Hablar de Carlos Alonso González, más conocido como Santillana (apellido futbolístico que proviene de su localidad natal, la hermosa villa cántabra de Santillana del Mar) es hablar de una auténtica leyenda del fútbol español y europeo de los años 70 y 80. Delantero del Real Madrid durante 17 temporadas, entre 1972 y 1988, su nombre sigue estando entre los máximos goleadores la historia del club blanco. Su palmarés lo dice todo: 9 títulos de Liga: 71-72, 74-75 ,75-76, 77-78, 78-79, 79-80, 85-86, 86-87, 87-88.

3 copas del Rey 74-75, 79-80, 81-82. 2 Copas de la UEFA 84-85 y 85-86, entre otros títulos. La mayor parte de ellos jugando de delantero titular. Goleador de raza y maestro en la difícil suerte del remate aéreo. Miembro de una estirpe inolvidable de futbolistas españoles que alimentaron los sueños de toda una generación de niños que hoy pasamos de los 40. Fue internacional con la Selección Española en 56 encuentros. Es especialmente recordado por su participación, con 4 goles, en el inolvidable 12-1 a Malta de 1983.

A los 14 años pisó por primera vez un campo de fútbol con porterías y a los 18 años ya estaba en el Real Madrid. Acompáñenos en esta entrevista a conocer la trayectoria de una de las leyendas del madridismo y del fútbol español. Un jugador que dejó huella incluso en las aficiones rivales que le saludan con cariño reconociendo su talla como persona y deportista.

(Agradezco al servicio de documentación de Rafael María Molina, que me ha asesorado para la elaboración de esta entrevista).

 

¿Cuáles serían las principales diferencias técnicas, tácticas y físicas del fútbol de su época con respecto al actual?

Ahora es todo muy diferente. En primer lugar hay mucho fútbol televisado, antes era todo más familiar y ahora es un negocio. Pero a nivel técnico, táctico y físico piensa que ahora se ha mejorado mucho en todos los sentidos. Antiguamente en la mayoría de campos era muy difícil jugar porque o estaban en  muy mal estado o nos los dejaba en mal estado el rival. El Madrid tenía mucha más calidad, pero en ese tipo de estadios la calidad se igualaba y podías perder en cualquier campo. Ahora los terrenos de juego están muy bien y cuando un jugador tiene calidad individual es el que marca las diferencias. Hoy está todo mucho más igualado porque todos los equipos tienen unos sistemas de preparación, físicos y tácticos, similares.

 

Antiguamente, si lo comparamos con ahora, parece que jugaban andando y había incluso jugadores con tripa, algo impensable hoy en día.

Claro, físicamente ha evolucionado todo muchísimo, pero los jugadores buenos de antes hubiesen destacado hoy igual. Hay que tener en cuenta que esos jugadores bien entrenados, bien alimentados, bien preparados, con los campos que hay, hubiesen destacado igualmente. Jugadores con esa imaginación y técnica como Di Stéfano, Puskas, Juanito hubiesen brillado igualmente en el fútbol actual.

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Ha vivido en primera línea el Real Madrid del legendario don Santiago Bernabéu y también los posteriores de don Luis de Carlos y don Ramón Mendoza. ¿Qué podría decirnos sobre el ambiente y el señorío que han caracterizado al club, aparte de su grandeza deportiva?

Todo ha  cambiado mucho. En el Madrid éramos una gran familia y ahora es una gran empresa. No es sólo el Madrid, sino todo el mundo de fútbol ha cambiado con los tiempos. Y una gran empresa tiene que sacar réditos, tiene que ganar dinero. Está el deporte, pero detrás de eso está el tema puramente económico. Anteriormente el club era una gran familia y nuestro padre adoptivo era D. Santiago Bernabéu. Por la educación de aquellos años, era un personaje mítico, importante, que infundía un gran respeto. D. Santiago entraba en el hotel o en el vestuario y nos poníamos todos de pie. Casi nos faltaba bajar la cabeza. En ese sentido eran otros tiempos y otra forma de vivir, pero sobre todo la forma de llevar el club. En aquella época nos conocían todos los empleados de las oficinas y de todos los estamentos del club. Teníamos una relación estrecha con todos. Ahora son empresas que contrata el Real Madrid, empresas de seguridad, empresas de azafatas etc...Eso impersonaliza lo que realmente era el Madrid anteriormente.  Pero no es el Madrid sólo, por supuesto sino todos los grandes clubes. Los tiempos son muy distintos.

 

¿Qué siente por haber vestido la camiseta del Real Madrid?

Cuando yo era pequeño siempre tuve la ilusión de jugar en el Real Madrid. Y eso que yo prácticamente no veía jugar al Madrid porque en mi pueblo no había televisión. Cuando yo llego con 18 años me veo con una gran ilusión cumplida. Me encuentro con Pirri, Amancio, Velázquez, Zoco, Grosso..., jugadores que para mí eran míticos. Sólo había que mirarlos y escucharlos. Y ellos te transmitían todo. Las vivencias que habían tenido, como había que afrontar un partido, con que fortaleza y con que dureza jugarlo. El espíritu madridista no tiene normas escritas. O lo has vivido o no lo has vivido. Para vivirlo tienes que estar presente y hacer caso a los mayores. Yo veía como afrontaba los partidos Pirri por ejemplo y eso me hacía dejarme la piel, porque él siendo figura, era el que más corría, el que más ardor ponía. Y no sólo en el campo, también fuera del campo.

Si había que ir a negociar las primas o cualquier cosa con el club iban ellos a dar la cara por todos nosotros. Había una jerarquía, había unos líderes a los que había que respetar y obedecer. Era una escuela de vida de como había que afrontar el fútbol y cómo había que comportarse como jugador madridista, dentro del terreno de juego y fuera del mismo. Eramos una imagen para todo el mundo. Yo perdía un partido el domingo y no se me ocurría salir a cenar esa noche pero ni en broma y mucho menos ir a una discoteca. A uno mismo le daba vergüenza salir por ahí después de perder. En la cabeza nuestra era impensable. Nos quedábamos en casa a reflexionar sobre la derrota y a pensar que había fallado. Para nosotros era muy duro ir a un restaurante y que te echaran en cara haber perdido. Eso con el tiempo va desapareciendo porque la filosofía de la vida ha cambiado.

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Usted era un gran profesional, muy entregado a su profesión.

Yo sólo vivía para el fútbol. Para estar a tope, para el domingo, para el miércoles, para dejarme la piel en cada partido, en cada entrenamiento. La ilusión de mi vida era darlo todo para darle prestigio al club. Fuera del fútbol me comportaba como un señor, como tenía que ser un jugador del Real Madrid. Ningún escándalo, no coger el coche o irme sin permiso del club a ninguna fiesta ni nada por el estilo. Ese tipo de cosas en nuestra época estaba prohibido. Si yo quería ir a Valladolid a ver a un amigo tenía que pedir permiso al club. Eramos muy responsables. Tampoco podíamos esquiar ni tener moto o hacer nada que pusiese en riesgo nuestra salud. Era otra forma de ver las cosas y vivíamos para eso. Hoy en día un gran jugador es una empresa. Además de jugar al fútbol tiene otras muchas cosas en su cabeza. Tienen representantes, tienen secretaria, compromisos publicitarios, actos de todo tipo...Yo no tenía nada de eso y lo tenía que hacer yo todo. Al firmar un contrato firmaba respetar unas normas, los estatutos del club.

 

Era el de su época un fútbol con muchos menos jugadores extranjeros que ahora. ¿Propiciaba ello una convivencia mayor y un compañerismo mucho más intenso que en el fútbol actual?

Totalmente de acuerdo. Había sólo dos extranjeros sólo y luego se abrió mucho la mano. Entonces era más fácil que esas jerarquías continuasen porque eramos todos de casa y habíamos mamado todos lo mismo menos los dos extranjeros. Y a esos dos jugadores foráneos nos les quedaba más remedio, aunque tuviesen su ego, que adaptarse.

A partir de la ley Bosman esas jerarquías que habíamos vivido, respetando a veteranos como Pirri, Amancio etc., y que tratábamos de transmitir a Butragueño, Michel, Martín Vazquez etc.,  fueron desapareciendo poco a poco. Aunque los integrantes de la Quinta del Buitre ganaban más que nosotros nos tenían un profundo respeto.

 

Ahora los equipos son como la ONU, con jugadores de todo el mundo.

Claro ahora hay 3 españoles y 12 extranjeros entre los jugadores habituales. Cada uno viene de un país diferente, en donde tienen concepciones de fútbol distintas y formas de ver la vida distintas, incluso religiones distintas. Todo eso hace que la relación de vestuario cambie. Cada jugador importante es como una empresa, que tiene muchos compromisos publicitarios y están muy pendiente de estas exigencias, antes sólo pensábamos en entrenar y en jugar.

 

La rivalidad entre el Real Madrid y los equipos vascos a finales de los 70 y principios de los 80 fue legendaria, de las que hacen afición. Siempre se jugaban ustedes las Ligas en la última jornada. ¿Como vivieron ustedes aquellos años, que son recordados con nostalgia por los buenos aficionados en nuestro país?

Muy buenos porque nosotros teníamos un gran equipo con muy buenos futbolistas y muy luchadores. Pero hubo unos años en los que nos encontramos con una Real Sociedad con un gran elenco de jugadores, que es muy difícil que vuelvan a repetir (Zamora, Satrústegui, López Ufarte, Alonso...). Estos jugadores se ponían a nuestro nivel. La Real Sociedad jugaba más al fútbol, era un juego más de toque y posesión. El Athletic de Bilbao tenía un juego más inglés, más directo, con balones largos. Era un tipo de fútbol que ellos tenían muy interiorizado y que era muy complicado para el resto de equipos. Hubo unos años que tanto la Real como el Athetic fueron campeones por su propios méritos. Fueron unas ligas muy disputadas hasta el final.

 

Usted fue parte esencial de aquellas remontadas míticas en las Copas de la UEFA de mediados de los 80. Se le consideró a usted la bestia negra del Inter de Milán y se recuerda especialmente su gol en el minuto 90 al Borussia. ¿Cómo recuerda usted aquellas noches mágicas en el Bernabéu?

Con mucho cariño, pues fueron muy emocionantes. Los he vuelto a ver en vídeo y era de admirar la ilusión, la garra y la fortaleza de las remontadas. Obviamente también había mucha calidad. Teníamos un equipo muy bueno para jugar en casa, pero sin embargo para jugar fuera nos faltaba contraataque, nos faltaba velocidad y teníamos problemas. En cambio en el Bernabéu era todo diferente. Teníamos a Michel por la derecha, a Gordillo por la izquierda, yo jugaba de delantero junto con Valdano. Teníamos a Butragueño, a Martín Vázquez. Las cosas no suceden de casualidad. Metíamos una presión al contrario increíble.

 

El miedo escénico que acuñó Valdano.

Sí, así lo denominó y algo de eso había y sigue habiendo. Los equipos que van al Bernabéu van con mucho respeto. Antes al no haber tanta televisión los equipos extranjeros tenían menos conocimiento de lo que es jugar un partido en el Bernabéu. Y luego al ver un campo lleno con 120.000 personas quedaban impresionados.

 

El único lunar del Madrid de su generación fue la Copa de Europa. ¿Cree que les faltó suerte?

Hubo mala suerte, sin duda. Yo jugué la final que perdimos contra el Liverpool. No hicimos un buen partido pero fue un encuentro muy reñido y con algo más de suerte podríamos haber ganado aquella final. Perdimos 1 a 0. La Quinta del Buitre se mereció al menos una o dos veces la Copa de Europa. Yo estaba en la plantilla y me hubiese hecho mucha ilusión. No haber ganado la Copa de Europa es una espina que llevo clavada en el corazón. El Madrid lo mereció. Nos tocó una eliminatoria muy igualada con el PSV que empatamos aquí y allí y quedamos fuera. Ese año la merecíamos. Hubo otra semifinal en la que ganamos 2-0 al Hamburgo en casa y luego fuera nos expulsaron a Del Bosque y perdimos 4 o 5 a 1. La final ese año era en el Bernabéu. También el sistema de competición  entonces, con eliminatorias puras y sin liguillas era más complicado. Y antes sólo jugaba la Copa de Europa el que ganaba la Liga.

 

Usted fue un goleador de raza y un gran rematador de cabeza. ¿Era más difícil marcar entonces que ahora, por ser mucho más permisivos los árbitros con el juego duro?

Lo que pasa es que antes, como el estado de los campos era deficiente en muchos casos, el terreno de juego no daba tanto como ahora para un juego de toque, con paredes y pases precisos y se usaba más que ahora el recurso del juego aéreo. Se entraba mucho por las bandas y los equipos que tenían buenos rematadores como podía ser yo o Quini, tenían una baza importante en ello.

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¿Qué entrenador le marcó o le impresionó más?

Como entrenador le estoy muy agradecido primero a Miguel Muñoz que fue un padre deportivo para mí y aprendí mucho con el cuando era casi un niño todavía y acababa de llegar al Madrid. Yo tenía una formación técnica muy limitada y el me enseñó muchísimo. Y después destacaría a Vujadin Boskov. Fue un entrenador yugoslavo que se empapó mucho del madridismo y sintió  profundamente los colores. Era un gran profesional, que introdujo técnicas de entrenamiento y planteamientos tácticos muy innovadores para la época, que han influido mucho en entrenadores posteriores, por ejemplo en Vicente del Bosque o Camacho. Como jugador me impresionó mucho Cruyff y la calidad de los holandeses de los 70.

 

El Mundial de España 82 fue una decepción para todos. ¿Por que cree usted que las cosas no salieron bien?

Fue complicado. El ambiente no fue el idóneo. El seleccionador Santamaría no se hablaba con la prensa. Recibíamos palos muy duros de los medios y había una sensación que no era positiva. Por desgracia las cosas no salieron. Tengo un recuerdo amargo de los 2 mundiales en los que estuve. En el del 78 en Argentina lo mismo, también había un ambiente complicado con varios jugadores que tenían problemas con Kubala. Cuando hay tensión, los jugadores lo notan y la Selección sale perjudicada. Hoy normalmente las relaciones de los medios con la Selección y entre los propios jugadores y el técnico en los grandes campeonatos, Mundial o Eurocopa, son mucho mejores y eso es un factor que ayuda mucho al equipo.