En el espectacular acto de Vistalegre Plus Ultra del pasado domingo, el Presidente de Vox, Santiago Abascal, ha dicho con mucha razón que “el PSOE es un partido criminal”, y lo ha justificado debidamente, lo que ha causado gran revuelo entre los esclavos del pensamiento único y de la corrección política.

En este año 2019, en el que el rojerio celebra el 140 aniversario de la fundación del PSOE por un tarado llamado Pablo Iglesias Posse, conviene recordar –como ha hecho Santiago Abascal– a algunos de los socialistas que mejor han representado a ese corrosivo partido político y que más han contribuido al “progreso” y al “bienestar” de los españoles. Comenzamos con este artículo una breve serie sobre cuatro socialistas “ilustres” cuya trayectoria vital resume todas las “cualidades” que debe tener un buen socialista.

Entre los muchos canallas que, con la protección del gobierno rojo, cometieron los más terribles crímenes y crearon el terror en el Madrid de 1936 destaca por su crueldad Agapito García Atadell. La historia de esta alimaña, distinguido jerarca del Partido Socialista Obrero Español, sirve para ilustrar tanto el perfil del buen socialista como el de los energúmenos que dominaban las calles de Madrid en aquellas fechas, jaleados por sus correligionarios y por la prensa marxista.

García Atadell nació en Vivero (Lugo) el 28 de mayo de 1902. Tuvo desde muy joven numerosas detenciones por agitador y por actividades revolucionarias. Ingresó muy pronto en la Sociedad del Arte de Imprimir (tipógrafos) de la UGT, desde su fundación vinculada al PSOE, al cual se afilio en 1920 cuando se trasladó a Madrid para trabajar de tipógrafo en El Sol, aunque pronto se dio de baja (1922) para afiliarse a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU, comunistas), si bien en 1928, después de pasar varias temporadas en la cárcel por sus actividades en contra de la dictadura de Primo de Rivera (fue encarcelado once veces y en total pasó algo más de cuatro años en prisión) durante las cuales se debió dar cuenta de que tenía más oportunidades de medrar con los socialistas que hacían y deshacían en la España roja de esos momentos que con los comunistas, volvió a afiliarse al PSOE, en la Agrupación Socialista Madrileña, dentro del sector liderado por Indalecio Prieto, con el que entabló una fructífera relación, llegando a formar parte del grupo de matones que hacían las veces de sus escoltas.

Fue miembro de la Ejecutiva Federal de la UGT, Secretario General de la Agrupación Socialista Madrileña (el núcleo originario del PSOE, creada antes que el propio PSOE y que posteriormente se transformó en este) y presidente de la Casa del Pueblo de Madrid (la primera y más importante de todas), donde adquirió relevancia como cabecilla de las huelgas de 1934 y de los siguientes años, así como “conferenciante”, o propagandista oficial, esto es, interviniente en los múltiples mítines que se celebraban en aquellos años de agitación revolucionaria, y fue un asiduo “articulista” en periódicos y panfletos afectos a la causa roja. No fue, por tanto, un militante cualquiera: fue un capitoste del PSOE. En esta época mantuvo frecuentes contactos con uno de los mayores monstruos de la historia reciente de España, Santiago Carrillo (durante un tiempo militante del PSOE), y con el padre de este, Wenceslao Carrillo, también socialista.

A finales de julio de 1936, pocos días después del Alzamiento Nacional, fue nombrado agente de Policía (“Agente de tercera del Cuerpo de Investigación y Vigilancia”) junto a varios centenares de indeseables más, casi todos ellos afiliados al PSOE o a la UGT, por ser los elementos de confianza para el entonces ministro de la Gobernación, el socialista Angel Galarza Gago, siendo adscrito a la Brigada de Investigación Criminal, donde pronto formó su propia "brigadilla" –sin tener la más mínima formación ni experiencia–, que en una muestra de egolatría denominó "Milicias Populares de Investigación García Atadell" (aunque era conocida simplemente como “brigada Atadell”), con el fin de actuar de forma autónoma, para lo que estableció su propia checa en el palacio de los condes de Rincón, en el paseo de la Castellana esquina a la calle Martínez de la Rosa (calle hoy desaparecida, situada entre Castellana y Serrano en lo que hoy es Juan Bravo), donde cometieron toda clase de crímenes, a cual más horrendo, actuando como auténticas bestias. La “brigada Atadell” fue una de tantas que se organizaron a instancias de la autoridad roja no solo en Madrid sino en otras muchas ciudades de España, si bien fue una de las más significadas por su brutalidad y sadismo, junto a otras como la “brigada del Amanecer” (a veces confundida con la “brigada Atadell”) o los “Linces de la República”. A partir de septiembre de 1936 todas estas células criminales fueron agrupadas por el entonces Director General de Seguridad, el también socialista Manuel Muñoz Martinez, por orden del ministro de la Gobernación rojo, en un nuevo cuerpo de ámbito nacional al que llamaron Milicias de Vigilancia de la Retaguardia (MVR), lo que demuestra la absoluta complicidad de las autoridades rojas, y en particular de los socialistas, con estas atrocidades y desmonta la gran patraña de que se trataba de grupos de “incontrolados”.

La “brigada Atadell” estaba compuesta de cuarenta y ocho “agentes”, todos ellos de nuevo nombramiento, actuando como segundo jefe Angel Pedrero García, y como “jefes de grupo” Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt, todos afiliados al PSOE.

La “brigada Atadell” gozaba para la realización de sus tropelías no sólo de la autoridad que les otorgaba su condición de agentes de policía, sino de la plena asistencia de la Agrupación Socialista Madrileña y de la minoría parlamentaria del PSOE, cuyos miembros –incluido algún ministro socialista, como Anastasio de Gracia– acudían con asiduidad a visitar la checa y a alentar a sus componentes. La prensa marxista publicaba continuas informaciones de elogio hacia la “brigada Atadell”, así como fotografías del jefe de la misma y de la visita de personalidades políticas y parlamentarias socialistas a la checa.

Aun siendo numerosísimos los asesinatos cometidos por la “brigada Atadell”, su principal ocupación fue realizar saqueos y expolios, incluidos robos de verdadera importancia, conocidos como “requisas”, acumulando un verdadero tesoro, buena parte del cual se llevaron consigo García Atadell y sus secuaces en su huida. La clave de los “éxitos” que alcanzó la “brigada Atadell” se encontraba en gran medida en la prolija información que sobre la ideología política, creencias religiosas y -muy especialmente- posición económica de sus futuras víctimas le suministraba la organización sindical socialista de los porteros de fincas de Madrid.

Los detenidos por la “brigada Atadell” que eran seleccionados por el comité de la checa (presidido por el propio Garcia Atadell o por su segundo, Angel Pedrero) para ser asesinados eran conducidos a la Ciudad Universitaria y otras afueras de Madrid, donde se les ejecutaba y se abandonaban sus cadáveres. Según declaró el propio García Atadell en su juicio, en los aproximadamente tres meses que estuvo en funcionamiento la checa bajo su mando pasaron por allí unos 800 infortunados, hombres y mujeres de toda clase y condición, todos los cuales fueron torturados de uno u otro modo y siendo muy pocos los detenidos que lograron escapar con vida.

Los asesinatos de la checa que tuvieron mayor notoriedad, y que consta que se realizaron por orden directa del ministro de la Gobernación, fueron los periodistas Carmen Bahlier, de nacionalidad francesa, y Luis Calamita y Ruy-Wamba, este último declarado adversario político de Galarza, pero existe una lista interminable de victimas de estas alimañas, entre los que en la “Causa General sobre la Dominación Roja en España” se identifica con nombre y apellidos a algunos de ellos ([i]). Estos desalmados no llevaban ningún registro de sus crímenes, y mucho menos actas de los “juicios” a los que sometían a sus víctimas, por lo que ha sido imposible determinar el número exacto de crímenes cometidos ni identificar a todas las víctimas.

El órgano oficial del PSOE, El Socialista, en su edición del 27 de septiembre de 1936 se refería a García Atadell del siguiente modo: “El compañero Agapito García Atadell, mejor que por su pasado -un pasado claro, diáfano, recto, de socialista-, debe ser enjuiciado por su presente, donde su labor, más que útil, es necesaria e incluso indispensable, pues está dedicado a depurar de enemigos la retaguardia.”

A finales de octubre de 1936, cuando las tropas Nacionales se acercaban a Madrid y pocos días antes de que el gobierno rojo huyera a Valencia, García Atadell ya había reunido un cuantioso botín producto de sus saqueos, por lo que decidió marcharse de España junto a sus compinches Luis Ortuño y Pedro Penabad. Huyeron de Madrid en dirección a Santa Pola con cuánto dinero y alhajas de fácil transporte pudieron llevarse pretextando un servicio de contraespionaje, embarcando en el buque argentino Primero de Mayo, que partió de Alicante el 12 de noviembre con destino a Marsella (Francia), donde estuvieron el tiempo justo para convertir en dinero la mayoría de los objetos de valor que llevaban, y a continuación se trasladaron por ferrocarril a Saint-Nazaire, en la costa atlántica francesa, donde tomaron otro barco, el Mexique, de bandera francesa, en dirección a La Habana (Cuba), con escalas en La Coruña, Vigo y Canarias, y todo ello después de haberse apropiado también de todo el dinero que tenía su mujer, Piedad Domínguez Díaz, dejándola abandonada en Alicante. Esa era la calaña de este carnicero.

Capturado en Santa Cruz de la Palma, donde el buque hizo escala, gracias a que algunos pasajeros le reconocieran y le denunciaran, fue juzgado en en la Audiencia Territorial de Sevilla y ejecutado en la prisión de esa ciudad el 15 de julio de 1937 junto a su compinche Penabad. Ortuño consiguió huir al no ser reconocido.

Desaparecido el jefe de la checa ésta se disolvió al poco tiempo, en noviembre de 1936, aunque sus principales componentes no huidos fueron designados en 1937 para desempeñar el mando de varias de las secciones del Servicio de Información Militar (SIM), creado por el ministro de Defensa, el socialista Indalecio Prieto, que designó para la jefatura en Madrid de ese nuevo organismo represivo a Angel Pedrero, el antiguo subjefe de la checa de García Atadell, a pesar de conocer perfectamente sus antecedentes criminales ... o precisamente por eso.

Esta es la historia de un prohombre del PSOE, uno de los tantos demócratas, progresistas y amantes de la libertad que desde la fundación de ese antro en 1879 se han esforzado por contribuir al “progreso” y al “bienestar” de España y de los españoles … y a llenarse los bolsillos sin el más mínimo escrúpulo ni pudor. Un ejemplo perfecto de lo que es un buen socialista y un modelo insuperable para los canallas que hoy, como hace 83 años, se esfuerzan en destruir España desde el gobierno de la Nación. Y un ejemplo palmario de que, como bien ha dicho Abascal, el PSOE es un partido criminal.

 

([i])    Estos son los nombres de las 31 víctimas de la “brigada Atadell” identificadas en la Causa General: Agulló Lloret, José; Apesteguía Urra, Julián; Bartolomé Capelo, Carlos; Beltrán Flores, Ricardo; Benjumea Burín, Diego; Benjumea Medina, Rafael; Calvo de León y Torrado, Rafael; Carrascosa Jaquotot, Mariano; Castilblánquez Amores, Emiliana; Céspedes Marañón, Doroteo; Chico Montes, Luis; Corredor Florencio, Agustín; Cumellas Alsina, Antonio; Delgado Aranda, Victor; Fermín Imaz, Miguel; Fernández Molina, Pedro; Flores Castilblánquez, Dolores; Galduch Guerra, Juan; García Contento, Aurelio; García Dopico, Luis; Gonzalo Herrera, Francisco; López de Longoria y Morán, León; Martínez Jaime, Julio; Picón Hernández, Emilio; Poyuelo Pollán, Mariano; Rodríguez Villar, Luis; Sáinz Marqués, Pedro; Serrano Benavides, Simón; Vidal Díaz, Antonio; Vidal Díaz, Bernardo y Villanueva Tormo, José.