Camaradas falangistas, Jefe Provincial y leales feligreses a nuestra fe católica: La Misa por Franco, José Antonio y los Gloriosos Caídos por Dios y por España, ya no es súplica de sufragios por su eterno descanso, que por sus heroicos sacrificios , ya lo han logrado; es una Misa de glorioso enaltecimiento e impagable gratitud a cuyos amorosos sufrimientos nos debemos.

Este año, en especial, queremos añadir al recuerdo imborrable de nuestra Cruzada de Liberación Nacional, un acto de desagravio por la diabólica e inconcebible profanación y sacrilegio perpetrados en la Basílica del Valle de los Caídos con la exhumación de los restos no “del dictador”, como dicen los odiadores de todo lo que es amor a España, a la Patria y a la Justicia, sino del cuerpo del Caudillo providencial, que la sabia Divinidad nos tenía reservado desde la eternidad.

Pero según la categoría de la persona, así ofende la perfidia del traidor y resentido, o la gratitud y honorabilidad del fiel católico que entiende una Patria en sentido cristiano del orden divino, en todas sus instituciones nacionales.

El entierro de Franco ha revestido todas las características de un Jefe de Estado, tras la felonía cobarde y revanchista de sus eternos enemigos, que lo son también de España.

Y las causas, no pueden ser otras que de la masonería, que tiene a nuestra Patria en el punto de mira para convertirla en tierra de nadie, dónde se cobije todo lo peor de la hez mundial, como en un basurero universal.

Culpable la Magistratura, dinamitando el sentido del Derecho, y la Justicia, más bien la simple y mundana “Administración de Justicia”, como coautora de la profanación sacrílega, que además la llama “triunfo de la democracia”.

Culpable más que otros, la Iglesia vaticana y nacional, siendo la que tiene la mayor deuda con Franco y la Cruzada cívico-militar, acaudillada por él, cuando le tenían que tener en los altares.

Culpables los Ejércitos que abandonan al que fue su Generalísimo en guerra y en la paz.

Culpable el sucesor perjuro, a quien Franco instauró en la nueva Monarquía. ¿Así le agradece sus privilegios?

Culpable el pueblo español, que prefiere encogerse de hombros sin las manifestaciones suficientes e indignadas ante tales atropellos.

Renunciando a nuestros derechos reales, nos condenamos a la tiranía del liberalismo ateo, la desintegración regional, el parasitismo ruinoso oficial, el enfrentamiento familiar, por mucho que con guante blanco cacareen una democracia que acaba en anarquía práctica.

¡Qué hermosos vasallos si tuviesen un buen general!

España peca más de miedosa que de tonta, pero su cobardía la va a pagar muy cara, y mientras tanto, tiene lo que se merece, consintiendo los vientos de la estulticia liberal con régimen ateo, que atropella las grandezas del pasado y el honor de los siglos, como reserva de la catolicidad occidental.

Bien es verdad que a esto se ha llegado por falta de espiritualidad y descristianización generalizada, siendo los espíritus diabólicos cuando avasallan el hueco de lo divino ante la nueva soberbia del hombre entronizado como único centro del universo. Ya lo dijo Franco en Jaén el 18 de marzo del 40:

 “No es un capricho el sufrimiento de una nación; es el castigo espiritual que Dios impone a una nación torcida, a conductas no limpias”.

Su sentido católico le llevó a mantener con toda sacralidad el timón del mejor futuro de España.

En 600 años, solo el Vaticano ha dado la suprema condecoración de la “Orden Suprema de Cristo” a 12 Emperadores y Reyes. Pio XII se la concedió a Franco, así como el reconocimiento a nuestra guerra de la “Undécima Cruzada”, que salvó al catolicismo y a Europa contra la satánica barbarie comunista.

¿No se ha enterado el Vaticano de toda nuestra Gloriosa Historia…?

¡Que Santiago Apóstol, la Virgen del Pilar, nuestros Mártires y Gloriosos Caídos intercedan por España!