Calificaciones: Oblak (7); Juanfran (6), Giménez (8), Godín (8), Filipe (5); Thomas (7), Koke (7), Griezmann (6), Saúl (6); Diego Costa (7) y Morata (7).

También jugaron Lemar (5), Kalinic (4) y Correa (5).

 

El compromiso que afrontaban los colchoneros era difícil de verdad porque la cancha vitoriana es áspera y el rival compite como nadie. Con la doble idea de perseguir la ya muy lejana estela del Barça y además mantener el segundo puesto, Simeone entregó los timones del mediocampo a Thomas y Koke (Rodrigo no podía jugar), situó a Griezmann sobre la banda derecha, encomendó el flanco izquierdo a Saúl Ñíguez y colocó dos delanteros natos: Diego Costa y Álvaro Morata.

Con tal disposición, el Atleti salió contundente, alegre y ofensivo. Sólo hicieron falta tres minutos para que Saúl malograra una ocasión frente al meta Pacheco y quizá al ocho rojiblanco se le vinieran a la cabeza las oportunidades perdidas con el combinado nacional (pasado miércoles, Malta-España) y la evidencia de una temporada poco pródiga en goles. Pero el fantasma no asustó demasiado porque Griezmann habilitó a Ñíguez sesenta segundos después, esta vez la fortuna sonrió y el marcador cambió demasiado pronto para un Alavés aturdido por el golpe y que vio cómo Costa hacía el segundo a los once. El hispanobrasileño clausuraba infames meses de sequía, era de nuevo pantera y marcaba un golazo por la escuadra con admirable sencillez.

A partir de ahí, los vitorianos se sacudieron el miedo y buscaron el marco del milagrero. A veces no llegan los prodigios eslovenos, pero suele suceder -y hoy también- que entonces aparece Giménez para meter el pie con pundonor y buen oficio, Saúl salva de cabeza bajo los palos cuando el estadio ya canta gol o el VAR silba bajito, mirando hacia otro lado, después de una desafortunada mano de Juanfran en el interior del área que de pronto nos trasladó a Estonia, 15 de agosto de 2018, y recordamos que el Atlético es vigente supercampeón de Europa aunque de aquello parezcan haber pasado unos cuantos lustros.

El Alavés lo intentó sin fortuna, Diego Costa volvió a lesionarse y el segundo tiempo trajo la novedad de Lemar. Después de una buena primera parte atlética, de pronto no parecíamos tan precisos y el francés recién llegado parecía cobrar comisión por cada pelota entregada al contrario; pero hacia el 58 mostró calidad en el magnífico pase que Álvaro Morata aprovechó para plantarse frente a Pacheco, ignorar la cercana compañía de Griezmann y definir con ese estilo tan de goleador serio, fiable, académico. Cero-Tres.

Los locales continuaban su amago de asedio porque forman un bloque competitivo y tienen vergüenza torera, aunque la efectividad del Atleti era incontestable. Lemar nos convenció con una gran asistencia, Griezmann disparó contra el palo, las ocasiones huían del marco de Oblak porque allí había un gigante e intimidatorio “cuidado, uruguayos sueltos”, el dúo Thomas-Koke iba camino de convertirse en monopolio y fue Partey quien a los 84 consiguió un golazo brillante, lejano, inconmensurable y capaz de finiquitar a varias de esas arañas que algunos aseguran haber visto en las escuadras de las porterías.

El Atlético ganó con sorprendente facilidad, el sistema hoy sí funcionó y ahora toca recibir al Gerona. Jornada 30, siete y media, estadio Metropolitano.