Entre la infinidad de libros que se han escrito sobre la Transición y sobre los hechos de índole política que la precedieron, hay tres esenciales: D. JUAN de Luis María Ansón. “LO QUE EL REY ME HA PEDIDO” de Torcuato Fernández Miranda y “LA GRAN DESMEMORIA” de Pilar Urbano. Los dos primeros, por ser “confesión de parte” y como se dice en términos jurídicos “a confesión de parte, relevo de pruebas”. Y en cuanto al libro de Pilar Urbano, dada su amplia bibliografía y el conocimiento que tiene de los hechos, por sus conversaciones y entrevistas personales con protagonistas de toda solvencia, constituye una buena síntesis de la bibliografía consultada. Muchas de cuyas obras son biografías de protagonistas de la Transición. El conocimiento de estos tres libros es esencial para entender la evolución política de España. Y la encrucijada histórica en la que actualmente se halla.

Por ello procede hacer una pequeña reseña citándolos en orden cronológico que corresponde, tanto por las fechas de edición, como a los periodos históricos que abarcan.

  1. JUAN

Es en esencia la pugna entre el príncipe D. Juan de Borbón tratando de reinar en España y Franco “dándole largas” con el designio de que fuera su hijo Juan Carlos quien ciñera la Corona “cuando se cumplieran las previsiones sucesorias” eufemismo utilizado para designar la muerte del Caudillo. Este deseo de Franco estaba motivado porque quería instaurar una nueva monarquía, monarquía tradicional que encarnara los Principios del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del Reino, aunque buscara para ello a un príncipe de la dinastía borbónica, mientras que sabía que D. Juan pretendía “restaurar” la Corona fenecida el 14 de abril de 1931.

En este largo y tortuoso camino parece que Franco siempre se “salía con la suya”. Pero la tesis del libro, muy en consonancia con el presuntuoso Luis María Ansón, es que al final, tras la muerte de Franco, D. Juan y la monarquía borbónica es restaurada, no instaurada como Franco pretendía. Y es demolida toda la obra política de Franco. Es decir, al final “La Corona” lo engaña y se lleva “el gato al agua”.

Así, entre las páginas 67 y 77, Pedro Sainz Rodríguez, integrante del consejo privado de D. Juan, le explica a Luís Mª Ansón, con todo detalle, como está previsto engañar a Franco con el Príncipe Juan Carlos como anzuelo (sic). Y cuando Ansón pone en duda el éxito de la operación: “me parece una fantasía todo eso don Pedro” el consejero de D. Juan le responde: “Será una fantasía (….) pero una vez en el Palacio Real, D. Juanito se dirigirá todas las mañanas al Valle de los Caídos para mearse sobre la tumba de Franco, y tan copiosas serán las meadas que habrá que avisar a los bomberos para que achiquen la inundación de esa especie de túnel lóbrego que Franco llama Basílica” (página 76)

Es preciso dejar bien claro que estas repugnantes palabras las pronuncia Pedro Sainz Rodríguez un porcino personaje que había sido diputado en la Cortes de la Segunda República, ministro de Educación Nacional en el primer gobierno de Franco (30 de enero de 1938) y finalmente conspirador monárquico en su calidad de consejero político de D. Juan en su proyecto de recuperar el Trono demoliendo el Régimen surgido el 18 de julio.

Franco, que estaba perfectamente enterado de todo lo que se tramaba en Estoril, estaba convencido de que era masón y se refería a Pedro Sainz Rodríguez llamándolo “masoncete” a lo que correspondía D. Pedro refiriéndose a Franco como “ese cabroncete”

Es cierto que el hoy Rey emérito nunca se ha mofado de Franco ni ha menospreciado el Valle de los Caídos, como al parecer esperaba el consejero privado de su padre, pero no es menos cierto que no ha vuelto a pisarlo desde el entierro de Franco y ha sancionado, con la firma de su real mano, la infame ley 52/2007 que sataniza la figura y obra del Caudillo sin que haya constancia de ninguna declaración, iniciativa o gestión para evitar la profanación de su sepultura. Lo que ha efectos morales equivale,   por omisión, a la profetizada meada sobre su tumba.

Por otra parte, aunque esto no figure en el libro de Ansón, D. Juan durante la Segunda Guerra Mundial conspiró contra Franco, tratando de que fuera derrocado por los aliados y que lo pusieran a él de Rey en España, ofreciéndoles a cambio las Islas Canarias. Es de suponer que no pensaba en una cesión definitiva (¿o sí?) sino temporalmente mientras durara la guerra como fundamental base aeronaval para la Batalla del Atlántico. Lo cual, con los antecedentes de Gibraltar, ponía en grave riesgo la integridad territorial de España. Cuando Franco los supo dijo: Jamás será Rey de España. Y lo cumplió.

Captura_de_pantalla_2018-12-08_a_las_20.43.03

LO QUE EL REY ME HA PEDIDO

Teóricamente el libro está escrito por sus hijos Pilar Fernández-Miranda Lozana y Alfonso Fernández-Miranda Campoamor. Pero en lectura detallada del texto se llega al convencimiento de que la parte esencial está escrita por el propio Torcuato Fernández-Miranda y Evia, verdadero estratega de la Transición, con el encargo a sus hijos de que no se publicara hasta después de su muerte, toda vez que Suárez no queda muy bien parado. Recuerdo unas declaraciones de Adolfo Suárez a la prensa, recién publicado ellibro, en las que decía al ser preguntado sobre este extremo, que “estaba escrito desde el rencor”

El libro acredita a Torcuato como un auténtico Maquiavelo del S. XX. En él relata, con detalle, el proceso mediante el cual, conociendo a fondo las miserias humanas (ambiciones, egoísmos, deslealtades) traza un elaborado proceso, una genial tela de Araña, en que unos tras otros van cayendo personas y personajes, como paso previo e imprescindible para desmontar el Régimen de Franco.

La lectura de “Lo que el Rey me ha pedido” resulta fascinante, y acredita a Torcuato Fernández-Miranda como un hombre de inteligencia superior. Los hombres de inteligencia privilegiada suelen ser reservados y modestos, no necesitan del halago, pues para ellos la verdadera satisfacción es la conciencia de haber sido los autores de una gran obra. Lo que equivale al aforismo militar de que “la mejor recompensa es la íntima satisfacción del deber cumplido”. Pero por ello mismo, lo que toleran mal, es que debido a su modestia, al final se arrogue su obra alguien del que tienen en muy poca estima su inteligencia. Y este es el caso, precisamente, de la Transición, en la que siendo Torcuato el cerebro gris que la diseñó e implementó, al final la historia atribuyera el mérito a Adolfo Suárez que era “su marioneta”. Y cuando la marioneta, elegida precisamente por Torcuato en base a sus características de ambición, falta de convicciones y relativismo moral, para llevar adelante la “reforma” llega a creerse el director de la orquesta, y comienza a dirigir por libre la interpretación de la partitura, el 23F le cortan los hilos.

Pero la superior inteligencia de Torcuato, no sólo se pone de manifiesto en el maquiavélico proceso con el que consigue que Suárez llegue a presidente del Gobierno. En igual medida lo acredita también que es el primero en comprender que la “Transición” se les ha ido de las manos. Hablando coloquialmente, que se han metido en un buen jardín. Y ese doble deseo, por un lado reivindicar su asombrosa obra de ingeniería política, y por otro lavar su responsabilidad ante la historia de España, es lo que le lleva a escribir el libro Lo que el Rey me ha pedido, cuyo título es revelador de su intención: Lo he hecho yo… pero porque el Rey me lo ha pedido. Por supuesto que lo afirmado no deja de ser una suposición, y que la razón de elegir ese título solo puede saberla el autor y en todo caso sus hijos si es que se la confió. Pero lo que resulta incuestionable es que “Lo que el Rey me ha pedido” pone de manifiesto dos cosas: que la Ruptura, el desmontar desde sus cimientos el Régimen de Franco, lo hizo él. Y que el Rey así se lo había pedido. Aunque lo materializara Adolfo Suárez, encumbrado por él en una maquiavélica maniobra política. Que se pone en evidencia cuando hace esta críptica revelación: Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido.

Decir finalmente que Torcuato Fernández-Miranda, el cerebro gris que alumbró la Transición (la Ruptura siguiendo los deseos del Rey) a la vista del rumbo que tomaba la política española tras el fracasado “golpe de timón” del 23F para enderezarlo, se marchó a Londres -podría decirse que en calidad de exiliado- donde falleció prematuramente a los sesenta y cinco años. Muy posiblemente abrumado por la responsabilidad histórica que pesaba como una losa sobre sus hombros. Y que quiso descargar escribiendo el libro “Lo que el Rey me ha pedido”

 Captura_de_pantalla_2018-12-08_a_las_20.42.52

 

LA GRAN DESMEMORIA

Como ya se ha dicho, en este libro se exponen y sintetizan muchos elementos extraídos de otros textos sobre la Transición, con profusión de referencias al esencial de Torcuato Fernández-Miranda. Es interesante consignar que, aunque según parece se concibió como forma de obligar a abdicar a S.M. el Rey Juan Carlos (posiblemente tratando de salvar la Corona) luego se pretendió impedir su publicación con el fútil pretexto de que la última foto (que en la primera edición correspondía a la página 432) en la que se ve de espaldas al Rey y a Suárez, caminando por el jardín de la Zarzuela, mientras el Rey le pasa amistosamente el brazo derecho por encima del hombro, no contaba con la autorización de la familia de Adolfo Suárez. Algo absurdo, pues dicha foto ya había sido reproducida en múltiples publicaciones. Finalmente decir que la editorial, alertada de que se iba a instar judicialmente el que se paralizara la distribución de la obra, la adelantó tres días sobre la fecha prevista, porque hubiera resultaba mucho más fácil inmovilizar los ejemplares en la sede de la editorial Planeta que hacerlo una vez distribuidos en todas las librerías y puntos de venta en España. Agotada la primera edición (2014) en las sucesivas ediciones se ha suprimido la inocua foto referida, haciendo con ello desaparecer el trascendental pie de foto, que sí suponía un torpedo bajo la línea de flotación, o una bomba de relojería, en la santabárbara de la nave del Estado encarnada en la figura del entonces Rey Juan Carlos I

Este pie de foto, que lógicamente ha desaparecido en las siguientes ediciones al haberse suprimido la imagen, es revelador:

“Dos hombres caminan juntos hacia el fondo de la historia. Suárez, caballero del Toisón del Olvido, se adormeció en la niebla de la desmemoria, el refugio manso de quien no debe recordar porque sabe demasiado y puede resultar un testigo de cargo peligroso. Esa gran desmemoria es la que le permite vivir una inocencia feliz, y al Rey le asegura dormir sin insomnios y seguir siendo Rey”

Entre otros muchos elementos interesantes a destacar, está el hecho de que una comunista, Carmen Diez de Rivera, fuera paño de lágrimas y confidente de S.M. el Rey Juan Carlos (“the King” por utilizar el término que emplea en sus memorias) a la que confiaba, no sólo cosas muy personales, sino también elementos esenciales de la política nacional e internacional, por lo que estaba puntualmente informada de los más delicados asuntos del Estado. También queda en evidencia la influencia que tuvo en las decisiones políticas del Rey Juan Carlos su padre D. Juan. Y queda en el aire la posibilidad de que finalmente, el ambicioso Suárez, soñara con sustituir a su antiguo amigo en la Jefatura del Estado, como presidente de una Tercera República.

Otra cosa que se desmonta es la idea de que a la muerte de Franco el Régimen era muy débil. Dicho con las propias palabras de la autora: “Franco había muerto y estaba generosamente enterrado; pero el franquismo no era una piadosa nostalgia, un funeral con himnos en Cuelgamuros. El Franquismo era una presencia viva, imponente, poderosa, amurallada, inexpugnable y almenada de poder” (Pag. 20)

Y es oportuno añadir: como sabe muy bien la historia, las fortalezas inexpugnables siempre han caído por traición interna. Y por la imprudente o dolosa introducción de un Caballo de Troya en su interior.

También se debe destacar el hecho de que Manuel Fraga y José Mª de Areilza tenían sus propios proyectos para democratizar el Régimen mediante una Reforma. Sin duda, el proyecto más elaborado y viable, era el de Fraga. Pues unía a su acreditada capacidad intelectual, su formación ya que era catedrático de Derecho Político, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Internacional, doctor en Derecho, y licenciado en Ciencias Políticas y Económicas además de su ya demostrada capacidad de trabajo y ser un eficiente gestor. Su proyecto para democratizar el Régimen era una verdadera Reforma que excluía la Ruptura. Pero como veremos más adelante no sólo se le cerró el paso a la Presidencia del Gobierno durante la Transición, sino que tras haberse aprobado y entrar en vigor la Constitución de 1978 se torpedeó su opción política, Alianza Popular, con la que pretendía que lo que ha dado en llamarse “franquismo sociológico” -el centro derecha- no fuera arrasado por las diferentes opciones marxistas, anarquistas y separatistas. Y fueron los Servicios de Inteligencia del Estado, (el CESID) quienes siguiendo “altas directrices” hicieron inviable el proyecto de Fraga, como veremos a continuación al glosar un libro que también es “confesión de parte”

 Captura_de_pantalla_2018-12-08_a_las_20.42.41

 

DESDE EL CORAZÓN DEL CESID

El interés de este libro estriba en que su autor explica como los “Servicios” de inteligencia se implicaron, siguiendo altas directrices, en que el “franquismo sociológico” (fundamentalmente la Alianza Popular de Manuel Fraga, pero también otros más a la derecha como Fuerza Nueva de Blas Piñar) no prosperaran, espacio político que, como era lógico, paulatinamente fue ocupado por la izquierda, quedando clara la injerencia de este vital órgano del Estado en la orientación de la política nacional.

Este es otro autor que, al igual que Torcuato, ha querido pasar a la historia dejando constancia de su contribución a la “modélica” transición”. Pero el libro se ha editado ya fuera de tiempo (2012) cuando a la vista de las circunstancias en que se encuentra España y de la deriva que tuerce su rumbo, los responsables empiezan discretamente a desembarcar de una nave a la que se subieron en busca de gloria, y ahora quieren abandonar antes de que se les señale como responsables del naufragio. Por otro lado un compañero suyo en los “Servicios” ha escrito un duro alegato contra el autor y su tesis, con el significativo título de “La Petulancia del Girasol”

Pero también, y en honor a la verdad, es preciso decir que el autor a lo largo de todo el libro se refiere a Franco con el mayor respeto… lo cual no es óbice para que colaborara activamente en desmontar su Régimen.