Muchos siguen sin creérselo: ¿cómo es posible que los socialistas navarros hayan pactado con las demás izquierdas y los separatistas, en lugar de hacerlo con Navarra Suma? Pero, ¿no era, esta segunda opción, la preferida –también- por el diario de Cordovilla y buena parte de los empresarios navarros de dentro y de fuera de la Comunidad?

 

Desde nuestra modestia ya anticipamos, días atrás, nuestra propia tesis al respecto (https://latribunadelpaisvasco.com//art/11192/el-navarrismo-entre-la-travesia-del-desierto-y-la-extincion). Una teoría prefigurada en agosto de 2017 con el artículo “El PSOE quiere catalanizar Navarra” (https://somatemps.me/2017/08/06/el-psoe-quiere-catalanizar-navarra-por-sila-felix/). De tal modo, los socialistas navarros se estarían movilizando por una doble y poderosísima razón: una decidida voluntad de poder y su comunión ideológica con los demás actores del acuerdo. Una convergencia que venían anunciando desde hacía ya un tiempo y que únicamente a los desinformados o ingenuos ha podido sorprender.

 

Recordemos, por ejemplo, las inequívocas declaraciones de Santos Cerdán León, el 3 de junio de 2017 (http://www.psn-psoe.org/en-navarra-queremos-gobiernos-de-progreso-con-la-izquierda-sin-los-vetos-del-pasado/). O las anticipadas por la propia María Chivite ya en agosto de 2015 (https://www.osoigo.com/es/maria-chivite-con-que-partidos-pactariais.html). Estaba claro: ¡¡queremos el gobierno y lo queremos “de progreso” y sin UPN!!

 

Todo ello venía ratificado por el Congreso del PSN-PSOE celebrado el 29 de julio de 2017, quien avaló con el 82’75 de los delegados la nueva Ejecutiva y su correspondiente línea estratégica (http://www.psn-psoe.org/chivite-situa-al-psn-psoe-como-referente-de-la-izquierda-en-navarra-y-afirma-que-el-objetivo-es-liderar-el-gobierno-en-2019/). Pero, ante nuestra lógica alarma, por ejemplo reflejada en el segundo de los artículos antes citados, se nos respondió, por parte de “estrategas” y “personalidades bien informadas” del campo navarrista que “los programas de los partidos no deben tomarse en serio: se elaboran para incumplirse; nadie cree a los políticos”. Acaso fuera cierto… para los del centro-derecha; pero no para la izquierda, quien siempre ha mantenido potentes vectores ideológicos a modo de “centro de gravedad permanente”.

 

Entonces, ¿por qué semejantes golpes en el pecho, ruptura del velo del Templo, declaraciones destempladas y llorosas?

 

El preacuerdo de PSN-POSE, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, con algún tipo de complicidad por parte de EH Bildu, es público: consúltese en su integridad, por ejemplo, en el siguiente enlace:

https://static.noticiasdenavarra.com/docs/2019/07/06/preacuerdo-navarra-psn_geroa_bai-i-e-podemos_13735.pdf

 

Su lectura desvela a todo interesado una muy precisa y calculada orientación ideológica, que bien podría caracterizarse como podemita-separatista. ¿Podemita?, efectivamente, por tratarse de un programa, en buena medida, alejado de una social-democracia clásica -antaño orientada a las mayorías sociales formadas por la clase trabajadora e incluso la clase media- derivando decididamente hacia los nuevos tópicos y mitos de la izquierda progresista. A saber: aval a las “nuevas minorías” y sus “nuevos derechos subjetivos”, la extensión sin fin de los mismos, la agenda LGTB, unas migraciones sin restricciones ni fronteras, deconstrucción de toda forma de autoridad “tradicional”, “superación” de los marcos nacionales históricos... Una deriva ideológica -perfectamente prefigurada por Michel Foucault y sus numerosos seguidores- que aqueja a buena parte de las izquierdas occidentales y que ha facilitado que amplios sectores sociales, antaño socialdemócratas e incluso comunistas, sintiéndose abandonados por tan divina izquierda, hayan oscilado hacia los populismos identitarios más o menos derechistas del continente. E, incluso, en Brasil.

 

¿Separatista? Efectivamente, pues sus guiños y ambigüedades hacia la política lingüística del anterior cuatripartito, por ejemplo, proporcionando a la actual ley del euskera un año más de vigencia (apartado 3.8.1.4., página 54), van a permitir su implementación social y funcionarial.

 

Y otro aspecto claramente en línea con las tácticas separatistas: la elaboración de un relato del terrorismo que contemple con equidistancia a víctimas y verdugos, entreverándolo con el del denominado de “abusos policiales”. De hecho, en su apartado 3.11.2. (página. 59) no se habla de terrorismo, sino de “violencia de origen político”. Significativo, ¿no?

 

Más pruebas. La perspectiva de la Memoria Histórica en el preacuerdo es, igualmente, totalmente sectaria, adoctrinadora y revanchista. Y, respecto a la educación, su apuesta por la enseñanza pública y el marcaje ideológico y material de las “unidades concertadas” (pág. 6). Más y más intervencionismo, en suma.

 

Todo ello ya venía -en gran medida- siendo anunciado por el PSN-PSOPE -repásese su página web oficial- pero algunos, especialmente entre quienes mayores responsabilidades públicas mantenían hacia sus propias gentes, no quisieron verlo: por no comprenderlo, por no aceptarlo, por restar validez a los posicionamientos ideológicos de las nuevas generaciones socialistas... De ahí la persistencia de Sociedad Civil Navarra, sectores empresariales y la propia dirección de UPN, en pactar como fuera con unos socialistas… que les despreciaban profundamente.

 

Esta sucesión de hechos demuestra varias cuestiones:

 

En primer lugar, la ideología sigue teniendo su importancia. No todo es Canal de Navarra y TAV. Pero las ideologías evolucionan; siendo éste el caso de la izquierda, que lo ha hecho rápida y radicalmente.

 

En segundo lugar, la estrategia del “quesito”, tal y como se diseñó, ya no es operativa. Sigue habiendo centro-derecha, izquierdas y separatistas. Pero el eje constitucionalismo/ruptura ya no es operativo.

 

Tercero: el separatismo sigue avanzando. En unos miles de votos, en arraigo institucional, en capacidad de maniobra. Y quien no quiera verlo, se engaña a sí mismo y, lo que es peor, quiere engañar a otros.

 

Derecha y centro-derecha navarros están solos: ¡asúmase de una vez! Y, para afrontar esta situación, deberán cambiar de estrategia y poner en marcha múltiples tácticas orientadas a la captación de nuevos sectores de electores: trabajar y más trabajar; ni atajos ni pensamiento mágico. ¿O vamos a esperar, resignadamente, a que el PSN-PSOE cambie de socios en un futuro hipotético? Y de producirse, ¿en base a qué programa?

 

Ya se ha demostrado que una mera espera -a la recogida en votos por los errores perpetrados por los separatistas en el gobierno- no ha sido suficiente para poder regresar: había otras fichas en el tablero que no se han querido ver.

 

Fernando Vaquero Oroquieta