Alineaciones: Oblak (8); Arias (7), Savic (5), Giménez (8), Filipe (6); Rodrigo (6), Koke (7), Lemar (6), Saúl (6); Griezmann (5) y Morata (7).

También jugaron Diego Costa (6), Thomas (6) y Vitolo (-).

 

El partido de hoy era mucho más chungo de lo que pudiera parecer. Tenía truco porque al Atleti se le suele atragantar el Villarreal, porque el submarino es equipo mejor de lo que indica su preocupante clasificación (Asenjo, Cazorla, Bacca, Gerard, varios medios talentosos) y porque al rival se le suponía máxima intensidad competitiva para alejarse del abismo. Sin lugar a dudas, en la pérdida de Rodrigo encontramos una de las razones que tienen al conjunto castellonense tan abajo.

Frente a ellos, el Atlético aparecía espoleado por la euforia del miércoles (ojo, a esa eliminatoria le quedan kilómetros de tela por cortar) y con dos habituales en la banca por aquello de las rotaciones: Thomas y Godín. La grada se acordó de un uruguayo cuya renovación debería haber sido cuestión prioritaria -por encima del pragmatismo, de los cálculos- al ser Diego hombre de importancia metafísica. Cerezo, Gil Marín y Club Atlético de Madrid SAD: ahí os habéis equivocado.

Ayer el mejor jugador del mundo ganó un partido en el Sánchez Pizjuán y el Atleti salía comprometido porque ahora sí, cualquier tropiezo casi finiquita el campeonato. Sin embargo, Los propietarios del Metropolitano comenzaron con escaso ritmo y aparentemente dispuestos a continuar con el tedio insufrible de Vallecas tras el paréntesis vertiginoso de la Champions. Existen en toda Hispanoamérica entidades espirituales no reconocidas por la Iglesia pero elevadas a altares extraoficiales por el pueblo; las llaman almitas milagrosas, poseen la capacidad de conceder deseos improbables y su presencia se hace notar en carreteras, cementerios y capillas a veces medio subversivas. Pues bien: entre todas no alcanzan la capacidad sobrenatural de Oblak, el esloveno milagrero que merece monumentos y oraciones futbolísticas porque hoy lo volvió a hacer sobre el minuto nueve mientras el heroico equipo dormía la siesta de las cuatro treinta.

El Atleti dominaba sin trascendencia y nadie encendía la chispa. Hasta que apareció Morata (el redimido, el killer con cara de niño bueno) para enganchar un disparo y hacer trabajar a ese magnífico portero que se llama Sergio Asenjo y al que respetamos no por su condición de exatlético sino porque la mala suerte siempre se cebó con él. El ilusionante delantero -cuánto te queremos de repente- compareció otra vez e hizo el primero de la tarde gracias a un remate que era difícil. Difícil para otros, quiero decir. Esta vez al p..o VAR no se le ocurrió inventar disparates, el tanto subió al marcador y aún quedó tiempo para que Alvarito corriera la banda en jugada de excelente futbolista y con cambio de ritmo propio de figura. La grada fue justa y le ovacionó. El pasado fue un mal sueño, Morata es colchonero y nos dará mil alegrías.

Mejoró Mucho el Atleti en la segunda mitad aunque a medida que pasaban los minutos se notaba el desgaste europeo. Koke lo hizo todo con sentido, Giménez fue valladar inexpugnable y los amarillos no pudieron contrarrestar el mejor juego rojiblanco pese a un par de buenos acercamientos hasta los dominios del milagrero. Simeone quiso atenuar el cansancio dando paso a Diego Costa por Morata (despedido con profunda emotividad) y a Thomas por un Lemar que ha mejorado en los últimos encuentros. El hispanobrasileño porfió, corrió como un endemoniado, erró más de la cuenta y por fin envió a Saúl un pase antológico que el centrocampista convirtió en vaselina y en precioso gol. Era el 88 y de esa forma saludábamos a la victoria, a tres nuevos puntos y regalábamos más aire a las velas de la ilusión. El barco navega, la primavera nos llama.