente del Emperador gritaba a voces: “Viva España, que nos ha dado la victoria y el Imperio” dice Diego de Aedo. Murieron entre 10 y 15.000 soldados germano suecos y otros 10.000 cayeron prisioneros. En el bando hispano alemán murieron 3500 soldados.

 

Hubo muchos detalles interesantes también, referentes al viaje del ejército hispánico desde Milán a Baviera, en ruta hacia Nordlingen, buscando al ejército protestante.

El 14 de agosto de 1634 el Cardenal Infante había sido recibido oficialmente por el Príncipe Elector Maximiliano de Baviera en Braunau (la ciudad donde siglos más tarde nacería Hitler, que entonces formaba parte de Baviera). El Elector le hablaba en italiano y la esposa del elector en francés, pero el Cardenal Infante les contestaba en español. El 25 de agosto fue recibido oficialmente en Munich con gran solemnidad.

 

El cronista Aedo nos recuerda que: “era este Tercio de españoles de Don Martín de Idiáquez, de maestre de campo, capitanes, oficiales y soldados valerosos de experiencia y entre ellos había mucha gente particular, sargentos mayores, capitanes y alféreces, mucha nobleza y caballeros de hábitos”.

 

Así eran nuestros heroicos soldados. Se demostró en esta batalla que la formación militar española por excelencia, el Tercio todavía era invencible en batalla y había derrotado al considerado entonces mejor ejército del norte de Europa, el sueco. Precisamente esta batalla puso fin al dominio sueco en el sur de Alemania y después de ella Francia intervino abiertamente en la guerra para intentar evitar que se consolidara de nuevo el dominio español en Europa. Como ha señalado el eminente historiador Marqués de Lozoya nunca fue mayor el prestigio de España en Europa que en este momento, tras la batalla de Nordlingen. En pespectiva fue el canto del cisne de España como potencia dominante de Europa, el último momento donde la hegemonía hispánica sobre el continente europeo pareció incontestable.