El edificio del Palacio Nacional (antiguo Palacio Real), que sirvió de puesto de mando a una de las Unidades militares rojas que guarneció el frente de Madrid, funcionó como «checa» desde noviembre de 1936 hasta muy avanzada la guerra, constando numerosos asesinatos cometidos en la «checa» militar referida, directamente dependiente del jefe militar rojo que desempeñaba dicho mando, siendo el primero de estos jefes el Teniente Coronel Julio Mangada, y otro de ellos, el Teniente Coronel rojo Carlos Romero.

Las mismas características criminales que mostró el Ejército rojo del Centro, de cuya actuación en este sentido se han señalado sólo como limitadísimo ejemplo algunos casos concretos, acompañan a los demás Ejércitos marxistas repartidos por la zona dominada por el Frente Popular (Andalucía, Extremadura, Levante, etc.), cuyas tropelías y delitos de Derecho común han sido también judicialmente investigadas por la Autoridad nacional.

Los mandos de este mismo Ejército del Frente Popular llegan a intimar telefónicamente en Toledo, en la tarde del 23 de julio de 1936, al entonces Coronel D. JosÉ MOSCARDÓ, defensor del Alcázar, para que rindiese la fortaleza a las milicias rojas, bajo amenaza de asesinar a D. Luís Moscardó Guzmán, hijo del Coronel, que había sido detenido en una casa de la ciudad por las referidas milicias; amenaza que fue enérgicamente rechazada, tanto por el Coronel como por su hijo, en una conversación que mantuvieron, también por teléfono, y que ha alcanzado dimensión histórica. D. Luís Moscardó fue asesinado, y el Alcázar se defendió hasta que, casi destruido, fue liberado, juntamente con la ciudad de Toledo, el 27 de septiembre de 1936 por el Ejército de Franco. (Documento núm. 13. Declaración del Excmo. Sr. D. José Moscardó e Ituarte.)

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Las Unidades disciplinarias y Campos de Concentración, cuyo régimen y custodia se había confiado al Ejército rojo, son verdaderos lugares de suplicio, en los que no se observa en el trato a los presos y corrigendos las mínimas reglas de caballerosidad, ni siquiera de humanidad, habituales, en cualquier Ejército civilizado.

Entre multitud de casos análogos, puede referirse el de Turón (Granada): En 3 de mayo de 1938 fueron sacados de la cárcel «El Ingenio», en varios camiones guardados por soldados rojos armados con fusil y bombas de mano, trescientos presos, siendo presenciada su salida por el Gobernador civil de Almería, Eustaquio Cañas, socialista asturiano, que en un mitin celebrado con ocasión de la fiesta roja de 1.° de mayo anunció a Galán, jefe del 23 Cuerpo de Ejército marxista, la salida de la expedición en estos términos: «Ahí te mando trescientos fascistas; cuando se te acaben pide más.» Llegados a Turón los presos, se les dice que van a ser ocupados en la construcción de una carretera. De madrugada se les entrega pico o pala, y vigilados por milicianos, son conducidos por un camino quebrado hasta el lugar del trabajo, distante ocho kilómetros; a los que se agotan o se retrasan se les acribilla a balazos, dando el Teniente la orden de que no se gastasen municiones y se empleara contra ellos la bayoneta. Son también asesinados cuantos presos desfallecen en el trabajo. En ocasiones, se les ordena transportar una pesada cuba cargada de agua sin que se derrame una gota, y al menor traspiés que haga derramarse el agua, el forzado es muerto de un disparo, encomendándose la tarea a otro, y así sucesivamente, habiendo cuba de agua que costó la vida a seis presos. Otro es lanzado con una carretilla por una cuesta abajo, y cuando, herido, intenta subir arrastrándose, es recibido con un disparo que le produce la muerte. Un enfermo que, debido a su estado, no puede levantarse para acudir al trabajo, es asesinado en unión de un hermano suyo, también preso, que se había abrazado a la víctima. La alimentación es escasísima, y los malos tratos y las vejaciones, constantes. Un sacerdote que se atrevió a rezar durante la noche, fue pisoteado y apaleado por un miliciano hasta arrojar sangre por la boca. Una treintena de presos comunes que figuraban en la expedición fueron elevados por los milicianos a la categoría de capataces; provistos de varas, secundaban a los milicianos en los malos tratos; un gitano, preso común, que vio herido a uno de los presos políticos, y a fin de congraciarse con el miliciano de guardia, descargó con violencia el pico de trabajo contra el pecho del herido, asomando la punta por la espalda. El 10 de junio de 1938, al mes y siete días de haber salido de Almería los presos, van asesinados sesenta y siete de los trescientos que salieron de «El Ingenio». A setenta y cinco asciende el número de víctimas de la primera expedición, y a quince el de una segunda expedición que salió con el mismo destino. Todos estos hechos han sido concretamente investigados y acreditados plenamente por la Causa General de Almería.

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El 27 de octubre de 1936, en un ataque realizado por las fuerzas marxistas contra una posición nacional en el puerto de Somiedo (Asturias), fueron hechas prisioneras tres enfermeras del Ejército nacional, cuya personalidad consta; el Comandante rojo Jenaro Arias Herrero (a) «el Patas», jefe del sector, las condenó a muerte, sin formación de procedimiento alguno, diciendo a sus milicianos que aquella noche podían quedarse con las enfermeras y hacer con ellas lo que mejor les pareciera; en la misma noche fueron violadas por los milicianos en una casa del pueblo, e hicieron producir en el exterior del edificio diversos ruidos para ahogar los gritos de las víctimas. Al día siguiente, de madrugada, fueron asesinadas a tiros por unas mujeres voluntarias que, una vez cometido el crimen, las despojaron de sus vestidos, repartiéndoselos entre ellas.

El día 14 de octubre de 1936 fue hecho prisionero por los marxistas el defensor de la ciudad de Oviedo, D. Manuel de Rey Cueto, de veintinueve años de edad, y vecino de la misma; formaba parte como sargento voluntario del Regimiento de Infantería Milán núm. 32; fue crucificado y colocado de esta manera frente a las avanzadillas nacionales, en cuya forma fue encontrado el cadáver el día 21 de octubre del mismo año 1936 por las Columnas gallegas que establecieron contacto con la ciudad sitiada.

En la Marina de Guerra, la marinería que, excitada durante el período prerrevolucionario por la propaganda subversiva, había perdido toda noción de disciplina, al producirse el Movimiento Nacional se amotina contra sus oficiales (Documento número 14, letras A a la C), no para mantener la legalidad republicana, sino para imponer en los barcos la total anarquía. La oficialidad de la mayor parte de la Escuadra fue apresada por los marineros y subalternos que hicieron sufrir a los jefes y oficiales las más duras vejaciones, siendo asesinados un extraordinario número de ellos en increíbles circunstancias de ensañamiento.

Como episodio representativo de la barbarie de la marinería roja, servilmente alentada por el Gobierno del Frente Popular, pueden destacarse los crímenes cometidos en Cartagena, judicialmente acreditados todos ellos, tanto testifical como documentalmente:

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El 21 de julio de 1936, la marinería afecta al Frente Popular habilita como buque prisión el transporte España núm. 3, y a él son conducidos los jefes y oficiales detenidos. El 14 de agosto del mismo año llegó a Cartagena el acorazado Jaime 1 con averías y bajas a bordo como resultado de un bombardeo de la Aviación nacional; en este buque se había constituido ya un Comité y funcionaba una Guardia roja. Los miembros de ambos organismos, secundados por los tripulantes del navío, decidieron vengar el ataque de que había sido objeto el buque en los detenidos a bordo del España núm. 3 y Río Sil, habilitado también como prisión, y en el que se encontraban, en su mayoría, los Guardias Civiles detenidos en Albacete y trasladados a Cartagena. Previa orden de la autoridad roja de Marina, fechada en 14 de agosto de 1936, a las once y media de la misma noche, fue trasladada la primera expedición, de diez detenidos, desde el buque Río Sil hasta las proximidades del Cuartel de Marinería, donde fueron desembarcados, apoderándose de ellos los grupos, que los condujeron entre golpes e insultos hasta el callejón que conduce desde el Arsenal a la Prisión Militar de Marina y a la Constructora Naval, en cuyo lugar se habían instalado unas ametralladoras que dispararon sobre los presos, que fueron rematados a tiros de pistola y desvalijados. Como este hecho alcanzase demasiada publicidad, se suspendieron las ejecuciones y se acordó que el Sil se hiciera a la mar con el España núm. 3. La marinería roja, en unión de grupos civiles extremistas, embarcó en remolcadores, dirigiéndose hacia los mencionados buques, formando el núcleo principal de estas turbas el Comité y Guardia roja del Jaime 1, la Junta de Gobierno del Arsenal con los mandos del mismo y numerosos milicianos. Cuando el buque Sil se hallaba a unas treinta millas del puerto, y con el pretexto de limpiar las bodegas donde se hallaban los detenidos, se les obligó a salir a cubierta, donde eran atados de dos en dos, con las manos a la espalda, colocándoseles unas parrillas a los pies y siendo arrojados vivos al mar, dándose el caso de que a dos de ellos se les soltaron las parrillas y quedaron en el mar reclamando auxilio angustiosamente, sin que se les hiciera el menor caso. Cuando ya habían sido sacrificados cincuenta y dos presos, los restantes se negaron a salir, amenazando con prender fuego al depósito de gasolina que había en la bodega, ante cuya amenaza, los asesinos depusieron su actitud e hicieron regresar el barco al puerto.

Mientras tanto, en el España núm. 3, cuando el buque se hallaba a unas veinte millas al Sur de Cartagena, la marinería e individuos embarcados comenzaron el asesinato de los Oficiales, a cuyo efecto formaron dos piquetes, uno a proa y otro a popa, sacándose el primer grupo de unos ocho o diez presos que fueron colocados, amarrados, en la banda de estribor; entre los caídos en este grupo figuran el Teniente Coronel de Intendencia D. Julián Pellón y el Teniente de Navío don José María Martín. Los asesinatos continuaron, siendo las víctimas obligadas a salir de una en una, en cuyo momento se les disparaba primero un tiro en la nuca y acto seguido otro en la frente, siendo arrojados los cadáveres, seguidamente, al agua. Hechos que constan tanto por notoriedad como por abundante prueba testifical e incluso documental, consistente en los partes de servicio dados por los jefes rojos.

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Existen acreditados los siguientes asesinatos de marinos, perpetrados en Cartagena, sin contar los numerosísimos casos de marinos trasladados a otros puertos del Mediterráneo y asesinados durante su prisión:

  • D. Ramón de Navia Osorio y Castropol.—Contralmirante.
  • D. José Fernández Pery.—Capitán de Corbeta.
  • D. Rafael Guitián y Carlos-Roca.—Capitán de Corbeta.
  • D. Juan García de la Mata.—Capitán de Corbeta.
  • D. Tomás Bustillo Delgado.—Alférez de Navío.
  • D. Antonio Amusátegui Rodríguez.—Capitán de Corbeta.
  • D. Eduardo García Ramírez.—Capitán de Fragata.
  • D. Francisco Moreno de Guerra.—Capitán de Fragata.
  • D. José Tapia Manzanares.—Teniente de Navío.
  • D. Pedro Gutiérrez Ozores.—Teniente de Navío.
  • D. Javier de Salas y Pintó.—Capitán de Corbeta.
  • D. Remigio Jiménez Cervantes.—Teniente de Navío.
  • D. Emilio Briones Saselli.—Teniente de Navío.
  • D. José Vagué Pérez.—Alférez de Navío.
  • D. Miguel Guitart de Virto.—Alférez de Navío.
  • D. Guillermo Schalfhausenh Kebbon.—Teniente de Navío.
  • D. Juan de la Piñera y Galindo.—Capitán de Fragata.
  • D. José Arroyo Martínez.—Comandante de Artillería.
  • D. Pedro García Quesada.—Alférez de Navío.
  • D. Gonzalo Bruquetas Llopis.—Capitán de Corbeta.
  • D. Manuel Bruquetas Gal.—Coronel de Artillería.
  • D. José Nieto Antúnez.—Teniente de Navío.
  • D. Enrique de Guzmán Hernández.—Capitán de Corbeta.
  • D. Javier Carlos-Roca—Alférez de Navío.
  • D, Ramón Carlos-Roca y Carlos-Roca.—Comandante de Ingenieros.
  • D. José Rodríguez Guerra.—Teniente de Navío.
  • D. Ramón María Gámez Fossi.—Capitán de Navío.
  • D. Rafael González y Alvargonzález.—Coronel Auditor.
  • D. José de Pedro.—Teniente de Navío.
  • D. Francisco Rosado.—Teniente de Navío.
  • D. Alfredo Oliva Llamusí.—Teniente de Navío.
  • D. José Martín García Vega.—Teniente de Navío.
  • D. José Luis Rebellón.—Capitán de Intendencia.
  • D. Andrés Sánchez Ocaña.—Coronel de Infantería de Marina.
  • D. Julián Pellón López.—Coronel de Intendencia, retirado.
  • D. Francisco Ariza.—Teniente Coronel de Infantería de Marina.
  • D. Fernando Ruiz de Valdivia.—Teniente de Infantería de Marina.
  • D. Agustín Posada Orbeta.—Teniente de Navío.
  • D. Juan Sarmiento de Sotomayor y Rubalcabar.—Teniente de Navío.
  • D. Cayetano Rivera.—Capitán de Corbeta.
  • D. José León de la Rocha.—Capitán de Corbeta.
  • D. Eladio Ceano Vivas.—Capitán de Corbeta.
  • D. José Otero Lorenzo.—Jefe Auxiliar de Aeronáutica.
  • D. Antonio Fernández Salgueiro.—Teniente de Navío.
  • D. Severiano de Madariaga.—Teniente de Navío.
  • D. José García Saralegui.—Teniente de Navío.
  • D. Jerónimo Martell.—Teniente de Navío.
  • D. Manuel de Castro Gil.—Teniente de Navío.
  • D. Cirilo Moreno Jiménez.—Teniente de Navío.
  • D. Bernardo Blanco Pérez.—Teniente de Navío.
  • D. Alfonso Alfaro y del Cueto.—Teniente de Navío.
  • D. Ramón Ojeda López.—Teniente de Navío.
  • D. Joaquín Farias Marqués.—Teniente de Navío.
  • D. Edmundo Balbontín de Osla.—Teniente de Navío.
  • D. Diego Hernández de Henestrosa.—Teniente de Navío.
  • D. Ignacio Alfaro Foumier.—Alférez de Navío.
  • D. Julio Marra López.—Alférez de Navío.
  • D. Julián Martí y García de la Vega.—Alférez de Navío.
  • D. Joaquín Rivero Picardo.—Alférez de Navío.
  • D. Julio García Sánchez.—Alférez de Navío.
  • D. Lorenzo de Acosta Gallardo.—Alférez de Navío.
  • D. Joaquín del Hoyo Algar.—Alférez de Navío.
  • D. Ricardo Bona Orbeta.—Alférez de Navío.
  • D. Eusebio Franco Garmindo.—Alférez de Navío.
  • D. Antonio Falquina y García de Pruneda.—Alférez de Navío.
  • D. Alfonso Vare Mora Figueroa.—Alférez de Navío.
  • D. Germán Portillo Alhambra.—Alférez de Navío.
  • D. Juan José Rabina Poggio.—Alférez de Navío.
  • D. José María Borreda Calatayud.—Alférez de Navío.
  • D. Enrique Brazis Llompart.—Alférez de Navío.
  • D. Jaime Janer Vázquez.—Alférez de Navío.
  • D. Pablo Sánchez Gómez.—Alférez de Navío.
  • D. Alvaro G. de Ubieta.—Jefe de Intendencia Civil.
  • D. José María Rodríguez y Patudo de la Rosa.—Comandante de Infantería de  Marina.
  • D. José Virgili.—Teniente de Navío.
  • D. Manuel Cebreiro Blanco.—Teniente de Navío.
  • D. Ramón Dorda.—Teniente de Infantería de Marina.
  • D. Carlos García Bermúdez.—Capitán de Infantería de Marina.
  • D. Esteban Dodero Pérez.—Comandante de Infantería de Marina.
  • D. Gerardo Fraile Massa.—Teniente de Infantería de Marina.
  • D. Servando Arbolí.—Teniente de Navío.
  • D. Carlos Laulhé.—Teniente de Navío.
  • D. Carlos de Miguel Roncero.—Capitán de Infantería de Marina.
  • D. Manuel Valdés Suardíaz.—Alférez de Navío.
  • D. Ramón García Bermúdez.—Alférez de Navío. 
  • D. Antonio Alonso Riverón.—Capitán de Fragata.
  • D. José María Calvar.—Teniente de Navío.
  • D. Aquilino Aparicio.—Teniente de Navío.
  • D. Juan J. Vázquez.—Teniente de Navío.
  • D. José Cervía Cabrera.—Alférez de Navío.
  • D. Ramón Rodríguez Lizón.—Capitán de Corbeta.
  • D. José Barreda Aragonés.—Teniente de Navío.
  • D. José Kith Canseco.—Teniente de Navío.
  • D. Miguel Núñez del Prado.—Teniente de Navío.
  • D. Heriberto de Goytia.—Alférez de Navío.
  • D. Joaquín Ugidos.—Alférez de Navío.
  • D. Manuel Esteban Ciriquian.—Alférez de Navío.
  • D. Valentín Ariza.—Teniente de Infantería de Marina.
  • D. Manuel Sierra Carmona.—Capitán de Corbeta.
  • D. Miguel de Guzmán Hernández.—Capitán de Intendencia.
  • D. José María Aznar y Bárcena.—Capitán de Fragata.
  • D. Emilio Cunchillos Cunchillos.—Guardiamarina de tercer año.
  • D. Marcelino Galán y Arrabal.—Capitán de Fragata.
  • D. Vicente Gironella Ronquillo.—Capitán de Corbeta.
  • D. Rafael Martos Giménez.—Teniente de Navío.
  • D. José Verdaguer Puigmartín.—Teniente de Navío.
  • D. Angel González López.—Teniente de Navío.
  • D. Raimundo Torres López.—Teniente de Navío, retirado.
  • D. Casimiro Jaudenes Junco.—Capitán de Artillería.
  • D. Vicente Vidal Sales.—Capitán de Infantería de Marina.
  • D. José María Mateo Vivancos.—Alférez de Navío.
  • D. Luis de Abarca y Toca.—Alférez de Navío.
  • D. Luis de Pando y Blanca.—Capitán de Intendencia.
  • D. Francisco Gómez.—Oficial de Intervención.
  • D. Abelardo de Labra.—Maquinista mayor, retirado.
  • D. Francisco García Balanza.—Auxiliar de Oficinas.
  • D. Isidoro Fernández.—Cabo de Artillería.
  • D. Miguel Calvo Criado.—Particular (carpintero).
  • D. José Sotelo Noguera.—Auxiliar segundo de Artillería.
  • D. José Sierra Biennert.—Marinero de segunda.
  • D. Antonio González Santa Olalla.—Marinero de segunda.
  • D. Joaquín Gutiérrez Sierra.—Mozo de Intendencia.
  • D. Guillermo López Biernet.—Escribiente de Servicios Técnicos.
  • D. Teófilo Alvarez Collado.—Auxiliar de electricidad.
  • D. Pascual Morales Moncho.—Mozo de farmacia.
  • D. Germán Montero Lueces.—Operario.
  • D. Luis Martínez Laredo.—Auxiliar de Infantería de Marina.
  • D. Antonio Navarro Sánchez.—Auxiliar segundo de Torpedos.
  • D. Antonio Marinez Monche.—Soldado de Infantería de Marina.
  • D. Miguel Montes González.—Cabo primero de Artillería.

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Fue consigna general de las fuerzas armadas rojas, a fin de prevenir, por medio del terror, las evasiones a zona nacional –cuya frecuencia, incluso entre campesinos, obreros y otros reclutas de posición social modesta demuestran el deseo de sustraerse a la tiranía marxista por parte de los que la conocían y sufrían de cerca—, reemplazar al evadido por alguno de sus hermanos, o incluso, otras veces, por su padre, sin reparar en la edad de éste; el rehén ingresaba en la Unidad militar roja con muchas probabilidades de ser asesinado por orden de los mandos militares o del Comisariado político.

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