Quizá para algunos el mes de noviembre no signifique mas allá de que trae un día para los difuntos; es normal incluso entre quienes recuerdan al 20 de noviembre como el día en que asesinaron a José Antonio, un hombre justo, en las fechas aciagas de 1936. Ha sido tanta la manipulación del líder falangista que hasta los suyos, o los nuestros, lo han desvirtuado de tal modo, que incluso hoy dudamos de que lo definan como fue en realidad y, por supuesto, lo que nos quiso trasmitir.

De tal es esta suerte de reconocimiento que no extrañaría que le confundan con una víctima más de un tiempo confuso y contradictorio, y por ello se pierda en la rutina de un noviembre cualquiera; pero ocurre que José Antonio es algo más que un prototipo de virtudes humanas, - especie de mantra que utilizan los que le desnudan de su personalidad política y reducirlo a una simple onomástica-, porque se mensaje y naturalmente su muerte a manos marxistas y fusileras, representa todavía, el compromiso por una sociedad más libre y democráticas, más justa y patriótica, que muchos, demasiados, pretenden dar por acabada.

No es un noviembre cualquiera, pues parece que es un mes buscado para la devaluación de su doctrina, como parte periclitada, obsoleta, olvidando historia y caídos por una patria que no nos gusta y por eso la amamos. Ahora, más que nunca creo que son necesarias la palabra de José Antonio y la Falange, la genuina, la auténtica, y todo lo que vaya o contribuya a difuminar, disimular o disfrazarla estaría condenada al fracaso porque, como dicen los textos sagrado La Verdad nos hará libres. Y la verdad, amigos y camaradas, sería ser fiel a la intención azul de aquel 20 de noviembre de 1936. 

Eduardo López Pascual