En noviembre de ese año, 17 galeones españoles se enfrentaron contra 18 galeones y 28 galeras venecianas en una gran batalla naval en el Mar Adriático y el resultado fue adverso para la orgullosa flota veneciana y una brillante victoria naval española.

 

Todo empezó cuando un año antes Venecia, prohibió la navegación de la flota española por el mar Adriático, que consideraba de su propiedad.

 

Aunque Madrid aconsejó prudencia, el enérgico Duque de Osuna, virrey de Nápoles no estaba dispuesto a aceptar este ultraje y decidió enviar una flota de 17 galeones al mando del brillante almirante D. Francisco de Ribera, con 2500 soldados embarcados 

sin contar la marinería.

 

La flota española partió del puerto napolitano de Brindisi. Tras una semana de navegación, encuentra a una gran flota veneciana de 18 galeones, 28 galeras y 6 galeazas a la altura del puerto de Ragusa, la actual Dubrovnik, en la costa croata donde Venecia tiene numerosas posesiones. El Duque de Osuna está dispuesto a continuar la alianza con los uscoques, piratas albaneses que luchaban contra Venecia.

 

El 21 de noviembre ambas flotas, la española y la veneciana se encuentran. La flota veneciana está al mando del almirante Lorenzo Veniero. Una gran batalla se hace inevitable.

 

Los venecianos atacan en una gran formación de media luna, confiados en su superioridad numérica y comienza un intenso duelo artillero. El impetuoso almirante Ribera se lanza con su galeón insignia Nuestra Señora de la Concepción, de 46 cañones contra la flota enemiga y aprovecha hábilmente que en la flota veneciana, cogida por sopresa, muchas galeras están remolcando galeones con cables y la formación veneciana es presa de la confusión.

 

Mientras el resto de la flota española se lanza tras su capitana que llega a combatir sola contra 7 galeones enemigos. La oportuna llegada del resto de los galeones españoles equilibra la batalla y se estable un duelo artillero épico. Los cañones españoles causan un daño devastador en la sorprendida flota veneciana. Las galeras venecianas tratan de separarse rapidamente y sus galeones giran para poder disparar desde los flancos, pero es demasiado tarde. El galeón insignia veneciano San Marco, de 60 cañones, se hunde.

 

Las flotas se separan y a continuación una gran tormenta se abate sobre el escenario de la batalla y las agotadas flotas. Como la veneciana ha sufrido más, sale muy mal parada y 6 de sus galeras más dañadas en la batalla se hunden, según datos del propio historiador italiano contemporáneo Letti. La flota española, aunque dañada, consigue llegar al puerto de Brindisi sin sufrir ninguna pérdida.

 

La batalla fue muy famosa en la época y por ejemplo el célebre soldado de los Tercios Don Diego Duque de Estrada, que participó en ella la describe con detalle en su excelente autobiografía.

 

Venecia quedó momentaneamente humillada, pero unos pocos años más tarde conseguiría por la vía de la intriga lo que no había conseguido por las armas, deshacerse del Duque de Osuna, el enérgico y eficaz virrey español del sur de Italia.