Lorenzo Fernández Navarro de los Paños es coronel de infantería perteneciente a la XXX promoción, la última que tiene sus despachos de teniente firmados por el mismo Caudillo, lo que le gusta resaltar con orgullo. Actualmente se encuentra en la situación de retiro por edad. En esta entrevista hace una enmienda a la totalidad a la Constitución del 78 por todos los males que ha traído a España con su sello de inspiración masónica.

 

Me llamó la atención la sorpresa del auditorio cuando una persona al hacer una pregunta en una conferencia recalcó con mucha seguridad que “se puede ser buen patriota sin defender este modelo de Constitución”.

Nada me extraña su sorpresa, o que tal afirmación le llamara la atención. Igual me sucede a mí, pues la formulo en sentido contrario. Me cuesta creer que un buen patriota pueda defender la Constitución de 1978.

No niego que pueda haberlo. Pero muy posiblemente, quien tal opine, debe ser lo suficientemente joven para no conocer la génesis de la vigente Constitución. Puede incluso que no la haya leído, o si la ha leído, no la ha analizado a la luz de la historia de España. El afirmar que un buen patriota tiene que defender la Constitución de 1978, tiene el mismo fundamento que la afirmación: “la Coca Cola refresca mejor” porque reiterando la propaganda, hasta lavar los cerebros, se puede convencer de cualquier cosa. Con la bondad de la Constitución sucede lo mismo que con el poder refrescante de la Coca Cola. El afirmarlo es para unos la interiorización de la propaganda. Y para otros es “interés de la marca” porque viven a sus expensas.

 

Incluso nos quieren hacer creer que todo el mundo que se siente español tiene que ser “constitucionalista”.

Es una trampa saducea de la que es difícil salir. El origen de esta afirmación se sustenta en el hecho de que los enemigos de España (quienes quieren destruirla desde dentro y desde fuera de nuestras fronteras, comenzando por fragmentarla) están en contra de la Constitución, de la que reniegan. Esto es un hecho cierto, pero al que es imprescindible oponer otro de superior veracidad: La Constitución es el propio origen del problema, el que les ha dado el instrumento a unos y otros, la herramienta, para alcanzar su objetivo.

 

Lógicamente ello no es óbice para que, una vez alcanzadas sus primeras victorias, porfíen en alcanzar el objetivo final. Ya lo he dicho en más ocasiones, pero no está de más seguir insistiendo en ello: “La Transición” que dio lugar a la Constitución de 1978 fue en realidad una “transacción” pues su esencia fue la venta de la España Una, Grande y Libre a sus enemigos… a cambio de que no cuestionaran la Corona. Lógicamente los enemigos de España y de la Corona están ahora en contra de la vigente Constitución porque ya no la necesitan, les estorba. Y una vez más en la historia vuelven a oírse las palabras del Senado Romano a quienes pedían su recompensa por la traición a otro caudillo: “Roma traditoribus non redere”.

 

Por ello, todo verdadero patriota que defienda la integridad de España, debe estar en contra de la Constitución de 1978. Debe volver sus ojos a la de 1966 aprobada en referéndum por el pueblo español el 14 de diciembre de aquel año. Constitución que consagraba un Estado Social y de Derecho, basado en la verdadera democracia -que es la orgánica- y que proclamaba por ello la triple voluntad de que España fuera Una, Grande y Libre.

 

Pero como la Constitución de 1978 es la Ley, debe respetarse. De ahí la necesidad imperiosa de una “enmienda a la totalidad” que debe comenzar poniendo de manifiesto que es el origen de los actuales problemas de España.

Que el enemigo quiera acabar con la Constitución para destruir España, no debe ser una trampa saducea utilizada para defender y mantener una Constitución, que es el origen del problema que se quiera atajar.

 

Muchos hablan de la Constitución como si fuera Dios.

 

Nada nuevo bajo el sol. Cuando los hombres reniegan de Dios, o pretenden ignorar su existencia, de inmediato tienen que buscar un sustituto, un sucedáneo. Un becerro de oro en forma de una nueva ideología. Y cuanto esas ideologías más se apartan de la Ley Natural, más degenerada será esa sociedad. Y menos falta para que sea borrada del mapa de la historia. O como decía el pensador tradicionalista Vázquez de Mella, para que Dios les mande “un pueblo macho” que la esclavice y le quite la honra.   

 

Es curioso que los que se dicen “demócratas” defienden fanáticamente la democracia como única forma posible de gobierno. Todo el mundo tiene que ser demócrata por decreto.

 

Su afirmación es un hecho evidente que precisa cierto análisis. Etimológicamente “democracia” es el gobierno del pueblo. Pero como no todo el pueblo puede intervenir simultáneamente en el gobierno de la colectividad, es preciso que se haga mediante representantes por él elegidos. Esta representación puede ser mediante personas procedentes de los elementos naturales que vertebran la sociedad: Famila, Municipio y Sindicato, y entonces estaremos ante  la democracia orgánica, en la que tales representantes velan por los intereses del colectivo que representan.

 

Cuando la representación recae en un elemento artificial, como son los partidos políticos, estamos ante una “democracia liberal” o partitocracia, que pronto se transforma en “dictadura de los partidos”, con la consecuente aparición de intereses bastardos que dan lugar -tal como apunta en su pregunta- a esa imposición fanática según la cual, ellos y solamente ellos, pueden ser el cauce para organizar la convivencia de una sociedad.

 

Todos conocemos las dificultades de las comunidades de vecinos, especialmente cuando en ellas hay personas egoístas, que anteponen su interés al de la colectividad. Pensemos por un momento que la representación de “la gestión democrática” de una comunidad de vecinos fuera detentada por partidos políticos. De inmediato se acabaría la paz, y comenzarían las banderías y enfrentamientos, los odios y los rencores, apartándose de la gestión del interés común. Igual sucedería en una cooperativa.

 

Resumiendo: nadie es más opuesto a un verdadero espíritu democrático, nadie son más dictadores, que quienes se arrogan el derecho a repartir el título de “demócrata” solamente a quienes defienden la partitocracia. Y entroncando con lo dicho anteriormente, la “democracia liberal” se ha convertido en una nueva religión que ha sustituido a Dios…  y que encima debemos profesar a la fuerza. Por ello en alguna ocasión he dicho que los gallegos son los españoles que tienen una idea más cabal de los que es, de lo que supone, la democracia liberal o inorgánica: demo cracia; gobierno de “o demo” (gobierno del demonio)

 

Políticos de la talla de Blas Piñar ya manifestaron su NO rotundo a la Constitución.

 

Nada sorprendente. A su capacidad intelectual e integridad personal unía el conocimiento de la historia de España. El sabía muy bien cual sería el desenlace de la “Transacción” y lo advirtió con meridiana claridad en todas sus intervenciones, tanto en el hemiciclo como en sus múltiples mítines. Desgraciadamente los españoles desoyeron sus advertencias. Bien es verdad que tuvo que luchar contra un sistema que empleó todos los resortes del Estado para evitar que su propuesta política cuajara en la sociedad. Al respecto recomiendo leer el libro del general Peñaranda “Desde el corazón del CESID”, donde pone de manifiesto que el CESID (siguiendo “altos” deseos) torpedeó tanto la acción política de Fuerza Nueva, como la de AP de Fraga. 

 

Una Constitución donde está muy difusa la idea de Dios y de los principios de la esencia católica de España.

 

Más que idea difusa, yo diría ausencia total de la idea o concepto de Dios. En ese aspecto es una continuación de la constitución republicana, si bien sin sus connotaciones anticlericales y deofóbicas. Pero tiene el mismo sello de inspiración masónica que su antecedente.

No obstante, sabiendo que podía ser peligroso andar los mismos caminos que en 1931, se optó por dar a la Constitución una redacción lo suficientemente ambigua, para que cuando fuera posible, se implementara lo que en el momento de redactarla no podía decirse explícitamente. De no haber sido así el voto del pueblo español a la Constitución hubiera sido un NO rotundo.

Por ello se definió en el Art. 4 la bandera por sus colores, pero sin descubrir que había un pacto secreto por el que se acordaba eliminar en un futuro el escudo con el Águila de San Juan con la triple vocación de ser Una, Grande y Libre así como la supresión de los símbolos tomados del escudo de los Reyes Católicos. Igualmente, tras establecer que la Constitución se basaba en la indisoluble unidad de la Nación Española, se reconocían autonomías y nacionalidades. Es decir, se reconocía de hecho diferentes naciones, lo que supone una contradicción en los propios términos y pone en evidencia la estafa.

Todos los pactos ocultos de la “Transacción” van saliendo a la luz gracias a leyes aprobadas mediante “reales decretos” como la ley 52/2007 y su pretendida ampliación, así como otras en proyecto, donde se irá poniendo un dogal a la Iglesia, tanto dificultando su intervención en el proceso educativo, como penalizándola en el aspecto económico o poniendo trabas a las manifestaciones públicas de tradiciones históricas entroncadas con el fervor popular.  

  

La Constitución de 78 tiene un marcado carácter liberal.

Liberal, según el diccionario de la RAE, tiene diversas acepciones de significado muy distinto. Políticamente se utiliza, de forma tan interesada como falsa, para referirse a la disposición para admitir y respetar opiniones ajenas. Es un evidente sofisma pues quienes se arrogan el nombre de liberales, y por ello profetas de una nueva “religión laica” son los más beligerantes con quienes no comparten sus postulados, sean de índole moral o religioso. Para corroborar este aserto, basta con observar la vesania con que critican a quienes no comparten sus opiniones, a los que sistemáticamente califican -descalifican- con adjetivos tales como “carcas”, “clericales”, “reaccionarios” o “retrógrados”, arrogándose el estar en posesión de una verdad absoluta que niegan a los demás, y utilizando para ello la más virulenta y eficaz de las armas: el ridiculizar a quienes no comparten sus puntos de vista.

 

Por ello yo prefiero decir, refiriéndome a la Constitución de 1978 que es “de marcado carácter masónico”…. que en definitiva es lo mismo, y opto por no utilizar el ambiguo término de “liberal” del que la izquierda se ha apropiado para “blanquear” su verdadero espíritu totalitario.    

 

Y se ha visto a partir del 78 como se han ido aplicando leyes como el aborto, el divorcio y ahora la eutanasia…

Leyes de inspiración masónica, cabría decir, en concordancia con el epígrafe anterior utilizando como cebo envenenado otra palabra de la que también se ha apropiado la izquierda y que no se quitan de la boca: “progresistas”, cuando es lo cierto -por poner un ejemplo de “progresismo”- que la sodomía es tan “progresista” y “moderna” como la moralidad de Sodoma y Gomorra. Otras muestras de “modernidad” y “progreso” ya se daban en Roma y en otros pueblos de la antigüedad, en los que su degradación y vicios los condujeron a ser borrados de la historia: Las romanas caprichosas, las costumbres licenciosas, dieron al traste con la dominación de Roma y lamento no recordar ahora el autor de la cita.

 

El Régimen del 78 también ha sido un coladero para los separatismos, la inmigración descontrolada etc.

Lógicamente. Pues aunque al redactar la Constitución de 1978 no se atrevieron a proscribir la bandera de aquella España que proclamaba su triple vocación de ser UNA, GRNADE Y LIBRE (pues como dije antes de hacerlo el pueblo español hubiera votado NO a la Constitución) el hacerlo formaba parte de los pactos secretos de la “Transacción” cuya esencia era la venta de esa España a sus enemigos, a cambio de que no cuestionaran  la Corona.

 

Se trataba de acabar con esa España renacida de sus cenizas -cual ave fénix- que buscaba en el espíritu de los Reyes Católicos encauzar de nuevo su camino en la historia. Y para ello nada más eficaz que romper la “unidad entre los hombres y las tierras de España”, algo esencial que se está logrando. Primero al conformar constitucionalmente un “Estado de las Taifomanías” a la que ha seguido esa “inmigración descontrolada” o mejor dicho “dirigida”. Se prima la llegada de inmigrantes no asimilables por esa España heredera de los Reyes Católicos. Una España que había logrado “la unidad entre sus hombres y sus tierras” tras un esfuerzo de casi ochocientos años y que el Régimen del 18 de julio había conseguido resucitar.  

 

Este modelo de Constitución es incompatible con el modelo de sociedad tradicionalista.

 

Completamente de acuerdo. Y podría añadirse: la monarquía actual; también. Para justificar el segundo aserto conviene hacer alguna precisión. Aunque algunas veces tiende a confundirse “tradicionalista” con “carlista”, en absoluto tienen el mismo significado. Tradicionalistas son quienes consideran como régimen político más apropiado para España una monarquía basada en la tradición española -aunque evidentemente adaptada a los nuevos tiempos- pero conservando su esencia. Era la monarquía INSTAURADA en la persona de Juan Carlos I que quiso Franco, inspirada en los Reyes Católicos y malograda por el perjurio y la traición.

 

Carlistas son, por el contrario, quienes defendieron la legitimidad de Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) y hoy de sus legítimos herederos, frente a los “usurpadores” de esa legitimidad; primero los “cristinos” y luego los “isabelinos”. Pero no debemos olvidar de que tanto Fernando VII como su hermano eran borbones, de notable parecido físico cabría decir.  Y tampoco que el “pretendiente Carlos V” en su particular enfrentamiento contra su cuñada primero, y con su sobrina después, buscó el apoyo de los “tradicionalistas”. Es decir, de aquellos que, sintiéndose españoles, se oponían a la influencia francesa y masónica que con tanto sufrimiento se había erradicado durante la Guerra de la Independencia.

 

Por su complejidad no es posible desarrollar más el tema en estas respuestas, pero que a modo de meditación, y para no confundir “tradicionalista” con “carlista” pongo de manifiesto. Cuando Isabel II se hallaba en París, destronada y exiliada, acudía a la ópera del brazo de su tío Carlos Mª Isidro, el pretendiente, que también se encontraba en el exilio desde que había finalizado la primera Guerra Carlista. Y en este “buen rollito” (que diríamos hoy) no les pesaba mucho el que los españoles se hubieran matado a mansalva defendiendo sus “causas”. Esto es la prueba más que evidente de que lo que distanciaba a las reales personas no era la ideología, “liberal” o “tradicional”, sino únicamente su ambición de reinar.

 

Y mucho más recientemente tampoco debemos olvidar que el “pretendiente carlista” Carlos Hugo de Borbón Parma, se unió en la “Platajunta” con socialistas y comunistas durante la Transacción, en su afán por desestabilizar el Régimen del 18 de julio y ver si podía “coger cacho”, algo consustancial con los borbones.

 

Tampoco agrada esta Constitución a muchos de los defensores del Régimen del General Franco.

 

Evidentemente. Hay que tener en cuenta que muchos partidarios del Régimen surgido el 18 de Julio votaron de buena voluntad una “Ley de Reforma Política” que actualizara el “Régimen de Franco”. Régimen que, tras haber dado paz y prosperidad a España, la había redimido de un atraso multisecular librándola además de la corrupción, inestabilidad y enfrentamientos que habían asolado España durante el S. XIX y primer tercio del XX. Pero fueron miserablemente engañados, pues se procedió a la demolición de ese Régimen, no a su reforma, dando lugar a un proceso constituyente que estaba claramente excluido en la propia ley de reforma aprobada en referéndum.

 

El ser conscientes de que fueron objeto de una descomunal estafa, unido a la constatación de que la Constitución de 1978 ha dado lugar a un estado fallido, son motivos más que sobrados para que la Constitución de 1978 “no agrade” a quienes añoran la España Una Grande y libre que dejara el Caudillo. 

 

Tienen la impresión de que con la Constitución, España ha ido a peor.

 

No tengo ninguna duda de ello, a la vista de los graves problemas que acechan. Como acabo de decirle, la Constitución ha dado lugar a un estado fallido: inviable en lo político, insostenible en lo económico y corrupto en lo moral. Quienes pretenden defenderla hacen referencia a los avances y mejoras habidas desde la muerte de Franco, y esto no debe ser asumido sin un somero análisis. En primer lugar hay que poner de manifiesto que desde el final de la Cruzada hasta la muerte de Franco transcurrieron treinta y seis años y desde ese momento hasta la actualidad ya han transcurrido cuarenta y cuatro. El progreso social y económico, desde el final de la guerra hasta que se aprobó la Constitución, fue infinitamente superior al que ha tenido lugar desde entonces hasta nuestros días. 

 

Y ello sin olvidar que Franco partió de un país atrasado y pobre, a lo que se unió la devastación producida por la guerra seguida de un canallesco cerco económico. Y a pesar de ello, además de erradicar el hambre y el analfabetismo, dejó una amplia clase media y una hacienda pública saneada. Por el contrario la “España constitucional”, a pesar de las ingentes ayudas económicas de la U.E se encuentra en  la bancarrota, al borde del rescate, tras haber malbaratado el tejido industrial levantado por el franquismo….  y ello a pesar de los ingresos de un turismo cuyo desarrollo es también obra de los gobiernos de Franco.

 

Naturalmente los enemigos de Franco -que no son otros que los de España-, como tan certeramente consignó en su mensaje póstumo- quieren poner en duda estas evidencias alegando que en la España Franquista los españoles no disponían de ordenadores, ni de teléfonos móviles…. prueba evidente según ellos de la obsesión del Régimen por cercenar las libertades.  

 

¿Qué soluciones propone para que esta enmienda a la Constitución pudiera darse realmente?

 

Solamente hay una, y es difícil mientras no haya libertad para que los españoles conozcan la verdad. Manipulaciones históricas como la serie “Cuéntame cómo pasó”  deben ser desmontadas con una narración de la verdad histórica que bien podría titularse “Te voy a contar como pasó”. Y solamente cuando el pueblo español conozca la verdad de lo que fue el “franquismo” y las consecuencias de haber demolido -en lugar de reformado- su Régimen, se podrá convocar un referéndum para la derogación o sustancial modificación (enmienda a la totalidad) de la Constitución de 1978.

 

Por ello el PSOE tiene tanto interés en modificar la infame Ley 52/2007 de forma que se persiga la difusión de esa verdad. Verdad, que al ser conocida por el pueblo español, dará al traste de forma impecablemente democrática con esta dictadura de los partidos políticos. Con esta falsa democracia liberal pueden vivir y medrar los partidos políticos, los grandes beneficiados de la impostura.

 

Por ello es tan necesario que medios como El Español Digital, El Correo de Madrid o la FNFF difundan la verdad. Porque la verdad finalmente nos hará libres.

 

Javier Navascués Pérez