Durante la batalla de Casabona, 8 de septiembre de 1921, el teniente Juan Sanz Prieto, natural de Torrelaguna, es gravemente herido por los moros siendo trasladado al hospital de Melilla y más tarde a Madrid al hospital San José y Santa Elena.   

El entonces  Teniente Coronel Primer Jefe de la Legión Extranjera D. José Millán Astray escribe a sus padres una carta resaltando entre otros los valores del teniente.

 

 

Melilla, 11 de septiembre de 1921. Sr. D. Juan Sanz Vera.

 

Mi más querido y distinguido señor. Esta carta quisiera fuese escrita con la pluma más brillante y áurea con que se hayan relatado los fastos militares. Su heroico hijo, el teniente de la Legión Extranjera D. Juan Sanz Prieto, ha llegado en el rudísimo combate de Casabona a los límites del heroísmo; su conducta fue la más distinguida entre todos, y a ella asistimos 25 jefes y oficiales y 500 soldados legionarios. En ella cayeron, entre unos y otros cien, y de ellos, veinte para siempre. Su hijo, el teniente Sanz Prieto, fue de los primeros en el asalto a la posición fortificada enemiga; fue el primero en el asalto a los camiones blindados en poder del enemigo; luchó con energía indomable hasta que cayó toda su gente, y por último, como si quisiera poner un nimbo a su gloria, cayó con la mayor gallardía, a pecho descubierto erguido como un león, atravesado por una infame bala que nos ha separado, aunque, gracias a Dios y a la querida Virgen, por poco tiempo, de uno de los más queridos y admirados de nuestros compañeros. A mi lado cayó, y solamente el dolor que su respetable madre, cuyos pies beso, y usted, señor, que es su padre, pueden sentir, es la medida del que yo sentí. Cayó como una torre que se desploma, le recogimos amorosamente, le cuidamos con ansiedad infinita para defender tan preciosa vida y, en medio de aquel rudo combate y en medio de sus dolores, no decía su heroico hijo el teniente Sanz Prieto, otra cosa más que ¡Viva España! Y ¡Viva la Legión! El médico señor Del Río, también amigo de Juanito, hízole una cura tan rápida y atinada, que salvó su vida; quiero que sepan el nombre de este médico amigo de su hijo para que le guarden ustedes la debida gratitud. Terminado el combate, dejándolo todo, fui corriendo al hospital para verlo, como si fuese mi hijo, y sepan, mis queridos señores, que usurpé noblemente el puesto de ustedes y besé lleno de cariño la frente del héroe. La Virgen, que nos protege, le ha protegido a él y, aunque la herida es dolorosa, no pone en peligro su vida y hay muchas esperanzas de que cure pronto su hijo querido. No sé si concederán recompensas a estos oficiales, y así como la nobleza del corazón de su hijo le impide tener ninguna bastarda ambición y no piensa en premio alguno, yo, que soy el jefe de él; yo, que todo lo que hago se lo debo a mis oficiales únicamente, pues soy el peor de este cuadro de héroes, sí pido, sí demando recompensa para los que, como el teniente D. Juan Sanz Prieto, su hijo, saben llevar al Arma de Infantería a las cumbres de la gloria y del honor. Nosotros le cuidamos y velaremos por él todo lo que las necesidades del servicio nos permitan; está contento, está orgulloso y ayer, cuando fui a verlo, dormía reposado sueño, que velé largo rato sentado a los pies de su cama. Reciban ustedes, mis más queridos y respetados señores, la gratitud más profunda de este modesto Jefe de los legionarios por habernos dado un hijo como el de ustedes, el teniente D. Juan Sanz Prieto.

 

Soy su más afectuoso amigo, que les besa las manos, José Millán Astray.

 

Agradecer a Juan Sanz Corral el haberme permitido fotografiar la carta, enmarcada y no en buen estado, para acompañar a la biografía que sobre el citado teniente escribí el año 2017 y que di a conocer en la Biblioteca Juan de Mena en Torrelaguna, de la cual Sierra Norte Digital informó a sus lectores.

 

Artículo de José Pérez