Hace unos años un insigne periodista español nos comentó a un grupo de amigos en Jerez de la Frontera que no estaba lejos el día en que la figura de Francisco Franco sería rehabilitada y restaurada en la Historia de España y ante los ojos del Pueblo Español. Y ese día ha llegado con la exhumación de sus restos mortales.

Desde ahora, ante la consumada profanación, Franco ya se ha ganado el interés y hasta la admiración de los profanos en la Historia, de los que sólo se dejaban guiar en este asunto por los cantos de sirena de los medios de comunicación de masas, por esa serpiente del paraíso televisivo que nos inocula su virus de forma virtual en nuestras mentes.

Desde ahora, con la exhumación, este Gobierno socialista en funciones en todo menos para esta sádica finalidad, de forma inconsciente ha vertido masivamente los anticuerpos contra ese virus del odio y de la mentira contra Franco. Según las encuestas más recientes, hasta la mitad de los votantes del Partido Socialista repudia esta humillación injustificada.

Desde ahora, con cada episodio que se conozca de su persona, tanto de su vida militar como de estadista, se elevará con fuerza ante los asombrados ojos de los españoles, que hasta sus detractores se conmoverán.

Estamos a las puertas del Centenario de las Campañas de Pacificación del Rif (1920-1927) donde el Franco militar se nos manifiesta como un Héroe mitológico a la altura del General romano Publio Cornelio Escipión El Africano, porque fue Franco quien batallando sobre el terreno pacificó ese indómito territorio, pacificación que aún existe en el Rif y que paradójicamente no en la España actual.

Ya lo dijo el Nuncio apostólico en España, Pedro Sánchez ha resucitado a Franco. Desde hace casi 2.000 años no se conocía un episodio como el de aquellos Legionarios romanos que custodiaban el Santo Sepulcro y el milagro que contenía. Y ahora, salvando la abismal distancia entre ambos contextos, nos encontramos con que son guardias civiles armados los que han deambulado por un Templo sagrado como es la Basílica del Valle de los Caídos, porque así se lo ha ordenado la Delegación del Gobierno, y ante la complicidad del Sanedrín episcopal actual que ha abandonado a quien ostenta la máxima condecoración de la Iglesia Católica, la Orden Suprema de Cristo.

La Bestia ha rugido desde el abismo su profundo grito de triunfo en el rencor y venganza de su obra consumada, pero ese grito perderá su eco en el abismo de las almas rencorosas.

Lo podrán exhumar, pero su figura histórica ha sido resucitada, y esa resurrección ante la Historia provocará un terremoto en las estructuras sociales y políticas de nuestra Nación, porque nada hay más propicio para ensalzar por el Pueblo que aquello que ha sido humillado injustamente por el poder político. Esta cuestión trascenderá nuestras fronteras, al igual que ya son Legión los sacerdotes de base que están en las redes sociales manifestando su rechazo a la profanación de una tumba cristiana.

Hace unos meses publiqué un artículo sobre la Memoria Histórica de la vivienda social en España, donde comparaba la protección social de la vivienda de los españoles en el Régimen bajo Franco y lo que vino después, evidenciando el actual desamparo en donde incluso, como ha trascendido recientemente, el propio Arzobispado de Madrid ha autorizado la venta de 700 viviendas sociales a un Fondo Buitre, que ya ha enviado las preceptivas cartas del pre-desahucio a sus moradores.

Al final, tanto ha sido utilizado Franco para tapar las vergüenzas, incongruencias, contradicciones y afanes electorales, que el ofendido y atribulado con la profanación de sus restos mortales va a ser restaurante en todo su Ser, con sus aciertos, hoy ninguneados, y también con sus errores, siempre exagerados por sus contrincantes.

Nos encontramos casi seguro en el umbral de una resignificación del personaje histórico, atacado y vilipendiado durante décadas, hasta el extremo que la profanación de su tumba hará de catarsis de una transformación en su valoración nacional y mundial, que en poco tiempo hará palidecer a los que por activa y por pasiva han contribuido a ello.

 

Guillermo Rocafort

Historiador y Jurista