Se lo quieren negar todo. Y eso que ya han transcurrido más de 45 años. Exactamente 45 años, 8 meses y 27 días desde que nos dejó, cuando ya está madurando la segunda generación que ha crecido tras su fallecimiento.

Lo quieren sacar de su tumba, en un lugar que él jamás eligió como reposo de sus restos mortales, pero sí que lo inspiró y construyó como espacio de reposo y reconciliación para todos los españoles, sin distinción de bandos, que se habían perdido la vida en la fratricida y sangrienta contienda de 1936-1939 que ni siquiera la comenzó él mismo, sino que se venía fraguando desde dos años antes, como han puesto de manifiesto prestigiosos historiadores.

Y ni siquiera están dispuestos a permitir que sus sucesores, puedan darle sepultura donde gusten, donde ya disponen de una sepultura familiar, como cualquier hijo de vecino. Miedo a la peregrinación, miedo a la verdad, miedo fantasmagórico.

Y ahora le niegan toda formalidad, el respeto y reconocimiento que le es debido como el hombre que rigió los destinos de España durante casi cuarenta años sacándola de la pobreza, la anarquía y la inseguridad, para convertirla en una nación próspera, competitiva y unida, en la que todos los españoles disfrutaban de idénticos derechos con independencia del trozo patrio en el que hubieran nacido o residieran. Y se lo niegan pesar de estar contemplado en el artículo 36 del Reglamento de Honores militares, que con rango de Real decreto, aprobó la Ministra Chacón durante el segundo mandato del Presidente Zapatero.

 

“No lo reconocemos como ex Jefe de “Estado”

“No lo reconocemos como ex Jefe de Estado”- espetó el señor Sánchez, y se quedó tan tranquilo.

 

Pero, vamos a ver, señor Sánchez, que está Vd. hablando como presidente del Gobierno de España y no como secretario general de su partido. Si así fuera, pues lo podría entender. Francisco Franco no goza de sus simpatías ni las de sus correligionarios, más bien lo contrario. Lo comprendo y lo respeto. Pero está Vd. hablando del Jefe del Estado Español – mal que le pese – durante cuarenta años. Y Generalísimo de los Ejércitos. Sí, de esos Ejércitos que se formaron bajo su atenta mirada y que luego han sabido evolucionar al paso de la propia sociedad española a la que sirven. Una sociedad que, aprendiendo de sus propios errores llevaba tres dedadas mirando hacia delante, tratando de curar unas heridas que con su empecinamiento en tergiversar la historia se empeña Vd. en mantener abiertas a riesgo de ulcerarse. Está Vd. hablando de un personaje que ya es historia, nuestra historia, con sus luces y sus sombras si Vd. Quiere; y que, por lo demás, ha tenido una importancia decisiva en nuestro devenir histórico reciente como es reconocido por todos los grandes escritores hispanistas, especialmente los de origen extranjero, los menos contaminados.

 

Y ahora le quieren negar hasta los honores que reglamentariamente le corresponden. Le niegan el pan, la sal y hasta el asiento a la lumbre ¿Pero no comprende que con esta ignominiosa persecución después de muerto está volviendo a dividir la sociedad? Está volviendo a poner a los unos contra los otros. Se está poniendo enfrente a muchos, entre otros a los militares que nos formamos bajo su caudillaje y siguiendo aquella inveterada lealtad al jefe, la “fides ibérica”, guardamos con respeto su recuerdo que ahora con su obcecación trata de arrancarnos a fuerza de decretos ley que tratan de legislar un caso único. Y de muchos españoles más. No crea que se trata únicamente de la familia Franco, de la Fundación para la que hoy escribo o de la Comunidad Benedictina del Valle. A los primeros, Vd. les ha empujado a defenderse con todos los medios legales a su alcance ante tamaña felonía. A los segundos, porque tienen por constitución y obligación defender su memoria y el legado que nos entregó, como lo hacen en su ámbito muchas otras instituciones sociales de cualquier signo político. Y a los religiosos, que viven sumidos en la reflexión, el trabajo y la oración, porque se les trata de allanar su lugar sagrado a ellos confiado. Y todos lo hacen dentro del Estado de Derecho, utilizando los medios legales y los recursos que este pone a su disposición. David contra Goliat. Pero son más, muchos más. No es que lo diga yo, lo corrobora el exponencial incremento de visitas al Valle.

 

Señor Sánchez: está Vd. haciendo lo mismo que critica al Sr Torra

Señor Sánchez. Está Vd. haciendo lo mismo que critica – y con razón – que hace el Sr Torra. Gobierna la Generalidad de Cataluña como si todos los catalanes fueran independentistas. Vd. lo hace en España como si todos los españoles pertenecieran o fueran simpatizantes de su partido. Entre uno y otro, están consiguiendo que las campañas electorales que se avecinan, lejos de debatir sobre los muchos (algunos muy graves) problemas que nos acucian, buscando soluciones para el futuro, se hable del pasado con Francisco Franco como piedra de toque de todos nuestros males. Y Todo, por un puñado de votos.

 

Y todo, por un puñado de votos

La historia es la historia. Para hablarnos de ella, están los historiadores, con sus fuentes, sus conocimientos pero sobre todo, con su respeto al dato. Los políticos la ideologizan, la reconstruyen a la medida de su personal forma de ver las cosas y a sus intereses. La historia se puede estudiar, profundizar en su conocimiento y hasta interpretar, pero está ahí. Lo que sucedió, sucedió. Basta ya de despertar fantasmas del pasado, de jugar a buenos y malos, rojos o azules, izquierdas o derechas. Se puede tener una opinión, o la contraria, de Carlos I, de Felipe V, de Carlos IV o su hijo Fernando VII, de Alfonso XIII o del Caudillo, pero todos merecen el respeto debido porque han regido los destinos de España, ahora están muertos y no se pueden defender. Y ese respeto va unido a unos reconocimientos y honores que les corresponden, no comentan la indignidad de negárselos.

Si el más alto tribunal del Estado al final les da la razón y los restos del Caudillo han de salir del lugar sagrado en el que se encuentran, al menos háganlo con la dignidad y los honores que la legislación contempla. Cumplan y hagan cumplir la legislación que Vds. mismos han promovido.

Artículo:

Ni pan, ni sal, ni asiento en la lumbre. Por el General Adolfo Coloma Contreras