No es amable ni grato evocar sucesos sombríos. Y quienes acometemos la faena de dar conocimiento de lo que fue la “Causa General”, no lo hacemos sin cierto dolor, casi con repulsa. Estamos entre los que quisieran ver definitivamente enterrada la guerra del 36, que no se vertiera nunca ni una  gota de sangre española en discordias civiles. Pero, llegado el momento en que vivimos, nos parece enorme injusticia silenciar y ocultar los verdaderos errores y horrores que cometieron unos, cuando se está dando en proclamar a los cuatro vientos los auténticos o imaginados que cometieron otros: una enorme injusticia que da pie a un falseamiento de la historia sobre el que nada bueno puede asentarse.”

 

La memoria es el recuerdo selectivo y, en consecuencia, es parcial, subjetiva y partidista como indicaba en excelente reflexión el filósofo Gustavo Bueno. Cuando se pasa a  intentar recuperar la memoria histórica se entra en el mundo de las sorpresas, porque se intenta objetivar lo que es meramente subjetivo. Ante esta aberración el filósofo asturiano se mostró contundente:

«Memoria histórica» es un concepto espúreo, sobre todo cuando él pretende tener como referencia el supuesto (metafísico) «archivo indeleble» cuya custodia estaría encomendada al género humano; y que es susceptible de eclipsarse ante los individuos, dotados de una memoria más flaca. Por ello estos tendrán que «recuperar» una memoria histórica común, objetiva, que se supone ya organizada, aunque oculta (ocultada) a la espera de ser desvelada o recuperada. Por ello, la «recuperación de la memoria histórica» puede tomar la forma de una reivindicación: porque se supone que el eclipse de esa memoria histórica, que se sustenta en el seno del género humano, o en la sociedad, no es casual sino intencionado.

De manera cíclica, tal como si fuera premeditada-que lo es- la cuestión de levantar ampollas, de humillar al adversario, de cavar trincheras-es su especialidad- se agita en España el fantasma de la memoria histórica. El fenómeno consiste en dar la categoría de historia a lo que no es más que la memoria de unos cuantos y utilizarla como estrategia política. No se trata de originalidades de algún iluminado o de puesta en práctica de una historiografía de moda que llega y se va sino de un proyecto estructurado en donde lo que es previsible con seguridad  es la lucha, el odio, el odio de clases como elemento clave de su catecismo. Parafraseando e invirtiendo a Quevedo: Odio constante después de la muerte. Coincide el hecho una y otra vez con la llegada al poder(o la esperanza fundada de hacerlo más todavía)  por grupos de izquierdas que saben que cuando se invierta el turnismo, los  partidos dinásticos de la derecha y tiernos aventureros de nuevo cuño no se atreverán a derogar nada de lo que han hecho. Más aún,  llegarán a asumir lo realizado y  para hacerse perdonar  de uno de los troncos de su pasado histórico, continuarán con mayor levedad-o sin ella-, pero continuarán con los presupuestos memorialistas de la izquierda.

¿Qué es eso de la memoria histórica? Me quedo con la definición de Marie-Claire Lavabre quien entiende por memoria histórica “el proceso por el cual los conflictos y los intereses del presente operan sobre la historia”. A lo que añadiría que los conflictos y los intereses se crean.

La utilización de la fuente oral en los relatos de memoria no es nuevo. Hace tiempo que en estudios de sociología o de antropología se utilizaron. Eran un reducto para mantener la presencia de grupos olvidados y como bien señalaba el historiador francés Pierre Nora,  y cumplen su papel.

Pero jugar a que lo que se está haciendo aquí es mantener la presencia de algo olvidado es sencillamente una muestra de cinismo.

 

Si echamos un vistazo a lo ocurrido en la historia reciente podemos distinguir el tiempo más lejano en donde la historiografía vino  impuesta por los vencedores en la guerra civil y que se fue atemperando con el paso del tiempo. Posteriormente asistimos a la  entrada de una historiografía crítica que resultaba atractiva, que  se iba  haciendo hueco y que desplazaba a la oficial en los tiempos de decadencia del régimen franquista y en donde símbolos de aquello pueden visibilizarse  en la entrada de publicaciones  clandestinas de Ruedo Ibérico, colección Ebro  o la contestación interior desde la editorial  ZYX.

Vino luego la eclosión de todo lo contrario al primer periodo;  además de producciones escritas se inundó el panorama con otros instrumentos como películas (muchas y bastante malas), series televisivas en donde hasta el feísmo del color llevaba su mensaje, congresos nacionales o internacionales de cualquier universidad que se preciara etc. etc Un tiempo donde  la gran masa de medios de transmisión cultural fueron brutalmente contrarios a lo ocurrido en España en la historia reciente. Todo lo que estaba en aquel mundo se encuentra contaminado de “franquismo” y paradójicamente una porción de quienes agitan  estuvieron vinculados de alguna forma con el objeto de su odio. No hay departamento de ciencias sociales que no explote el asunto con el sesgo advertido, con excepciones llamativas y pongo como ejemplo la del CEU San Pablo que se ha convertido en una especie de Alcázar de Toledo inexpugnable en la defensa de la historia. Saben toda esa pléyade de antifranquistas sobrevenidos que la verdad puede ser obviada mediante la producción masiva de noticias y relatos extendidos a través de los medios de difusión que están en su poder, o sea, de casi todos.  Ya en 1989 Antony Beevor precisaba: “Se suele decir que la historia la escriben siempre los vencedores, pero en el caso de la guerra civil española quienes más lo han hecho han sido los simpatizantes de los perdedores”.

En consecuencia hablar de recuperar lo olvidado- que es una de la letanías de los memorialistas-  es sencillamente mentira.

Alguien tan contrario al franquismo como el historiador Moradiellos en un reciente arranque de cordura, que esperemos continúe, respondía a la pregunta

¿Por qué ahora hay tanto antifranquista retrospectivo?

Porque es gratuito serlo. A las dictaduras se les opone muy poca gente en los inicios. Este ejercicio de antifranquismo que vivimos tiene como objeto tranquilizar la falsa conciencia y de paso ocultar otros problemas que sí que hay.

El relato histórico parcial desde hace tiempo incuba las semillas del fenómeno de la memoria histórica. Y me estoy refiriendo a las publicaciones o ediciones que se utilizan con fines educativos. En el 2002 publicamos en el Rastro de la Historia un artículo “Entre la retórica y la falsificación. Cómo se ha hablado y se habla de José Antonio a los jóvenes de España”.  Y no era precisamente un panorama halagüeño, pero faltaba la apisonadora, la mordaza.  

 

Faltaba el salto cualitativo,  el que se produce con  la Ley de memoria histórica, la 52/2007 de 26 de diciembre,  ley de venganza histórica que da cobertura legal a todo lo que signifique el ataque para la aniquilación histórica del régimen anterior y   para quienes estuvieron más o menos vinculados a ese régimen o para quienes se les adjudique el haberlo estado aunque nunca lo estuvieran. Y este ajuste de cuentas que implica planos políticos, ideológicos, culturales o simbólicos se resume todo con una  sencilla frase que sería muy del gusto del impulsor de la Ley: Yo tuve un abuelo, a ti te prohíbo tenerlo.

Es decir: so pretexto de que unos cuantos tengan su memoria histórica (a lo que yo en particular no me he opuesto nunca) se impone que millares de españoles no tengan la propia, que naturalmente no es la suya,  sino otra.

Este engendro legal cuenta con el apoyo de una buena parte de la intelectualidad española y de quienes por su posición social, sin ningún tipo de argumentación resistente hacen su prédica que encuentra el eco en medios de difusión.  No descarto que pueda tener seguidores de buena voluntad, pero tengo muy presente la calificación  contundente que realizó Pío Moa: La Memoria Histórica está hecha por quienes “se identifican con los criminales

 

¿Exagera el historiador alternativo Moa con esa afirmación o está en lo cierto? El artículo 2º de la LMH (Art. 2.1. Como expresión del derecho de todos los ciudadanos a la reparación moral y a la recuperación de su memoria personal y familiar, se reconoce y declara el carácter radicalmente injusto de todas las condenas, sanciones y cualesquiera formas de violencia personal producidas por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura.) conduciría automáticamente y con aplicación indiscriminada  a dar reparación a monstruos, a asesinos sanguinarios. Cuál es la interpretación de este artículo ha quedado demostrada con la retirada de la placa por orden de la concejala Mayer de los carmelitas asesinados. Placa que no les quedó más remedio que reponer, pero que indica con meridiana claridad  las intenciones de los  memorialistas. Es frecuente la metamorfosis de asesinatos en luchas políticas, de asesinos en luchadores políticos.   Pongamos, para entenderlo sin disquisición equívoca, a todo un paradigma: Agapito García Atadell,  Ejecutado, o sea,  “víctima” de la represión franquista ¿Se va a rehabilitar su memoria?  Se podrá objetar que era excepción. Falso. Los “agapitosgarcíaatadelles”, preparados antes del conflicto y que dedicaron sus habilidades asesinas durante el mismo constituyeron legión, una prueba la tenemos en que en el Memorial que el Ayuntamiento del cambio de la ciudad de Madrid ha preparado para los represaliados del periodo 1939-1944 figuran 355 chequistas según denunciaba el diario ABC.

 

Esa misma corporación  quería- y quieren sus componentes aunque hayan dejado hoy el poder municipal- que todos piensen que 3000 son mucho más que 8000 (cifras aproximadas de la represión durante la guerra y después de guerra  según el historiador Julius Ruiz). Esa corporación organizaba hace pocos meses una exposición agitprop “No pasarán. 16 días. Madrid 1936”. En la Casa de la Panadería de la plaza mayor de Madrid ¡que mejor ocasión para rendir recuerdo a los panaderos asesinados en Madrid por el Frente Popular Qué ocasión perdida para la exposición de la casa de la panadería. ¿Qué no se acuerdan? Aquí están sus nombres:

 Simón García, Alfredo García, Alejandro Dávila, Eusebio Rodríguez, Juan José Sánchez, Dionisio Montero, Ignacio Martín y su hijo, Antonio Martín, su mujer y un sobrino, José Montalvo, Augusto Manso, Jesús Lapastora, Benigno Bajo, Julio Mata, Eduardo Sánchez y su hijo, Juan Antonio García, Manuel Arroyo, Pablo Arroyo, Rafael Arroyo y su hijo, Victoriano de Pablo, Enrique de la Puente, Carlos Rubio, Ramón Feito y Jesús Feito, Gonzalo Masipica, Juan de Lucas, Francisco Lozano, Andrés García, Lorenzo García, Benito de Cisneros y su mujer, Hipólito Millán, Santiago Millán y Adolfo Garcerán. 

Esa misma corporación y sobre todo sus responsables de memoria- de su memoria- ¿rindieron reconocimiento a los concejales de la capital asesinados por el Frente Popular o les van a quitar la titularidad de alguna esquina por dejarse matar? ¿Qué no se acuerdan? Aquí están sus nombres: Rafael Salazar Alonso, Ramón de Madariaga, Julián Sáenz de Grado, Tomás Silvela, Gonzalo Latorre, Juan Baixeras, Antonio López Baeza, Eduardo Serrano, Luis Sainz de los Terreros, José Cancela, Cándido Castán, Ramón Ríos García, Juan Vitórica, Eduardo Loygorry, Rufino Blanco Sánchez, Avelino Parrondo, José Martínez de Velasco, Alfredo Serrano Jover, Joaquín Montes Joveillar y Miguel Colom Cardany .

 

Esa memoria sesgada que pretende ser la única memoria no es nada nuevo. Lo grave es que en la  dimensión actual, con mucho poder de todo tipo en sus manos se convierte en invasiva. No es nueva. Me acuerdo solo de lo que quiero, así lo cuento y todos tenéis que decir lo mismo so pena de que si no os irá muy mal. Cojamos un ejemplo significativo para ver que no es nada nuevo.

Marcos Ana, o sea Fernando Sebastián Macarro, comunista, prisionero en la cárceles después de la guerra, desde el penal de Burgos en 1963 conseguía publicar de forma clandestina una revista “Muro” en donde explicaba, entre otras cosas, por qué estaba preso en las cárceles franquistas: Por pertenecer a las JSU cuando la guerra. Por su afiliación política. Eso es exclusivamente lo que decía. Sin embargo el juicio que le condujo a prisión reconociendo su pertenencia a organizaciones de izquierda le condena por haber asesinado a tres personas en Alcalá de Henares. La memoria sesgada, su memoria histórica estaba ya, pero el espacio de difusión era limitado. Naturalmente se impone hoy la versión que él contaba y si aparece el atisbo de los asesinatos de un sacerdote, un cartero o un campesino por su responsabilidad, está claro: eran conjuras y maquinaciones de algún tribunal injusto para echarle la culpa de lo que no había hecho. Y eso en el mejor de los casos porque existen y se reproducen  quienes piensan que esos pobres asesinados “algo habrían hecho”. Y aprovecho para reconocer la postura valiente que gentes como Sandro Algaba concejal en San Fernando de Henares por España 2000 tuvo que soportar la incriminación de los grupos de izquierdas  por negarse a homenajear a Macarro. Afortunadamente, esta vez, la justicia fue contundente: “La posición del recurrente-o sea de Algaba- se sustenta no en una miope y ciega ideología política, que es capaz silenciar cualquier percepción sensorial y de raciocinio en pro de una causa, sino en la realidad de los hechos tal y como sucedieron […]

 

 

Y vuelvo a recordar a Moradiellos cuando se le pregunta por el uso político de la memoria histórica

 

Utilizar a Franco y a los muertos como arma arrojadiza, para lanzársela al adversario, demonizarlo y deslegitimar su capacidad para gobernar es algo fácil de hacer pero que se vuelve en contra cuando hablamos de una guerra civil. Porque el otro lado también tiene víctimas inocentes y permitió cosas que sin duda serían crímenes de guerra o de la humanidad. ¿O Paracuellos no lo fue? ¿O los tribunales populares eran mejor que los militares en cuanto a garantías para el acusado?

Otros hitos en esto de su memoria histórica, publicada la ley,  se produjo con los autos del 16 de octubre y del 18 de noviembre de 2008 del por entonces magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. El primero en el  que pedía el certificado de fallecimiento de Franco y otros. La pieza jurídica del segundo es una selva en donde aparecen peticiones de exhumación, responsables militares y políticos, detenciones ilegales, sustracción de menores, perdidas de identidad, crímenes contra la humanidad, juicio de Núremberg, resoluciones ONU 1946, el decreto Nach and nebel, condenas de la dictadura franquista por el Consejo de Europa, pesquisas psiquiátricas de Vallejo Nájera etc, etc. Todo con el fin de considerarse competente para ser el justiciero contra el franquismo,

Alanceador de toros muertos.

 

 

 

 

Ante tal panorama selvático los especialistas en supervivencia recomiendan buscar en tamaña confusión algo reconocible para empezar a orientarte y yo afortunadamente lo encontré. El apartado décimo primero referido a la repatriación de niños de la guerra. En base a un texto de Ricardo Viñes y otros (el citado presidente de  la Comissió Redactora del Projecte del Memorial Democràtic (2005), i per encàrrec del Govern basc la Comisión para un proyecto de redacción de un Centro de la Memoria para el País Vasco (2011) y miembro de la comisión de expertos para el Valle de los Caídos)  se ejecuta un relato conducente a demostrar la intrínseca maldad en la repatriación de los niños de la guerra.

Cuando en realidad el origen de aquel empeño fue una magnífica decisión humanitaria de Manuel Hedilla y de su Falange que quiso contar con la inútil Sociedad de naciones y encontró la negativa por respuesta.

Para ser efectistas, porque de eso se trata, es bueno elegir un tema sensible y lanzarse al aspaviento. Se hipertrofia para ello el contenido de un texto con finalidad clara. La carta que el responsable de la Falange exterior en Londres. FG Sturrup mandaba al Delegado nacional del Servicio Exterior, José del Castaño. Ese texto que se utilizaba como si del descubrimiento de una nueva piedra rosseta y que en el auto se utiliza para abrir boca sobre tan intrínseca maldad,  bastante meses antes de la aparición del libro de Viñes ya se había publicado en el Rastro de la Historia por quienes hacíamos aquello, con la normalidad de tratarse de un documento histórico, de un informe muy real que transmitía una situación de niños disruptivos y que para la mayoría de lectores-normales ellos- producía cierta gracia por la redacción del texto.

 

Impresión muy parecida, pero sin gracejo alguno el manifestado por el exiliado comunista y filósofo Adolfo Sánchez Vázquez sobre los niños expatriados y acogidos en Morella.  Pero de lo que se trata no es precisamente  de buscar la historia sino de darle las vueltas precisas.

Tocado el paño, ya se sabe la calidad del traje.

  

Nadie va a negar la dureza que durante un tiempo hubo y que salpicó a inocentes. Leímos  a Manuel Hedilla, leímos a Muñoz Grandes,  leímos a Dionisio Ridruejo o tuvimos el honor de conocer  a Ceferino Maestú que con anticipación a la invasión memorialista denunciaron los desmanes y tampoco se me olvida que,  como escribió Enrique de  Aguinaga, : Aquí hubo una guerra.   

Pero el objetivo del memorialismo, de su memorialismo,  no es contarlo sino  normalizar el pensamiento de todos para que al final todos digan que dos más dos son cinco tal y como acababa aceptando el disidente Winston Smith en el  1984 de Orwell

Estamos ya muy adentrados en la senda  del historicidio que augura el manifiesto  encabezado por quizás el mejor hispanista vivo, Stanlye Payne, si se continúa con la profundización de la –SU-memoria histórica.

Reivindico las palabras que dirigía Valle en La media noche que valen también para entender el sentido de la historia frente a la memoria. “Cuando los soldados de Francia vuelvan a sus pueblos, y los ciegos vayan por las veredas con sus lazarillos, y los que no tienen piernas pidan limosna a la puerta de las iglesias, y los mancos corran de una parte a otra con alegre oficio de terceros; cuando en el fondo de los hogares se nombre a los muertos y se rece por ellos, cada boca tendrá un relato distinto, y serán cientos de miles los relatos, expresión de otras tantas visiones, que al cabo habrán de resumirse en una visión, cifra de todas”.

 

Francisco Blanco