No acabo de entender por qué unos restos que llevan bajo tierra más de cuarenta años hayan de ser exhumados en contra de la voluntad de sus familiares y sobre todo me resulta aún más incomprensible que la sentencia favorable del Supremo para que esto se pueda llevar a cabo suscite un regocijo desmedido en tantas personas, a no ser que su corazón esté podrido por el odio y el rencor.

Seguramente que los deseos del Sr Sánchez y sus secuaces de sacar a Franco del Valle de los Caídos se van a ver cumplidos, pero por muy legal que ello quiera presentarse no deja de ser un hecho sórdido, que no tiene en cuenta los derechos más elementales. Esta fechoría del Sr Sánchez va a consumarse con el silencio cómplice de los cobardes y la inhibición de los traidores y desleales, repartidos por los diversos estamentos y partidos políticos. La posibilidad de llevar a cabo esta canallada, al igual que el resto de tropelías perpetradas al amparo de “la memoria histórica”, más que por méritos propios del Sr. Sánchez hay que atribuírselo a quienes teniendo la obligación de enfrentarse a tanta desvergüenza e ignominia, han preferido mirar para otra parte. ¿Qué fuerza parlamentaria en su momento se opuso a sacar a Franco del Valle de los Caídos? Para vergüenza de esta sagrada Nación hay que responder que ninguna. Increíble pero cierto.

Teniendo en cuenta la situación que hoy se vive España y haciendo los cálculos pertinentes, se llega a la conclusión de que saciar las ansias de venganza en asuntos como éste no tiene el menor coste político, al contrario, seguramente hasta puede resultar favorable en las próximas confrontaciones electorales. No solamente esto, sino que una decisión tan arbitraria como la exhumación de Franco ni siquiera ha llegado a suscitar ningún tipo de alarma social, ni política, ni religiosa, ni militar, ni judicial. Nada de nada. Otra cosa bien distinta hubiera sucedido en el caso de un intento de profanación de la tumba de Pablo Iglesias, retirar los monumentos a la Pasionaria, Carrillo, o de cualquier otro dignatario de izquierdas, protagonista de los acontecimientos más tristes de la reciente historia de España.

La sectaria ley de la memoria histórica con dos varas distintas de medir, lo que está haciendo es desestabilizar la convivencia nacional. Cuando más necesitados andábamos de reconciliación, más crispación se está generando por culpa de esta ley inicua, cuando más necesitábamos hablar de perdón más revanchismos están saliendo a flote, lo cual no deja de ser enormemente peligroso toda vez que la venganza, al igual que cualquier otra torcida inclinación que acecha a la condición humana, resulta insaciable. Los vicios siempre piden más sin darnos ningún tipo de tregua. El placer de la venganza dura poco y deja siempre un vacío de insatisfacción que necesita ser alimentado con nuevas venganzas. Quizás por eso no bien concluido este primer episodio de la exhumación de Franco ya se está pensando en borrar del mapa el majestuoso monumento-basílica de la Sta. Cruz del Valle de los Caídos, o cuando menos dedicarle a otros a menesteres no ajenos a una siniestra intencionalidad política.

Desgraciadamente este próximo objetivo a la vista, el supuesto revanchismo lo tienen al alcance de la mano, después de una campaña demoledora en la que este sagrado lugar ha sido denostado ante la opinión pública y presentado como un monumento en honor al fascismo, como un lugar de los horrores, donde miles de presos murieron y fueron torturados, como si se tratara de un campo de concentración, donde se vivía en condiciones infrahumanas cuando en realidad y según consta en los archivos, el Valle de los Caídos siempre quiso ser símbolo de la concordia nacional, construido en honor a los caídos por ambos bandos. A tal respecto el prestigioso periódico New York Times publicaba por aquellos años que con esta edificación Franco ofrecía al bando derrotado un ramo de olivo. Durante los 20 años que duró su construcción solo murieron 14 personas, según unas fuentes y según otras 18 personas. Lejos de ser un lugar de horrores era un lugar apetecible donde los presos acudían voluntariamente, nunca forzados, cobrando lo mismo que los trabajadores libres y además allí podían redimir penas. 16300 presos con pena de muerte, incluso alguno con dos por crímenes con delito de sangre, cometidos fuera del campo de batalla, veían como la pena capital a la que habían sido condenados era conmutada por 30 años de prisión que luego podían quedar reducidos en torno a los 7 años. Por aquí pasó el popularmente conocido como “el matacuras”, porque según su propio testimonio había matado a 5 sacerdotes y que bien podía ser un buen ejemplo de cuanto estoy diciendo.

 Además de cobrar su sueldo y redimir sus penas, incluso los días que estaban inhabilitados, tenían una casa donde podían vivir con sus familias y unas escuelas donde podía llevar a sus hijos, que en su mayoría cursaron el bachillerato, pudiendo acceder posteriormente a la Universidad, en unos tiempos donde no era tan fácil cursar estudios superiores para el resto de los ciudadanos españoles. En fin, teniendo en cuenta todas las circunstancias concurrentes, trabajar en el Valle de los Caídos era para los presos una bicoca. Esta es la realidad, que el bando de los resentidos trata de destruir supuestamente movidos por sentimientos de venganza y que seguramente no tardarán mucho en conseguirlo, aunque para ello no les sea suficiente un Decreto Ley sino dos o tres; pero es igual porque en esta nuestra pobre España todo es posible. ¿Quién se lo va a impedir?  

Hay algo no obstante que para su desgracia nunca podrán hacer estos supuestos revanchistas, que es borrar la realidad vivida en España durante casi cuarenta años gloriosos, transcurridos bajo el mandato de Franco. Podrán falsear la historia, podrán como lo han hecho imponer su ley de memoria histórica, suprimiendo la libertad de expresión y poniendo mordazas a los historiadores imparciales; podrán actuar como inquisidores castigando a los que no piensan como ellos, podrán incluso conseguir, si es que no lo han conseguido ya, que la gente se trague sus patrañas y mentiras. Lo que no podrán es impedir que lo que fue deje de ser. Lo que no podrán impedir es que Franco haya sido ese personaje excepcional, uno de los más grandes de la historia universal, llamado a ocupar para siempre un lugar privilegiado que ya nadie le podrá arrebatar. Estamos hablando según testimonios fidedignos de un hombre modesto, humilde, sencillo, moderado, austero, prudente, disciplinado, patriota, estadista de altos vuelos, valeroso militar con una personalidad adornada por acendrados valores humanos y cristianos, como bien quedó reflejado en su testamento y por encima de todo un enamorado de España a la que sirvió con lealtad y por la que luchó y se jugó la vida.

Lo que tampoco nadie podrá impedir es que España llegara a ser Una, Grande y Libre, a quien no pudo subyugar el despotismo soviético comunista. Esto es algo que las izquierdas nunca podrán encajar. Su trascendental victoria sobre el comunismo ateo supuso no solo la salvación de España sino también la salvación de la cultura cristiana de Occidente. Así lo reconoció en su día la iglesia, deshaciéndose en elogios hacia su persona y condecorándole con la máxima distinción al nombrarle caballero de la Suprema Orden de la Milicia de Ntro. Señor Jesucristo, que muy pocos pueden ostentar.

No solamente Franco, también su gigantesca obra, ocupan ya un puesto privilegiado en la historia, inasequible a todo intento de revanchismo. La España rota que él encontró se convirtió en una nación articulada, construida sobre la justicia, la paz y el orden. La España sustentada en estructuras medievales fue trasformada en una nación moderna, que con el esfuerzo de todos los españoles consiguió colocarse como la novena potencia económica mundial. La labor social llevada a cabo por Franco es digna de todo elogio, solo un ignorante o malintencionado puede ponerla en duda. Se consolidaron las clases medias y los españoles pudieron vivir una vida digna, donde no faltaba el trabajo y una vez superados los malos momentos de la posguerra, en los hogares españoles tampoco faltó pan y lumbre. La seguridad social llegó a los trabajadores, la sanidad se vio fortalecida con buenos profesionales y una importante red de hospitales, la cultura se hizo extensiva a todas las clases sociales, sin distinción de credos ni ideologías. Ahí ha quedado como ejemplo “La ley General de Educación de 1970”, siendo Ministro del ramo el Sr Villar Palasí. A todas estas conquistas habría que añadir el logro de una sociedad cohesionada, sin enfrentamientos y una familia estabilizada inspirada en los valores cristianos, santo y seña de esa España decente que yo tuve la inmensa suerte de conocer y de disfrutar, tanto que se hizo tópico el dicho de que España representaba en esos momentos la reserva espiritual y moral de Europa. Parecerá exagerado lo que estoy diciendo, pero eso fue lo que yo viví y lo que yo recuerdo. Para evitar suspicacias diré que realicé mis estudios universitarios con mil dificultades y nunca disfruté de ningún tipo de beca.

 Con toda seguridad que la exhumación de los restos de Franco no va a cambiar la historia para nada, aunque eso sí, no deja de resultar un hecho vergonzoso, primero por la supuesta intencionalidad con que ha sido perpetrado y en segundo lugar porque se trata de un hecho totalmente despótico y arbitrario, que no ha tenido en cuenta los derechos elementales de los familiares.

Ángel Gutiérrez Sanz ( Catedrático de Filosofía)