En el día de hoy, tengo la dicha y fortuna de arrellanar en el trono de los entrevistados a Don Javier Navascués Pérez, polifacético escritor que dirige la revista Hispanidad Católica, que colabora, en calidad de columnista de opinión, con el portal Infocatólica y que deja una huella indeleble en los lectores de El Correo de Madrid a través de sus flamantes y cautivadoras entrevistas, que jamás dejan indiferente a nadie. 

Tras esta reseña introductoria, abrimos el telón y damos paso a una entrevista sobre un tema bastante inusual, insólito, poco manoseado o escasamente manido, que es el de profundizar, a nivel filosófico, en la humildad como virtud de primer orden y como reina madre de otras virtudes.     

Indicas, en tu artículo Humildad, divino tesoro, que los filósofos clásicos confeccionaron una lista de más de 300 virtudes, pero que no tuvieron la sabiduría suficiente para incluir la humildad, a sensu contrario del cristianismo, que tuvo la capacidad reflexiva de descubrir esta virtud y ensalzarla. ¿Por qué piensas que estos sabios no fueron intelectualmente capaces de dar con ella y los cristianos, en cambio, sí?

Me gusta mucho la pregunta y sus matices. Más que descubrirla es una virtud infusa. Los secretos del Reino de los Cielos son dados en primacía a los sencillos. Los poderosos ya están muy ocupados en “misa”..., en lo que llaman “mis asuntos”. Es mucho más difícil ser sabio que santo. Para ser sabio necesitas consagrar tu vida plenamente al estudio y tener muchos dones y cualidades intelectuales. Para ser santo lo puedes ser siendo un Fray Escoba en un monasterio e incluso siendo torpe hasta manualmente. Sin embargo hay muchos más sabios que santos. Yo he entrevistado a muchos catedráticos, verdaderas eminencias en diferentes materias, pero no estaría seguro si he entrevistado a ningún santo, tal vez a algún sacerdote mayor muy virtuoso.

La soberbia se define como el deseo desordenado de la propia excelencia y todos, (menos la Santísima Virgen), por el fomes peccati tenemos la naturaleza estragada para el paladeo de la humildad (de que nos tengan en poco) que se torna áspera y desabrida a nuestro ego. Aparentamos ser humildes, con la falsa humildad de Guardiola, pero cuando nos remueven el amor propio somos como esas aguas estancadas que quietas son inodoras y al removerlas se tornan mefíticas y hieden.

Tenemos la tendencia desordenada a dar pábulo a esa tentación y creernos la última coca cola en el desierto. La naturaleza caída tiende a una especie de narcisismo intelectual. Antaño los clásicos conocían las virtudes cardinales como la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza, todas ellas muy necesarias, pero a nivel humano. No se había encarnado Dios con la novedad de la Buena Nueva y valga la redundancia. El bienaventurado muchas veces no es el triunfador según el mundo, sino el pobre, el humilde, el que no cuenta. Ese que decimos que es un matao, igual está mucho más arriba que nosotros a los ojos de Dios

Pero el mundo pagano desconocía las teologales de fe, esperanza y caridad. Ese es ya otro nivel, es la NBA de la virtud, el nivel sobrenatural.

La fe se define como el asentimiento libre y racional a la verdad revelada. Para asentir libremente a lo que Dios quiere de nosotros, cuando se rebela, se requiere humildad. Reconocer nuestra nada y miseria y que somos criaturas dependientes del Creador, que amorosamente nos sacó de la chistera de la nada y nos dio el ser. Nosotros existimos, entre infinitos seres que pudo haber creado Dios. El existir en sí es un milagro. Somos el espermatozoide que ganó esa durísima carrera, de millones y millones inscritos, en pos del óvulo. El segundo, el tercero, etc son “seres” que no existirán jamás, por intentar entender de manera burda este insondable misterio.

Si estamos agradecidos a Dios por el inmenso don de la existencia y reconocemos nuestra contingencia y dependencia con respecto a Dios, debemos ser humildes. Y es sabio ser humilde, ¿De qué sirve rebelarse contra el ser todopoderoso? De nada, miren lo que le pasó a Lucifer. El no serviré, no le llevó a conquistar el cielo por asalto como quiere hacer Podemos, si no a la eterna desdicha. ¿De qué le sirvió a Adán y Eva claudicar ante la frutar prohibida? De nada. De “eternas vacaciones” en el paraíso, a ser expulsados para ir a currar la tierra con esfuerzo y miserias.

6

Cuando la gente habla de un domperfecto, alude casi siempre a su belleza, a su inteligencia y a su posición social. ¿Por qué, en su manera de entender la perfección, no entran la caridad, la humildad ni la valentía? ¿Piensas que incurren en el mismo error que aquellos filósofos clásicos que, entre tantas virtudes, no supieron ver la humildad?

Ese domperfecto, me recuerda a don diablo de la famosa canción. La vida de sentidos, desprovista de trascendencia es muy limitada, pues no sacia esa sed de eterna de infinito, esa hambruna de plenitud. Yo en concreto con la gente atea, que sólo piensa en el mundo, generalmente, salvo excepciones, me aburro mucho.

La belleza primaveral se marchita al atardecer de la vida, la inteligencia se puede evaporar con un ictus y la posición social puede ser flor de un día. Pensemos en los nobles decapitados en la Revolución Francesa o los Zares rusos. Somos los que somos ante Dios, no ante la apariencia de los hombres. Felipe II al morir y ver su pecho pútrido y un festín de gusanos, añoró haber sido hermano lego en un convento. Grande ante Dios es el que hace su voluntad con perfección. El ejemplo eximio es la Santísima Virgen, que dijo FIAT (Hágase en mí según tu voluntad). La Virgen, a imitación de su hijo divino, no tenía otro manjar que hacer la voluntad de Dios, que en esto consiste esencialmente la santidad. En frase teresiana no hay que buscar otras algarabías que hacer la voluntad de Dios. La verdadera grandeza es la santidad. ¿De qué me sirve tener un Ferrari o un palacio si luego me condeno? Quien se salva sabe todo, quien no se pierde para siempre.

Pensemos en el famoso presidente del Real Madrid, que al parecer murió de un infarto en una orgía. Dios quiera que le diese tiempo a hacer un acto de contrición perfecto y recemos por él. Pero si se condenó, ¿de que le sirvió su dinero y poder?. Para entrar al cielo no sirve ni siquiera ser presidente del mejor club del mundo. 

Muchas personas, contaminadas con el materialismo del mundo moderno, ven la humildad como un signo de debilidad. ¿No piensas que el dominio de esta virtud nos hace más fuertes?

Pensemos que la criatura más humilde es la Reina y Señora de lo todo creado. Menuda debilidad ser la dueña del Universo. La palabra humildad proviene del término latino humilitas, de la raíz humus, que significa tierra (que es lo más bajo aparentemente), pero paradójicamente también humus significa fértil. Nada más fértil que un alma humilde, pues deja que Dios obre maravillas en ella. Su etimología griega dimana del término tapeinosis, que significa tapete, alfombra, algo que pisa todo el mundo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos pisar (sufrir oprobios y desprecios) por amor a Cristo?

Es más poderoso el Poverello de Asís, San Francisco, cuando se desposa con la dama pobreza por amor a Cristo que el se casa con Cristina Onasis.

Por tanto, si la humidad nos hace tan sumamente fuertes, ¿se la podría considerar la madre de otras virtudes?

Cervantes afirma en el famoso Coloquio de los perros que: "La humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y que sin ella no hay ninguna virtud que lo sea realmente".

 

Decían los sabios clásicos que la sabiduría empieza por conocerse a sí mismo.

 

Pensemos en los grandes deportistas. Muchos de ellos si han triunfado, ha sido por su humildad y su capacidad de trabajo. Cristiano Ronaldo, aunque parezca estar en las antípodas de la humildad (y se creyese rico, guapo y un crack) después de los partidos se queda a seguir entrenando. Drazen Petrovic pidió la llave del pabellón para ir a entrenar por las noches. Pelé, mientras sus compañeros de equipo se iban de picos pardos, él siempre se iba a dormir muy pronto antes de un partido. Gaudí decía que la inspiración siempre le venía trabajando. Pensemos en pintores como Ferrer-Dalmau, totalmente entregados a su pintura, dedicando su vida a ello.

 

Pasando al plano sobre natural los santos tenían una visión muy baja de sí mismos. El cura de Ars quería irse a un monasterio a llorar y reparar por su pobre vida. San Rafael Arnáiz una semana antes de morir se veía como un pobre hombre y creía que la humildad no la conocía ni por el forro. Santa Teresa se avergonzó al ver lo mal que había pagado esas llagas de Cristo con una vida mediocre en el convento, hablando vanidades a través de la reja con doncellas legas.

 

A Santa Bernadette la tenían el convento como a una inútil, de Santa Teresita decían que como iba ser santa si era una monja muy normalucha. San Ignacio de Loyola al ser superior vestía con porte, pero tenía deseos de vestirse como un loco, con la cara pintada y con plumas par sufrir burlas y oprobios por Cristo. Ahora no recuerdo que santo iba a columpiarse como un niño para que le tuviesen por simple. A San Felipe Neri al ofrecerle la dignidad episcopal dijo que sólo quería el cielo....Podríamos poner millones de ejemplos. Les invitamos a leer vidas de santos, que ha sido los verdaderos sabios y por lo tanto humildes, que se han dejado moldear por Cristo. Es el santo es siempre el mejor negociante, el que troca el oropel de los fastos mundanos por la áurea corona inmarcesible.

5

¿Crees que la humildad, el aceptar que nos corrijan, nos puede ayudar a crecer?

 

De sabios es rectificar y dicen los libros sapienciales que el sabio acepta la corrección y el necio no. Tenemos el ejemplo del mismo Cristo que dice: “aprended de mí que soy manso y humilde corazón”. No dice que aprendamos de él porque hizo los cielos.

 

Es bueno dejarse aconsejar por el que sabe más en cualquier faceta. Eso sí, por el que sabe más, no por personas tóxicas que nos corrijen de manera hiriente, sin la debida autoridad. Para eso ayuda mucho la filosofía tomista, que nos hace comprender como son las cosas en realidad. Cuesta mucho ser humilde, pero él sólo hecho de querer serlo es buena señal porque el soberbio ni se lo plantea. La humildad es la verdad, también en frase teresiana.

 

¿Cómo puede un periodista ser humilde y huir de la vanidad, de que le lean, le admiren, le consulten, etc?

 

Santo Tomás era el hombre más sabio, el cerebro más potente de la Historia de la Humanidad, pero era humilde porque reconocía con sencillez que esa sabiduría venía de Dios. Balmes, en su libro El Criterio, nos enseña a reconocer las cosas como son en la realidad, ni más ni menos. Sabiduría es conocer las virtudes y los talentos y hacerlos fructificar con naturalidad, sin vanidades vacuas. No decir: no sé escribir casi si sabemos que escribimos bien, sino no darle importancia. Si nos dicen, por ejemplo, que escribimos bien, decir "gracias" con naturalidad y cambiar de tema. También es reconocer las faltas y corregirlas, para esto ayuda el examen de conciencia diario o combatir más la virtud dominante, en mi caso la pereza. Aunque la gente crea que soy muy activo, me tengo que hacer violencia, hasta para responder esta entrevista, que me ilusiona especialmente.

 

¿Quiere añadir algo humildemente a modo de colofón y fin de fiesta?

Espero que esta humilde entrevista no sólo les haya entretenido, sino que de fruto espiritual y les ayude a entrar pisando fuerte en esa difícil ciencia de la humildad, que tanto nos cuesta o a seguir perseverando en ella, pues es el camino del triunfo, pero del verdadero: la vida eterna. Decía Unamuno que para entrar al cielo había que atravesar una puerta muy pequeñita donde sólo caben los humildes y que él era ya adulto y demasiado mayor.