En el verano de 1895 la isla de Cuba ardía en guerra. El 8 de agosto una banda de 80 guerrilleros “mambises” cubanos atacaron un fortín militar español junto al pueblo de El Ramblazo, en la zona de Camaguey. Su objetivo era cortar la circulación de trenes militares españoles entre la ciudad de Puerto Príncipe y el puerto de Nuevitas, siendo la situación del citado fortín especialmente importante al respecto.

 

Su guarnición era de tan sólo 17 soldados pertenecientes al Regimiento de Infantería de Tarragona. Su resistencia fue épica. Al cabo de casi 24 horas sólo quedaban en condiciones de luchar 3 españoles. El resto estaban muertos o heridos. Cuando los cubanos, que habían sufrido fuertes bajas, se disponían a lanzar un último asalto que se presumía definitivo, llegó justo a tiempo un socorro español a cargo de la Comandancia militar del distrito, que liberó el fortín y puso en fuga a los independentistas cubanos. El Coronel Rocabertí, comandante del Regimiento se cuadró ante los soldados supervivientes y les abrazó uno a uno.

 

La hazaña galvanizó a la opinión pública y la prensa española de la época. Los soldados supervivientes fueron tratados, justamente, como héroes. Destacó especialmente el soldado Isidro Sanvicens Bonet, natural de Lérida.

 

Recibió 5 heridas de bala. Sin dudarlo, arrastrándose y perdiendo gran cantidad de sangre no dejó de disparar y abastecer de balas a sus compañeros. Se le llegó a dar por muerto pero finalmente pudo recuperarse. Recibió la Cruz Laureada de San Fernando.

 

Fuente: “Cuba española. Crónica de la insurrección cubana. Volumen II (1896)” de Emilio Reverter Delmás.