Sánchez Albornoz fue presidente del Gobierno de la II República en el exilio, embajador de España en Portugal durante la II República, ministro de Estado en 1933 con Lerroux en el segundo bienio reformista de la CEDA. Se exilió en el 36 y ocupó plaza universitaria como profesor en las universidades de Buenos Aires y Mendoza. Es la referencia principal del Medioevo como historiador. Y  podríamos decir que fue maestro de maestros. Gran hispanista y amante de su patria, de la que en ningún momento dudó que era la cuna de la hispanidad en el mundo.

 

En su libro “El drama de la formación de España y los españoles” que escribió para rebatir a su eterno rival de teoría histórica Américo Castro, el cual abogaba por un enfoque diametralmene opuesto afirmando que nuestra estirpe como españoles está cuajada de sangre judía, mora y cristiana, y que eso nos da la estirpe, en consonancia con la actual posición de lo políticamente correcto; decía en el año 1971, cinco antes de regresar a España y morir donde añoraba volver tras décadas de alejamiento, lo siguiente:

 

Para conseguir superar nuestras flaquezas, puesto que conocemos los peligros que nos acechan de ver renacer las violencias de nuestra herencia temperamental bimilenaria al romperse los diques de nuestra fraternidad histórica − he señalado las sucesivas explosiones ocasionales de nuestra ruda y antañona estructura funcional en el correr de los siglos − ¿por qué no esforzarnos en llegar al mañana por sendas de colaboración y de paz? El energumenismo crítico y el energumenismo operativo pueden ser vencidos por la penetración del bienestar y de la cultura hasta las masas y por la superación pacífica de los desniveles multiseculares que el suelo hispano y el curso de la historia han hecho perdurables entre los peninsulares”

 

Dudo, sinceramente, que estos señores que pretenden gobernarnos desde posiciones antagónicas a este mensaje de reconciliación, con la “penetración” de la cultura y del conocimiento real de nuestro pasado común histórico, necesario para no repetir graves errores, hayan entendido una sola línea de lo que pidió humildemente, implorantemente, Sánchez Albornoz, un republicano convencido de la necesidad de la reconciliación nacional.

 

Volvemos a las andadas. Estamos próximos a un nuevo gobierno frentepopulista con un inepto fanático de convicciones superficiales, empeñado a devolvernos a las dos Españas enfrentadas.

 

Dudo que pudiera soportar, si viviera Don Claudio Sánchez Albornoz, el actual panorama estúpido y revival de ese empeño suicida de destruirnos entre nosotros, de amargarnos el futuro y de hacer tabla rasa de las glorias pasadas y del heroico legado  de nuestros antecesores en ese trasunto civilizatorio que es la hispanidad. Es matar al padre, violar a la madre y renegar de los hermanos. Nunca tanta vileza se ha producido como ahora, salvo en tiempos en que la obediencia a Stalin se impuso sobre el interés colectivo por la convivencia y la paz.

Abomino de tanta gente guiada como ovejas hacia el matadero, a la degeneración y el enfrentamiento dividiendo maniqueamente entre buenos y malos divididos en dos frentes, cada uno de ellos enconado contra el otro, en una borreguil y cenutria concepción enfrentada del mundo y las cosas.

Una parte de nuestro país sirve dócilmente a los hispanofóbos y a los de la secular leyenda negra que desde el siglo XVII viene de la mano de los francófilos, eternamente imperofóbicos porque se trataba de sustituir una hegemonía civilizatoria con  otra incivil. No hay más que leer las obras de Elvira Roca Varea “Imperiofobia” (27 ediciones) y ”Fracasología”. Ella lo documenta magistralmente de forma irrebatible. Estamos en manos de alucinados arrastrados por logias de obediencia anglo o franca, que desde siglos atrás disputaron su prevalencia del imperio español, incluso pactando con los turcos cuando estaban a las puertas de Viena, a punto de hacer islámica a Europa. Si no es por España nuestra civilización habría desaparecido del mapa.

 

“Cada país de Occidente ha contribuido de modo distinto a la forja de la unidad comunal que todos integran. Se comete injusticia contra España al minimizarse por tirios y troyanos  −por nuestros émulos de ayer y por nosotros mismos− sus servicios a Europa. ¿Se me lapidará si me atrevo decir que entre las creaciones filosóficas europeas y la doble empresa de la lucha contra el Islam y del descubrimiento, conquista y colonización de América, nuestra doble aventura ha sido mucho más eficaz para la vida de Occidente? No se olvide de la revolución que la empresa americana produjo en la metodología científica y que convirtió al Atlántico en el mar de la civilización e incorporó a esta a millones de hombres”

 

Estamos en un perfecto y sincronizado ataque a todo lo que eso significa. ¿Es casual que todo Hispanoamérica esté hirviendo en un magma de excitación con una inestabilidad como nunca se ha visto? ¿Es normal que España siga ese mismo camino? ¿Qué ocurre con la hispanidad que parece que es pasto de las llamas? ¿Es mera circunstancia o algo más?

 

Ese humanismo y civilización en los prolegómenos del derecho internacional y de los derechos humanos de los que fueron fuente Francisco de Vitoria y las leyes de Indias de Isabel la Católica, en nada tuvieron parangón con  lo acontecido con otras potencias colonizadoras en el mundo. Por ejemplo, hace unas pocas décadas aún prevalecía la segregación racial, y eximía de derechos a aborígenes en Australia (hasta los años sesenta del pasado siglo). Y está siendo atacado sin piedad. Y de ello son cómplices quienes  abogan por minimizar el concepto de la  Hispanidad, tal como la concebía el asesinado por las hordas frentepopulistas el vitoriano Ramiro de Maeztu en su obra “En defensa de la hispanidad”. Ahí reside la fuente y germen  de España y su concepto de nación generadora.

 

Esa obra civilizatoria que puso en valor el catedrático Luis Suárez está en peligro pues se ha borrado del mapa en los currículos escolares. Está siendo convulsionada  desde el afrancesamiento de compatriotas que denigraban a su propio país uniéndose al coro antihispano.

En otras ocasiones he procurado registrar el tríptico de fatales coincidencias que han sacudido nuestro ayer inmediato. He copiado antes la frase que se atribuye a Felipe II:´Con veinte inquisidores he mantenido a España en paz´. Y he observado la realidad de que mientras muchos millones de europeos se mataban brutalmente por sus disidencias religiosas −hugonotes  contra católicos, católicos contra luteranos...− los españoles vivían pacíficamente fieles a la Iglesia romana. Vivíamos en paz, a lo que creo, más que por la violencia inquisitorial, por nuestra coincidencia nacional y popular”

 

Así veía Sánchez Albornoz la realidad de la historia contra tantos tópicos falsos que han producido un efecto letal en la cosmovisión colectiva que nos lleva a la disolución.

 

“El castellano ha triunfado  frente a los escritores de las otras regiones. Sólo el nacionalismo de fines del siglo XIX ha resucitado la producción literaria de las mismas. Y en algunas muy pobremente, pese a los entrañables elogios a figuras de tercera categoría.”

 

Y, sin embargo, los traidores a España están intentado erradicar la presencia del español en las aulas, diluir nuestra cultura común, modificar cognitivamente la consciencia de los niños de su herencia cultural.

Al forjar la España futura no deben olvidarse otras realidades. Vasconia y Cataluña han ordeñado y siguen ordeñando a su placer la vaca española. Galicia no ha sido oprimida por Castilla sino por sus caciques locales. Y ellos y políticos de todo el cuadrante  geográfico hispano: gallegos, asturianos, vascos, catalanes, mallorquines, levantinos, andaluces, extremeños... han gobernado a España y, en primer lugar a Castilla. En un siglo, solo tres o cuatro castellanos han ejercido muy pasajera acción sobre la vida política nacional española

Podrán idearse fórmulas de convivencia muy distintas para articular la España del futuro. Pero, que no se sueñe en volver a hacer a Castilla la cenicienta de la Península. Hermandad política sí, pero con igualdad fiscal para todos los que quieran seguir siendo españoles. Y punto final al ordenamiento de la vaca española”

 

            ¡Pobre D. Claudio, su voz quedó diluida en el desierto!

 

“España no como Italia sino como parte alguna de la tierra es apropiada para hacer y rehacer la guerra por la naturaleza del país y de sus habitantes” dijo Tito livio.  Y Pompeyo Trogo dijo de los hispanos que·”Tienen el cuerpo preparado para la abstinencia y la fatiga y el alma para la muerte” y “Prefieren la guerra al descanso y cuando no tienen enemigo exterior lo buscan en casa”

 

Pues así andamos, condenados a no vivir en paz. En el círculo de Sísifo.