Siento un gran respeto por mi paisano Julián Besteiro. Sí, digo bien paisano, de Lugo, porque para quién no lo sepa Julián Besteiro Fernández no nació el 21 de septiembre en la madrileña Costanilla de Santiago, 15, y sí el 14 de septiembre del mismo año en Cima de Vila, lugar de la parroquia de Santa María de Franqueán en el municipio de El Corgo, lindero con el de la capital y el de Castroverde, los dos lugares y referentes de mi infancia y juventud. A los pocos días de nacer fue trasladado con sus padres a la casa que éstos mantenían en Madrid, como familia acomodada.

Dentro de pocos meses se cumplirá el 150 aniversario de su nacimiento, a mi entender la figura más egregia y más carismática de un socialismo de auténtica honradez   -no la que nos han vendido-,  de rectitud, de justicia, de conocimiento, de cultura y de bonhomía.

Y traigo su figura ahora a colación por lo que el partido al que perteneció y que tan bastardamente le trató está a punto de consumar una felonía, que sin duda nunca él aprobaría, como otras muchas que  tampoco nunca aprobó y que le llevaron a la postergación y la marginación dentro de su propio partido.

No es menester que traiga aquí a colación sus méritos personales y profesionales: catedrático de Ética, Diputado, Presidente de las Cortes, líder del PSOE y de la UGT, a pesar de los cuales tuvo un inmerecido e injusto final en la cárcel de Carmona, habiendo sido de los pocos miembros de izquierda que permanecieron en Madrid a la llegada de las tropas nacionales. Su actitud, no fue como la de otros correligionarios que cogieron camino de Alicante o Valencia para embarcar a América o la frontera de Francia.

Frente a este socialista español, patriota, íntegro y defensor de su nación, hoy está al frente del mismo partido en el que Julián Besteiro militó un desaprensivo, psicópata, ególatra, capaz de mentir en el Congreso, de obtener méritos sin esfuerzo y valía alguna y de decir hoy una cosa y mañana la contraria.

A punto está el aspirante a presidente de vender la Nación, el Estado y el sistema constitucional a sediciosos convictos y comunistas mediante unas execrables alianzas que harán trizas esta milenaria Nación, en una escenificación vergonzosa y vergonzante de tener que asistir que quien decidirá el presidente del Gobierno del Estado depende del giro del pulgar de un penado y de otra ralea secesionista y que antaño sembró España de terror.

No menos importantes son sus futuros socios de Gobierno, chiquilicuatres de asamblea de facultad de mis años de la segunda mitad de los 60, bien pasados por el unte narco-bolivariano y adláteres,

Reconozco a estas alturas de mi vida que he recorrido un largo viaje ideológico de ida y vuelta, desde aquellos años jóvenes, luego maduros y hoy casi viejunos. Siento que la izquierda que debió haber sido no lo sea y esté a años luz de su ideario y haya tomado una deriva insensata y perversa. Desgraciadamente el Psoe no es hoy ni un partido, ni socialista, ni obrero, ni mucho menos español. Ha retomado el mismo camino de los muchos errores que cometió a lo largo de su historia.

La baronía y los ya viejos socialistas reeditados con ideas y dinero de la socialdemocracia alemana, están acuartelados en sus confortables cuarteles de invierno y aquí no pasa nada, salvo que alguien ya ha dictado sentencia de muerte para este partido, por supuesto, con efectos retardados.

Yo no milito en el Psoe, pero siento una inmensa vergüenza de ver que en este partido no exista ningún Besteiro que levante la cabeza y diga basta. Algunos que digan que la libertad de su nación no se compadece con un silencio cómplice y que su voto en el Congreso no se vende por un salario a tiempo parcial, ni por una canonjía caciquil, ni sirve para pagar favores a traidores. Ya saben, aquello de  ... Roma no paga traidores. Pues, eso.