Una escena similar a la protagonizada por Don Antoni Roig Juan, a escasa distancia de Sa Carrossa, en la subida de Es Rastrillo, fue la de la tortura infligida a otro sacerdote de avanzada edad, Monseñor Serra Orbay, a quien le hicieron subir la cuesta de rodillas mientras los milicianos le iban lanceando con sus bayonetas.

Y estos fueron tan sólo un par de las atrocidades que los milicianos rojos (ex-presidiarios de Mataró) cometieron contra decenas de clérigos y religiosas, además de los centenares de civiles inocentes que murieron ametrallados en Es Castell (El castillo) el 13 de Septiembre de 1936 antes de huir hacia Mallorca al ser informados de la inminente llegada de las tropas nacionales.

Se da la curiosa anécdota de que, antes de huir, los milicianos saquearon las viviendas de muchos ibicencos; entre ellas la de un joven que entre todo lo que robaron se llevaron un "Mantón de Manila" que había traído a su mujer desde Filipinas. El mantón acabó como regalo de Alberto Bayo a su amante miliciana, pero no le trajo buena suerte porque en el siguiente desembarco de la expedición roja en la zona mallorquina de Manacor los milicianos fueron diezmados y apresados por una columna de falangistas y la amante de Bayo murió en la playa con el mantón puesto.