“Viene Castilla soportando en silencio desde hace muchos años toda suerte de ultrajes, menosprecios y vejaciones de elementos importantes de Cataluña, donde políticos, secretarios, literatos, colectividades y periódicos parecen haberse conjurado para hacer odioso el nombre castellano, comprendiendo en este calificativo a todo lo español

Allí se ha escarnecido nuestro hermoso idioma que ha dado al mundo tantas obras inmortales y que hoy hablan muchos millones de personas al otro lado del mar. Se nos ha dicho que somos una raza inferior. Se nos ha inculpado de ser responsables de la decadencia española por causa de nuestro imperialismo. […  ]

La propaganda corrosiva, que disfrazándose con los nombres de regionalismo, autonomismo y nacionalismo encubría más hondos fines, se ha arrancado la máscara, concretando en un proyecto de autonomía sus aspiraciones y esas aspiraciones vulneran de tal modo la soberanía de España que no pueden pasar sin la enérgica protesta de todo aquel que se llame español. […] No debe Castilla, no debe España contestar a la exigencia catalana más que con una rotunda negativa. […]

Castilla, depauperada y modesta pero conservando su dignidad no ha caído tan bajo que se apreste a ser esclava de nadie. Las Diputaciones provinciales de Castilla y León, reunidas en el viejo solar de sus mayores afirman la unidad intangible de España conservando el Estado su plena soberanía

Estamos a favor de una amplia descentralización administrativa de municipios y provincias pero nos oponemos terminantemente a que ninguna provincia o región de España obtenga autonomía que menoscabe el poder único y soberano de la nación española. Por ello, antes que consentir o pasar por disgregaciones de parte del territorio español, Castilla apelará en defensa de su integridad a cuantos medios las circunstancias impongan”.

Esto es un resumen del manifiesto, verdaderamente notable, que las Diputaciones de Castilla y León, incluyendo a Santander y  Logroño entregaron y leyeron al Presidente del Gobierno, conde de Romanones el 6 de Diciembre de 1918. Después fue entregado oficialmente al Jefe del Estado, Alfonso XIII.

Este manifiesto a favor de la solidaridad nacional y netamente contrario a la campaña a favor del Estatuto de Cataluña alcanzó una notable repercusión en la prensa y la política nacional.

Fuente: El moviment autonomista a Catalunya dels anys 1918-1919. Josep Maria Poblet.