El 4 de febrero de 1860, durante la guerra entre España y Marruecos, tuvo lugar la batalla de Tetuán, en la que el ejército español derrotó a las fuerzas marroquíes, con especial protagonismo de los Voluntarios Catalanes y el general Prim. El 6 de febrero fue tomada Tetuán, la ciudad más importante del norte de Marruecos junto con Tánger. El hecho desencadenó una enorme alegría y una auténtica explosión de patriotismo en la España de la época. Las fiestas fueron realmente multitudinarias en todas partes, especialmente en Cataluña. En nuestros días resulta difícil hacerse una idea de lo que fue aquello en la España de la época y establecer una comparación con algo similar. Tal vez sólo la victoria de España en el Mundial de Fútbol de 2010 podría parecerse un poco, aunque seguramente la celebración del Mundial quedó por debajo.

Afortunadamente tenemos descripciones exhaustivas de lo que fue aquello por parte de periodistas de la época. Una de las más detalladas es la del periodista Evaristo Ventosa en su excelente obra en 2 volúmenes sobre aquella guerra “Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África”. Vamos a repasar, porque realmente vale la pena, la descripción de aquella celebración popular, centrándonos en Cataluña. Como las fiestas fueron enormes en toda Cataluña vamos a centrarnos primero en lo que se vivió en Barcelona. En un próximo artículo trataremos sobre la celebración en el resto de poblaciones de Cataluña. Se trata de una de las páginas de la historia de Cataluña más ocultadas por el nacionalismo.

Sobre las 8 de la mañana del 7 de febrero de 1860 llegó a Barcelona vía telégrafo la noticia de la toma de Tetuán por las fuerzas españolas. Nos cuenta Ventosa que a partir de ese momento la noticia se difundió vertiginosamente y ”todo el mundo abandonaba sus quehaceres y acudían gentes de toda condición, llenas de júbilo a la plaza de la Constitución o de San Jaime, ansiosas de ver confirmada tan grata noticia”. Cuenta Ventosa que hacia las 11 de la mañana un joven leyó en medio de la plaza, ante la multitud un parte del Capitán General, confirmando la noticia de la victoria en la batalla y la toma de Tetuán y entonces la alegría no tuvo límites”. Los estudiantes abandonaron las clases y salieron a la calle, así como la mayoría de la gente dejó el trabajo y empezó a salir en masa.

 La gran campana de la Catedral, conocida popularmente como la “Tomasa” repicaba solemnemente y “gran número de banderas españolas eran llevadas como en triunfo por calles y plaza vitoreadas por gran número de personas de todas las clases de la sociedad”. Todas las campanas de todas las iglesias de Barcelona repicaban ya. A esas horas gran número de balcones empezaban a decorarse con banderas y colgaduras de colores. “La animación era extraordinaria y nunca vista”. La banda municipal de música así como las bandas de los cuerpos de guarnición militar y coros orfeonistas empezaban a recorrer las calles. Se tocaba la Marcha Real y músicas populares, entre las aclamaciones de la multitud.

Los Gigantes de Barcelona hicieron su aparición en la plaza de San Jaime. Él llevaba en la manos un estandarte marroquí humillado hacia abajo y ella una bandera española con el escudo de la ciudad.  “En todas partes se oían músicas y vivas y se veían banderas”. Se difundieron una serie de bandos oficiales del Ayuntamiento llenos de patriotismo español (en otro artículo los comentaremos con detalle). A mediodía las calles de Barcelona eran recorridas por grandes grupos de personas, destacando especialmente los estudiantes, “enarbolando multitud de banderas españolas”.

 El pendón de D. Juan de Austria en la batalla de Lepanto fue expuesto en el balcón del Ayuntamiento y el Obispado anunció una solemne procesión y Te Deum para el día siguiente.  A la 1 del mediodía, con la plaza de San Jaime ”repleta de una inmensa muchedumbre” se vivió un nuevo momento cargado de emoción. El presidente de la Diputación Provincial de Barcelona, Víctor Balaguer (personaje y literato clave de la Renaixenca, del que hoy, como de muchos otros autores catalanes de la época se oculta que era profundamente españolista y de hecho escribiría un detallado libro sobre esta guerra) salió al balcón y leyó un poema que había compuesto titulado: A la Bandera Española”

“Victoria, la anuncia rugiendo el León, Victoria proclama tronando el cañon, y henchida de gozo, radiante de gloria, repite Victoria la Hispana nación”. Cuenta Ventosa que al oír la última frase el público atronó la plaza con una gran ovación. Esta breve poesía se imprimió en miles de hojas que la gente agotó. Ya por la tarde y en las primeras horas de la noche los cafés estaban llenos. Las calles y plazas seguían atestadas de gente a pesar del frío. En los cafés la gente leía espontáneas poesías patrióticas y brindaba por España. La gente bailaba por las calles, que seguían siendo recorridas por las bandas de música. Las tiendas de géneros textiles y de de punto tuvieron la idea de decorar sus mostradores con piezas de ropa formando los colores de la bandera española.

A primera hora de la noche tuvo lugar un desfile encabezado por niños y miembros del Casino Mercantil, cerca de la Lonja. Una bella joven representaba alegóricamente a la España victoriosa Los hombres portaban banderas españolas y ”ostentaban sobre sus pechos lazos con los colores nacionales”. Cerraba el desfile un gran número de coches (de caballos) de lujo. En la plaza del Beato Oriol, donde estaba el Cuartel de Bomberos, los bomberos formaron con sus carros, escaleras y otros útiles de su oficio una perspectiva en cuyo centro estaba, entre banderas españolas, el retrato de Isabel II. (Entonces los bomberos no eran “nostres”)

Las calles y plazas estaban tan atestadas de gente que no se podía circular, cuenta Ventosa. Había fuegos artificiales. En muchas tiendas sus dueños pusieron murales con el escudo de España aplastando a las banderas de Marruecos. Muchísimas casas estaban decoradas. Explica Ventosa que los vecinos que no tenían banderas españolas o colgaduras para ponerlas en sus balcones se apresuraban a hacerse con banderas o a poner piezas de ropa porque se creían humillados si no decoraban sus balcones. “El número de banderas españolas que adornaban las calles se contaban por miles”, dice Ventosa.

Al día siguiente la fiesta siguió en todo su esplendor en Barcelona y todavía durante otros dos días más. Así pues, como vemos, en la Barcelona de la época a nadie se le ocurría no sentirse español. Y a nadie se le ocurría, desde luego, que llegaría un día donde en Barcelona la presencia de una gran cantidad de jóvenes marroquíes se haría visible en las calles inquietando a la población. Y menos aún que esto sería promovido por los poderes locales como algo normal y deseable.

En cualquier caso, esto sólo ha sido un breve resumen de las multitudinarias fiestas en Barcelona por la batalla y toma de Tetuán. Seguiremos con el tema y veremos también con detalle que en toda Cataluña fue igual (y por supuesto en el resto de España).