A la muerte de Franco el Régimen debía evolucionar.

No era posible un “franquismo sin Franco”. Había cambiado sustancialmente el contexto socioeconómico nacional e internacional, y no había nadie que tuviera las capacidades, prestigio y experiencia de gobierno que Franco.

El Régimen había experimentado una permanente evolución, adaptándose a las circunstancias, algunas muy difíciles, pero conservando siempre su esencia: España, Una, Grande y Libre

 

Desde el propio Régimen se preparó la Transición

Lo previsto no era el paso de una dictadura a una democracia. Era el intento de transformar una democracia orgánica para que fuera homologable con las del entorno europeo.

En el Régimen de Franco las libertades individuales (las verdaderas y esenciales libertades) estaban reconocidas y garantizadas, aunque algunas colectivas estuvieran restringidas.

En la actual democracia liberal o partitocracia, tanto las libertades individuales como las colectivas están reconocidas… pero realmente mucho menos garantizadas. Vg. Inviolabilidad del domicilio, propiedad privada, seguridad personal etc. (delincuencia e impunidad)

 

Dos posibilidades de evolución del Régimen: REFORMA o RUPTURA

REFORMA: Evolución y apertura conservando la esencia: España Una, Grande y Libre. Proyectos de Fraga y Areilza. El más elaborado y viable el de Fraga

Esta reforma o evolución era la deseada por el llamado “franquismo sociológico” que era la gran mayoría de los españoles, como acreditó el resultado de la votación de la Ley para la Reforma Política. Por el contrario la oposición antifranquista promovió la abstención (votar no era votar la continuidad del franquismo). La abstención alcanzó del 22/% entre los que deben contabilizarse; los antifranquistas que propugnaban la ruptura y los franquistas “puros” que se oponían a cualquier transformación del Régimen además de los que por una u otra razón no quisieron o no pudieron votar.

RUPTURA: Demolición desde sus cimientos de la estructura del Régimen. Era el deseo de la “oposición antifranquista” que eran los enemigos de Franco, de España y de la Corona. También era el deseo de la Corona, pero logrando que la oposición antifranquista la respetara. El resultado de la votación (Sí un 94% de los votos emitidos) dejaban claro que el pueblo español quería una reforma, pero no una ruptura.

Fue sorprendido en su buena fe por la inercia política que le llevaba a seguir confiando en el Gobierno, y por ello fue objeto de un descomunal engaño, al materializarse mediante una ruptura la demolición del Régimen.

En base a ello puede decirse que LA RUPTURA, fue la demolición de UNA ESPAÑA, GRANDE Y LIBRE mediante UNA, GRANDE, ESTAFA.

El actual “Proces” de Cataluña inspirado en la Transición

“La Transición” se propuso como una “reforma” aunque en realidad escondía una voluntad de “ruptura” con el régimen político anterior. Y se hizo posible mediante la llamada “Ley para la reforma política” con el famoso eslogan “de la ley a la ley” cuya esencia era crear una ley… para incumplir la ley.

Ahora lo está reeditando el independentismo catalán con su “Ley de Transitoriedad Jurídica” mediante la que pretende que sea legal lo que contraviene la legalidad constitucional vigente. Exactamente igual a como en su día se hizo con la Ley para la Reforma Política cuya finalidad era derogar la legalidad de la Constitución de 1966 que había sido aprobada por el pueblo español en el referéndum del 14 de diciembre de 1966.

La diferencia estriba en que actualmente los poderes del Estado, como es lógico, se han opuesto a la quiebra de la legalidad establecida en la Constitución de 1978, mientras que en el caso de la Ley 1/1977 de la Reforma Política fueron precisamente los poderes del Estado los que diseñaron e implementaron una “quiebra legal” de la legalidad vigente, por lo que bien pudiera decirse: De la ley a la ley… para pasarse por el “forro” la ley

 

¿Transición? No: TRANSACCIÓN

La TRANSICIÓN o paso de una democracia orgánica, y un régimen presidencialista autoritario, a una democracia inorgánica encarnada por una monarquía parlamentaria (de una “dictadura” a una “democracia” según la “posverdad” imperante) es en realidad una TRANSACCIÓN pues fue la venta de de la España Una Grande y Libre a sus enemigos, a cambio de que no cuestionaran la Corona.

Hoy los enemigos de Franco, de España, de la Constitución de 1978 y de la Corona la cuestionan. Y trabajan activamente para derrocar la monarquía porque Roma traditoribus non reddere.

El glorificado “consenso” de la Transición, fue en realidad una partida de naipes entre tahúres del Mississippi, en que unos se sentaron a la mesa faltando a lo que habían jurado, y otros con el designio de faltar a o que iban a jurar. Y de aquellos polvos estos lodos.

Y para finalizar dos consideraciones:

 

Las enseñanzas de la historia

Es cierto que la historia de los pueblos, como los ríos, no puede fluir hacia atrás. Pero en ambos casos, cuando un “desmadre” ha provocado una catástrofe, procede la modificación del cauce y la disposición de elementos de contención para evitar una nueva tragedia. Esto era en esencia el Régimen de Franco, surgido de la legitimidad del 18 de julio y origen de la actual legitimidad constitucional (“recibo del Jefe del Estado la legitimidad surgida el 18 de julio de 1936”) Pero cuando faltando al juramento empeñado se procede a demoler las obras que garantizaban la seguridad de la población, y se vuelven las aguas a su anterior cauce, es cuestión de tiempo que un nuevo “desmadre” provoque un nuevo desastre. Y es sabido que en los desmadres, así de los ríos como de las colectividades humanas, al final siempre se hace imprescindible la presencia del ejército para remediar la catástrofe.

 

Unas nociones de táctica

Solamente la acción ofensiva conduce a la victoria. La defensiva solo debe adoptarse cuando la inferioridad obliga a ello y debe ser temporal, localizada, e imbuida de espíritu ofensivo. En otro caso la defensiva siempre estará abocada a la derrota.

La pretendida concordia de la Transición, fue un loable intento de conseguir la paz política tras haberse consolidado la convivencia y la paz efectiva entre los contendientes. Pero los hechos posteriores han demostrado que uno de los contendientes jamás quiso esa concordia y trató por todos los medios de hacerla inviable, llevado del vil aforismo que dice: “lame la mano que no puedas morder”. Hoy se siente ya suficientemente fuerte como para morder esa mano que, de forma tan generosa como imprudente, se le tendió. Por ello de forma solapada al principio de la Transición, y a cara descubierta desde la promulgación de la infame ley 52/2007 pretende romper con lo pactado y acabar con la Constitución de 1978 y con la Corona. Dar cima a su propia idea de la “Transición” cuyo objetivo no es otro que proclamar la Tercera República volviendo a la pretendida “legalidad anterior al 18 de julio de 1936”. Por ello estamos asistiendo al intento de lograr su último objetivo. En este sentido, la profanación de la sepultura del Caudillo, exhumando sus restos del Valle de los Caídos, tiene por finalidad, además de saciar un odio y rencor luciferino, enterrar en esa fosa a la Corona. Como ha dicho con acierto Jiménez Losantos quien conoce muy bien a sus antiguos correligionarios porque no hay mejor cuña que la de la propia madera.

Así pues, quien realmente quiera defender la constitución de 1978 y a la Corona, debe saber que su esfuerzo defensivo será inútil, si no pasa a un vigoroso contraataque reivindicando la figura de Franco y la legalidad de su Régimen. Desenmascarando para ello el procedimiento torticero con el cual fue conculcada. Es preciso divulgar entre las nuevas generaciones de votantes las realidades que se recogen en esta disertación. Y cuando se haya recuperado la posición perdida, y solamente entonces, será el momento de plantearse volver al “statu quo” anterior.

Hace tan solo unos días el gobierno vasco ha pedido una “reforma” de la Constitución en la que se reconozca el “derecho a la autodeterminación” alegando que la Constitución de 1978 no fue votada por una mayoría del pueblo vasco. Es evidente que si se les reconociera ese supuesto “derecho” al tener traspasadas las competencias en educación, antes de una generación (veinticinco años) conseguirían mediante una votación la independencia. Que sin duda es su objetivo. También piden que se modifique el artículo 1-3 de la Constitución si tras un referéndum el pueblo español se pronuncia sobre si la forma política del Estado debe ser Monarquía o República. Idénticas peticiones hace el Gobierno Catalán y diversos partidos políticos de izquierdas: el nuevo “Frente Popular” que ahora, como en 1936 es “conjunción rojo-separatista”

Se reitera que ante ello, el limitarse a defender la Constitución de 1978 y la Corona, estará condenado al fracaso. Se hace imprescindible que, utilizando sus propias armas y argumentos (que la reforma política fue una ruptura no querida por los españoles) se pida el regreso a la legalidad de la Constitución de 1966 e insistir en ello hasta conseguir que en toda España una mayoría social pida un referéndum para una nueva ley de reforma política que permita embridar la Constitución de 1978 solucionando sus dos problemas más graves (que además están e íntimamente relacionados) La desintegración del Estado y su inviabilidad económica. O alternativamente, la derogación de la Constitución de 1978 y el regreso a la legalidad de la Constitución de 1966. No cabe duda de que, ante esta disyuntiva, las fuerzas políticas empeñadas ahora en aniquilar la Transición, la Constitución de 1878 y a la Corona, optarán por su defensa con la esperanza de no perder las ventajas alcanzadas.

Los enemigos de España han roto ya el BPZR[1] y se aprestan a iniciar la explotación del éxito que les permitirá alcanzar su último objetivo. Se hace imprescindible lanzar un enérgico contraataque para recuperar todo el terreno perdido como única forma de estar en condiciones de de volver al statu quo anterior. La alternativa es la derrota. Y la vergüenza reflejada en el poema “Los vencidos”

Decir finalmente que esta disertación puede parecer en exceso vitriólica en contra de la “Transición” pero está motivada por la infame ley 52/2007 que ha satanizado a Franco y a su ingente obra y cuya penúltima infamia es la intención de profanar los restos del Caudillo.

De llevarse a cabo tal ignominia, a corto o largo plazo será “casus belli”

El evitarlo es pues la única forma de salvar a la Corona y a una Constitución que requiere una urgente y profunda reforma. Pero precisamente en el sentido contrario al que preconizan quienes piden su reforma con la intención de alcanzar una ruptura que les permita proclamar la tercera república fiados de que “a la tercera va la vencida” sin considerar el otro refrán que dice: “no hay dos sin tres”

En cualquier caso, los enemigos de Franco, de España, de la Constitución de 1978 y de la monarquía, están empleando las mismas argucias que en su día se emplearon para demoler el Régimen de Franco y la Constitución de 1966 que lo representaba.

 

HISTORIA MAGISTRA VITAE

El paralelismo entre los acontecimientos que tuvieron lugar en España desde la Restauración Borbónica de 1874 en la persona de Alfonso XII, hasta la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931, guardan una sorprendente -y preocupante- similitud con los que estamos viviendo desde esta segunda restauración de 1975 (que Franco quiso instauración de una nueva monarquía en la persona de un rey de la dinastía destronada)

Pues bien, entre 1874 año de la restauración borbónica y 1931 año de la proclamación de la segunda república, transcurren 57 años. Espacio temporal que se cumplirá desde esta Segunda Restauración Borbónica de 1975 en el ya cercano año 2032.

Pero hay además otra concordancia inquietante. La Primera Guerra Carlista (una guerra más ideológica que dinástica) tiene lugar entre 1833 y 1840. Y entre 1936 y 1939 (o 1934-1939 si consideramos iniciada la última guerra civil con la revolución de octubre) prácticamente cien años después, tiene lugar la Cruzada de liberación Nacional que en muchos aspectos se puede considerar -así lo hacen algunos historiadores- como una cuarta guerra carlista.

Pues bien, se da la circunstancia de que en el año 2036 también se cumplen los cien años del último enfrentamiento bélico entre españoles. No es pues exagerado hablar de “concordancias inquietantes”      

¿Resulta imposible la repetición del drama? Dios así lo quiera. Y ciertamente parece imposible, pero también es cierto que igual pensaban aquellos españoles de las generaciones pasadas que los sufrieron.

Y si tenemos en cuenta que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla sería cuestión de “hacérselo mirar”....

Y de dejar reposar en paz los restos del Caudillo.

 

[1] Borde Posterior de la Zona de Resistencia de una posición defensiva. Que en ningún caso debe rebasar el enemigo.