Normandía, ínsula de Sark, ducado de Normandía. Sark es una pequeña isla en la Bahía de Guernsey, al suroeste del Canal Inglés, a 25 millas de la costa francesa de Normandía. Hasta 2008 siguió vigente la ley del Chief Pleas, una suerte de rigurosa y estricta remembranza feudal. Un Seigneur se encargaba de ejercer el poder, título de carácter hereditario. Todo esto hasta hace 11 años.

Escasos 500 habitantes, vivían sin automóviles, ni calles asfaltadas, ni alumbrado público. Para qué, obvio. Nada de absurda (sin comillas) modernidad. Los únicos vehículos permitidos eran carruajes tirados por caballos,  bicicletas, tractores y carritos de paseo con pilas. La única motorización, bicicletas para ancianos o minusválidos. Sin contaminación ambiental, acústica o lumínica. Dos bares, dos hospederías, una escuela. Maderos y matasanos, voluntarios...

Esta isla fue hasta 2008 plenamente feudal. O plenamente feliz.

 

Nuevos feudalismos

¿Existiría un peligroso correlato entre el feudalismo y lo que en gran medida sucede en nuestro devastado mundo contemporáneo? El Orbe occidental, señero. España, más. Señores feudales prosiguen usufructuando las ventajas de la domesticación social que saben crear. Élites privilegiadas retienen el poder político, el Poder, por decenios. Un (neo)sistema feudal organizado ha generado y solidificado actitudes políticas, económicas y sociales que se unirían en una red aparentemente inatacable.

 

Sorotan Bele

Como los míticos Celtas Cortos, nuestros queridos celtarras, en euskara. En vascuence, canciones cañeras con empaque irlandés. Zortzi orduko ekaitza, tormenta de ocho horas, pulquérrima lucha del hombre contra la furia del mar. Esta canción de profundo amor marinero nos explica que se escuchan truenos en esta orilla del mar. Trumoiak sumatzen dira, itsasertze honetan, momento culminante e inspirador de la Fiesta pagana de Mago de Oz. Canción protesta contra la Iglesia medieval denunciando la represión de ésta y sus señores feudales. Esas alianzas. Ellos tienen el clero y nosotros nuestro sudor. Del mar al feudalismo medieval. Txus di Fellatio, del barrio de Begoña, Madrid, aclara el nombre de la banda, haciendo referencia a la mítica película: la vida es un camino de baldosas amarillas, en la que andamos en compañía de otros buscando nuestros sueños. De la misma condición, no es el pueblo ni un señor. Sin negar jamás las bondades de El Altísimo, o de alguna forma aproximada de divinidad, se denuncia el fariseísmo de sus representantes en la tierra, capaces de mixturar sin rubor espantosos crímenes y oraciones. Una cruz amarrada al cuello permitía cualquier demencia. Y la permite, en tantas ocasiones. Benditos pretextos. Triviales y crueles coartadas. En fin.