6. Sistema educativo o mecanismo de ideotización y perversión de la juventud

En España se niega que haya acciones buenas o malas con independencia de tiempo y circunstancias. Es más, se niega incluso que exista una persona sexuada y se criminaliza al varón en nombre de un feminismo psicópata, que no es más que una mutación del viejo comunismo al sustituir la lucha de clases por la de sexos, por medio de la antidemocrática Ley de violencia de género que declara abolida la igualdad de los ciudadanos ante la ley. En España se destruye y corrompe la inocencia de los niños desde su más tierna edad con pornografía a raudales y se azuza las pasiones de los jóvenes con una nauseabunda «educación sexual», las campañas de reparto de preservativos a adolescentes, la droga y el alcohol a mansalva.

En España se arrebata a los padres el derecho a educar a sus hijos en la religión y moral que ellos decidan convirtiendo la escuela en un instrumento de adoctrinamiento ideológico al servicio del Estado con la imposición de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Mientras, se esconden las escalofriantes cifras del fracaso escolar y el ínfimo nivel educativo, especialmente de los centros estatales, fervientes seguidores de las teorías pedagógicas progresistas más delirantes. España sufre desde hace 40 años el modelo socialista de educación en el adoctrinamiento, cada vez más sectario, mientras el Partido Popular sólo miraba al economicismo como única seña de identidad y justificación de su existencia. Fruto del terrorismo pedagógico y cultural de la LOGSE y aún más todavía de la actual LOE son ya varias generaciones de analfabetos funcionales, con mentes arrasadas y adictos hasta la esclavitud a las nuevas tecnologías sin el menor conocimiento que proporcione criterios racionales para su existencia. La gran mayoría de los colegios de la Iglesia, tanto los diocesanos como los pertenecientes a religiosos, desde el concilio Vaticano II, han fracasado estrepitosamente en la educación católica de sus alumnos.

Lecturas recomendadas: Francisco Serrano, La dictadura de género. Una amenaza contra la justicia y la igualdad, Almuzara, Madrid 2012; Alberto Royo, Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento, Plataforma editorial, Madrid 2016; José Sánchez Tortosa, El culto pedagógico. Crítica del populismo educativo, Akal, Madrid 2019.

7. Conclusión: enmendarse o morir

España es una sociedad estancada en la inconsciencia colectiva del cáncer moral que padece y que le permite vivir tranquilamente mientras se dirige aceleradamente hacia el abismo. El país se encuentra cuarteado en sus estructuras básicas y removido en sus cimientos éticos constituyendo una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad. Si tal sociedad fuese creación de un pesimista empedernido o fruto de una imaginación delirante, febril, no causaría ningún tipo de preocupación y hasta podría convertirse en objeto de estudio y reflexión1. Pero esa sociedad desquiciada es la nuestra, es el ámbito en que vivimos el día a día de nuestra familia, trabajo, amistades y aspiraciones, por lo que la realidad adquiere un dramatismo inusitado y necesita que le apliquemos de inmediato un remedio radical. Porque la actual sociedad española es una sociedad decadente y gravemente enferma donde conviven y coexisten pacíficamente todas las lacras denunciadas y cuya descripción pormenorizada desafía toda imaginación.

Pero esta sociedad, precisamente porque es la nuestra, no debe ser mirada con desinterés, desprecio u odio, pero tampoco con la ideología del «buenismo» antropológico ingenuo y enfermizo. Necesita ser amada, pero para ser sanada antes de que el deslizamiento por la grasienta pendiente de la corrupción intelectual y moral sea irreversible. Ahora bien, dado que las enfermedades que la aquejan son muy graves y tienen carácter de metástasis generalizada, no podemos aplicarle un mero cataplasma. Y cataplasmas serían todos los remedios que no contemplen una profunda regeneración ética de cuantos formamos parte de esa sociedad.

Las estructuras son posteriores al uso y abuso de nuestra libertad. Por eso, ni la justicia, ni la política, ni la enseñanza, ni los medios de comunicación, ni la familia, ni la convivencia, ni la economía, saldrán de la deriva calamitosa en que se encuentran si las personas que son jueces, políticos, profesores, economistas, periodistas, padres y madres no cambian. En caso contrario, haríamos bueno aquello que el refranero español sentenció con extraordinaria sabiduría, justeza y sencillez de formulación: «Los mismos perros con distintos collares». Si quien está enfermo es el perro -la sociedad- es inútil cambiar solamente el material y el color de los collares -los partidos políticos-. Es necesario convertir a las personas porque no habrá ningún cambio político si antes no se produce un cambio cultural (pre-político), de ahí que lo que ahora necesitamos en España con absoluta urgencia es volver a Dios para recuperar el sentido moral disuelto.

La necesidad más urgente y general es un cambio ético radical que consiste en salir de nuestro egoísmo y entrar en la lógica del don y de la entrega, de la gratuidad y de la caridad, del sacrificio, de la paz familiar y social, de los conceptos eternos de Bien, Verdad y Justicia. Digámoslo claramente: necesitamos reconocernos pecadores porque en España se está pecando sin el menor remordimiento de conciencia y porque nuestras ofensas a Dios son muchas y graves y nos conducen a la autodestrucción personal y comunitaria. La raíz de todas las calamidades que afligen a España y que nos han abocado a esta situación límite es metapolítica, es decir, está más allá de las leyes. No se encuentra en la izquierda ni en la derecha; ni en la economía, ni en la judicatura; ni en la monarquía, ni en la Constitución; ni en el separatismo, ni en la educación; ni en la demografía, ni en los medios de comunicación. Se encuentra en el abandono masivo de la fe de nuestros antepasados, porque fue el catolicismo quien engendró a España y esta moribunda España se disuelve, en todos los órdenes, a medida que va consumando su apostasía de la fe. De ahí que necesitemos acudir con fe y esperanza al Dios del perdón y reiniciar el camino que, desde la unificación católica de España, el año 589 en el III concilio visigodo de Toledo, marcaba nuestra historia y nos hizo grandes en el mundo.

El grave problema de los análisis sobre la realidad política y religiosa, corrientes en los medios de comunicación, es su superficialidad debido a la falta de perspectiva filosófica e histórica, de ahí que degeneren rápidamente en poco más que chismorreo en torno a las declaraciones, casi siempre fraudulentas, de los demagogos de turno. Por este motivo he escrito Verdades y mitos de la Iglesia Católica. La historia contra la mentira. La cuestión no consiste solamente en reconocer que estamos ante un nuevo Frente Popular, sino sobre todo adoptar una línea para resistir y derrotarlo. Porque el actual Frente Popular consiste, al igual que el antiguo, en una alianza de separatistas y totalitarios que no tratará a la Iglesia de manera diferente a como lo hiciera su antepasado durante la Segunda República. Cuando se reconoce esta evidencia, en la que casi nadie parece reparar hoy, se entiende también por qué y para qué se libró la Guerra Civil, que el pueblo fiel y la jerarquía católica bautizaron como Cruzada, y, por consiguiente, la amenaza que se cierne sobre nosotros. La aspiración del Partido Popular se reduce a echar a Pedro Sánchez del poder para mantener el régimen de Zapatero, eso sí mejorando la situación económica, única preocupación de dicho partido, que nos ha conducido a esta situación de cambio de régimen: de la socialdemocracia a la dictadura comunista bolivariana. Hay alcaldes y concejales del PP que siguen retratándose con su asistencia a homenajes a las «víctimas del franquismo» y sus líderes criticando al PSOE por haber abandonado una «trayectoria democrática» perfectamente inexistente a la luz de su apabullante historial criminal, incluyendo su complicidad con los separatismos y su persecución legal y violenta del catolicismo.

Una gran masa de población piensa que todas las falsedades aquí denunciadas y sus leyes correspondientes no tienen importancia mientras la economía funcione, más o menos. En la triunfante cultura del consumo, el hombre no puede percibir el sentido histórico, social y trascendente de su destino vital. Esas personas son incapaces de salir de su reflexión «ombliguista» y ver las consecuencias humanas, religiosas y políticas de la ruptura de la continuidad histórica de España que la dictadura progre ya ha realizado y continuará implementando. Lo que significa la renuncia a la inteligencia que es tan sólo el prólogo a males mayores: la decidida marcha hacia el caos y la violencia que trae consigo el llamado «socialismo del siglo XXI».

Lecturas recomendadas: John Senior, La restauración de la cultura cristiana, Homo Legens, Madrid 2018; La destrucción de la cultura cristiana, Homolegens, Madrid 2018; José Miguel Gambra, Guillermo Escolar, La sociedad tradicional y sus enemigos, Madrid 2019.

1 Como por ejemplo las novelas distópicas Un mundo feliz, del agnóstico Aldous Husley o 1984 de George Orwell, comunista que luchó en la guerra de España encuadrado en las Brigadas Internacionales. Ambas están escritas en los años 30, sin embargo, sobrecoge su cumplimiento profético en la sociedad actual. Un mundo feliz es una profecía satírica de un mundo de seres clonados, una sociedad fabricada eugenésicamente, a cuyos miembros se les droga con abundante alimentación, sexo fácil y un producto denominado «soma», que adormece la mente. 1984 al igual que Rebelión en la granja, es una crítica sin paliativos del socialismo real, marxismo-leninismo o más popularmente conocido como comunismo, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, considerada por el progresismo de izquierdas el paraíso en la tierra. No obstante, el análisis de Husley es más profundo, porque al igual que en el siglo XIX hicieran grandes pensadores de la talla del tradicionalista Donoso Cortés (Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, Create Space, Madrid 2017) o del teórico liberal Alexis de Tocqueville (La democracia en América, Alianza, Madrid 2017, 2 vols.), describe una democracia sin valores que es, al mismo tiempo, un totalitarismo encubierto, una perfecta dictadura, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían con sacudirse la tiranía, ni tan siquiera evadirse de ella. Se trata de un sistema de auténtica esclavitud donde, gracias al consumismo, el libertinaje sexual y la enorme oferta de entretenimiento dirigido, los esclavos amarían su servidumbre a un poder ilimitado.