Calificaciones: Oblak (8); Arias (8), Giménez (8), Godín (5), Lucas (7); Rodrigo (6), Thomas (6), Lemar (5), Koke (6); Correa (6) y Griezmann (6)

También jugaron Mollejo (6), Montero (S.C) y Joaquín (S.C).

 

Al principio aún veíamos algo, pero la invisibilidad terminó adueñándose del panorama. Si alguien instalara un tiovivo en el área inicialmente defendida por el cuadro rojiblanco -y donde más tarde iban a gestarse los goles de Arias y Koke-, los espectadores más alejados ni se percatarían.

La cosa era complicada porque los atléticos acumulaban exceso de bajas, se les suponía un desgaste importante tras la batalla contra el Gerona y el animoso comienzo local puso varias veces en riesgo la meta del inconmensurable Oblak. El debutante Enric Gallego protagonizaba buenas acciones, Pulido casi marca de chilena (el balón se estrelló contra el palo), Hernández tuvo un mano a mano resuelto por el portero eslovaco y el Atleti empezó tan congelado como el clima oscense.

A los dieciocho, los colchoneros dieron su primer indicio de vida ofensiva con el cuero profundo de Correa que Thomas Lemar estrelló contra el cuerpo de Santamaría; Aquello fue un punto de inflexión y desde entonces fue la escuadra madrileña quien más manejó el juego hasta que una meritoria jugada significó el cero-uno: Lemar habilita a Koke, el internacional centra y Lucas remacha. El Huesca acusó la bofetada y ya no se acercó tanto al territorio de Oblak. La primera parte finalizó con este resultado corto, apretado, y nos dejó un duelo de alto voltaje que continuaría en la segunda mitad: el ofrecido por Gallego y Diego Godín.

Tras el descanso, y lejos de sentir la fatiga de la Copa, arrancó mandón el Atleti. Correa la tuvo y quien sí acertó fue el exultante Arias. En el 51, Griezmann le envió un estupendo balón que el colombiano enganchó con calidad y alojó dentro del portal aragonés. Dominaban los colchoneros en medio de la invisibilidad, de la niebla exagerada. Thomas y Rodrigo dieron pocas opciones, Giménez fue el mariscal de la defensa y los dos carrileros -Lucas, Arias- habían sido decisivos en vista que hoy Antoine no vio puerta.

Para hacer más plácida la contienda, todavía llegó otro gol cuando el lateral francés corrió la banda, sirvió un gran centro, Griezmann remató al larguero y Koke, ya cuatrocientos partidos atléticos, aprovechaba el rechace para dejar muy claras las cosas.

Hubo tiempo para dar minutos a Mollejo, Joaquín y Montero, para seguir manejando el encuentro con seriedad y para hacer más firme la candidatura atlética al título de liga. Ni se notaron las bajas. Ilusiones intactas, el Barça no está tan lejos.