Especializados en voto electrónico, con sede en la ciudad de Barcelona y con una deuda bancaria que se mueve en torno a los 30 millones de euros. La situación de la empresa tecnológica Scytl es el claro ejemplo de otros muchos negocios que tienen que plantar cara a unas cifras poco halagüeñas. De hecho es, también, el claro ejemplo de cómo proceder para evitar que los problemas vayan aún a mayores.

¿El motivo? Con el fin de renegociar dicha deuda, Scytl se ha acogido al artículo 5 bis de la ley concursal para solicitar protección judicial, ganar algo de tiempo y prepararlo todo de cara a un procedimiento fácil de vaticinar: el preconcurso de acreedores. A través de este, del que ya se han encargado de informar tanto a los bancos con los que se ha contraído la deuda como a los propios empleados de la firma, buscan conseguir un poco de aire para perseguir una estabilidad que se les ha escapado de los dedos durante todo el 2019.

Una deuda asumida con los bancos, pero que tiene 20 millones adicionales a deber por financiaciones públicas y con proveedores. Aunque las cifras no se han establecido con claridad, se habla de que la deuda total de la firma puede ir desde los 55 millones de euros hasta los 70 millones aproximadamente. Números que, evidentemente, son imposibles de salvar para la compañía y la han obligado a poner en marcha este plan alternativo.

Preconcurso de acreedores: buscando una reducción de deuda

Tiempos muy difíciles para una empresa que abrió sus puertas en 2001 con el objetivo de ser una de las más exitosas del país. Después de haber alcanzado un valor de más de 300 millones de euros y llegar a alcanzar la cifra de los 500 empleados, nunca consiguió despegar realmente y obtener beneficios reales, provocando una espiral que ya en 2017 obligó a realizar movimientos estratégicos para reducir una deuda que no dejaba de crecer.

La situación para Scytl no ha hecho más que agravarse desde entonces. Ya en el pasado 2018 registro un beneficio bruto de 7 millones en negativo, unos números que imposibilitaban a la firma cubrir sus costes de operación y, por supuesto, su subsistencia. A pesar de los contratos conseguidos en el último periodo, siguen teniendo un margen negativo que ha seguido acrecentando el importe de su deuda.

Por eso, han optado por solicitar un preconcurso de acreedores que se prolongará durante un periodo de unos cuatro meses. En ese tiempo, la compañía quiere encontrar nuevos socios en otros países extranjeros para conseguir una financiación mientras se negocia la deuda contraída con bancos. Así, pueden adquirir el capital necesario para seguir funcionando y salvar este bache que lleva ya casi 3 años haciendo a la empresa tambalearse gravemente a nivel económico.

La ayuda de las firmas especializadas

Situaciones como la de Scytl son, tristemente, la realidad de muchas otras empresas que se topan con un rendimiento inesperado para su negocio. Aunque a menor escala, los datos más recientes que se han recogido hablan de un endeudamiento tanto empresarial como personal elevado en España. Afortunadamente, los números son más positivos de lo que parece, puesto que se ha conseguido que la deuda general de sociedades baje a un 75%, por debajo de la Unión Económica y Monetaria de Europa.

Por supuesto, el ideal es que la situación siga mejorando, pero antes de llegar a eso, muchos negocios van a tener que apostar por mecanismos como el del ejemplo aquí expuesto: ganar tiempo para buscar financiación y negociar la deuda contraída con los principales deudores. Afortunadamente, existen también firmas especializadas en esta labor, cuyo único fin no es otro que ofrecer un salvavidas en tiempos en los que todo parece que vaya a hundirse.

Profesionales como Igor Ochoa, experto en gestión de crisis de la consultora Dipcom Corporate, ofrecen sus servicios como profesionales en la materia tanto a nivel nacional como internacional para ayudar en procedimientos como este. De hecho, su especialidad en todo lo relacionado con el concurso de acreedores sirve para otorgar un poco de oxígeno a esas compañías que pasan por un momento especialmente difícil. 

Pero, ¿qué es el preconcurso de acreedores?

Después de tanto leerlo, es posible que más de uno se pregunte qué es exactamente esta figura que tanto se ha estado repitiendo para hablar de la situación de Scytl y de su búsqueda de soluciones. Un preconcurso de acreedores es un mecanismo por el cual se solicita un periodo de gracia, o una prórroga, antes de entrar en concurso de acreedores para tener una oportunidad más de buscar soluciones antes de tener que pasar por una intervención judicial.

Este mecanismo se apoya en la Ley Concursal, más concretamente en el artículo 5 bis. En él, se refleja la posibilidad de que una empresa insolvente pueda tener un último plazo para plantear una renegociación y buscar un acuerdo de financiación con el que lograr poner remedio a todos los problemas de dinero. Es una vía alternativa que se plantea, alejada de la rigidez de los plazos habituales que se dan en el concurso de acreedores.

Maniobra que ha tenido que aplicar Scytl con el fin de conseguir una última bocanada de aire. Tiene cuatro meses para conseguirlo, aunque parece que las reuniones preliminares van por buen camino en esa búsqueda de inversores. Si funciona, conseguirán capear el temporal con eficacia.