Lo más seguro es que la mayor parte de los lectores de El Correo de Madrid sepan perfectamente quien fue Arturo Robsy. Pero cabe la posibilidad de que alguien lo desconozca, no haya tenido ocasión de leerlo ni haya tenido la fortuna de que se lo presentaran, cuando menos, literariamente.

Mi camarada Arturo Robsy fue -es, en presente- un español de una pieza y un falangista firme, sereno e inasequible al desaliento. Fue también un escritor fino, presta siempre la ironía y -cuando era menester, que lo era mucho- el sarcasmo dispuesto a desasnar cuadrúpedos mentales.

Hombre de buen humor, hombre bueno en el buen sentido de la palabra -pero sin un pelo de tonto-, siempre fue fiel a España, a la idea Nacionalsindicalista y -eso tan importante- a si mismo, que es la única forma de ser fiel a los demás.

Hombre generoso, siempre dispuesto a echar una mano a quien lo hubiera menester, dejó en Internet buena parte de su obra a libre disposición de quien la buscara. En este enlace pueden encontrar algo, y desde ahí ir buscando lo demás.

Con Arturo Robsy se me fue uno de esos grandes camaradas que ayudan a mantenerse firme; uno de los grandes amigos y uno de los grandes maestros. Y hoy - cuando hace cinco años ya de su ida a los luceros- quiero compartir su recuerdo -buen vino junto a la hoguera bajo estrellas altas- con todos aquellos que lo conocieron y con todos aquellos que deberían haber tenido la ocasión de conocerlo.