Vaya por delante que, muy lejos de sentir odio, rencor o sed de revancha, escribo este artículo sumido más bien en la decepción, la sensación de soledad y con cierta tristeza. A colación de la profanación de la tumba de Franco, la Iglesia y su jerarquía han adoptado, lamentablemente, un perfil bajo y sumiso.

Con su actitud desacreditan, cuando no desautorizan, al propio Santo Padre Pío XII, el cual concedió a Franco la Orden Suprema de Caballero de Cristo. También con ello la Conferencia Episcopal desautoriza al Cardenal de Toledo y primado de España en 1975, llamado Marcelo González Martín, y cuyas palabras a la muerte de Franco fueron: “Brille la luz del agradecimiento por el inmenso legado de realidades positivas que nos deja ese hombre excepcional”.

No, no se puede encender una vela a Dios y otra al diablo. No se puede defender este sistema actual, incompatible con la supuesta Fe y valores de la Iglesia, y a la vez pregonar una serie de votos y actitudes que en muchos casos ni la jerarquía cumple. Seamos claros: el único temor de la Iglesia es perder sus bienes materiales, pero, ¿acaso no predica que hay que ser mártir y sufrir? ¿Acaso no nos predican pobreza para alcanzar la Santidad?

¿Y no es por esto que no deberían tener miedo a perder lo material? ¿No hay mayor gracia que ser perseguido? El Beato Mártir Jerzy Popieluszko, perseguido y asesinado por el comunismo, dijo en una de sus homilías “Es preferible una Iglesia mártir −y recordemos que la palabra mártir significa «testigo»− que una Iglesia connivente con el mal por temor a perder un bienestar temporal.

A medio y largo plazo, la Iglesia que realmente pervivirá será la primera” Si la actual jerarquía de la Iglesia piensa que con profanar la tumba de Franco se van a salvar, están cometiendo un acto de torpeza. El objetivo, claramente manifestado en multitud de medios, es volar la Cruz del Valle de los Caídos, así como expulsar a una orden benedictina que es custodia del citado monumento. Y que además, dicha orden benedictina tiene como labor por el hermanamiento entre Españoles.

Ceder, y como diría Popieluszko, ser connivente con el mal para no perder ventajas tales como exención de IBI, o conciertos en colegios, no es más que un acto de cobardía y un rechazo a ser mártir. Insisto, no se trata de decantarse por un bando o por otro. Los Españoles, en su inmensa mayoría, se casaban entre ellos ya entrados los años 40. Daba igual que fueran republicanos o nacionales. Mis propios abuelos han sido cada uno de un bando. 

No, no se trata de amoldarse a las “verdades históricas” impuestas por la izquierda; No se trata de hacer el vacío al sentimiento nacional que tanto hizo por la Iglesia durante aquella época. Se trata de ser Iglesia, esto es, ser madre. ¿Y qué hace una madre? Una madre media, una madre hermana, una madre evita asperezas llevando a sus hijos al amor y al respeto. Nada más lejos de lo que la Iglesia ha optado por hacer. Si la Iglesia colabora por omisión en este allanamiento y profanación, estará dando crédito a la versión de unos, obviando la realidad y despreciando toda una época en la que -no lo olvidemos- salió bastante beneficiada. Hablando con la verdad de la Historia en la conciencia, Franco salvó la Fe en España. ¿Acaso no es esto suficiente como para que un solo sacerdote hubiera roto una lanza por él? ¿Ni un obispo con mando se ha manifestado a favor, no ya del que fuera jefe de Estado, sino de la Comunidad Benedictina? Hace un año un amigo sacerdote, cenando en casa, me comentó que “la Iglesia no se mete en política”. Se ve que las esteladas y los lazos amarillos en los campanarios de las Iglesias y Parroquias de Cataluña no es política; se ve que la colaboración entre seminaristas de las Vascongadas y la ETA no es meterse en política.

Creo que a mi amigo sacerdote le faltó decir “La Iglesia no se mete en política, selectivamente”. Lo recuerdo: no se trata de sacar a Franco. El objetivo de la izquierda es el de expulsar la comunidad y dinamitar la Cruz. O abrimos los ojos o tendremos que recordar aquellas palabras de Jesucristo:

No lloreís por Mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos; porque si esto se hace con el leño verde ¿Qué se hará con el seco?”

Es más, si esto lo hacen con el Valle de Los Caídos, que es un lugar de reconciliación, ¿Qué no harán con cualquier parroquia, con cualquier religioso? Sí, siento decepción. Los obispos se han vendido, como diría Monseñor Reig Plá, por un plato de lentejas.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (totalmente aplicable a la Familia Franco y a los que apoyamos esta causa)

 

Antonio Gutiérrez