¡Y pasó lo que tenía que pasar! Messi, el enano producto de jarabes, pastillas y cerebro taladrado la paga con sus propios seguidores.

Cuando el nivel de frustración producto de la incompetencia, es superior al conjunto de los parámetros que marcan nuestra inteligencia, se produce lo peor. La respuesta del mimado delincuente por el que la mayoría de los culés matan, hacia sus propios seguidores, solo demuestra que la cantidad de estrella que llevamos dentro, sigue siendo inferior a la mierda que podemos llegar a ser. Y Lionel Messi es un verdadero mierda de hombre.

Alguien que no ha sabido echarse a la espalda a los de amarillo para plantarse en la final europea, pero si intenta agredir a quien le paga por estar ahí, a la afición. Un exageradamente idolatrado e hipócrita personaje, que hace cuatro días vendía lo que todavía no tenía ni en el horizonte a un público de gestión fácil. Alguien de depravada moral, que juega con los sentimientos de quien hoy llora, entre los que se encuentran niños y mayores. Eso es Messi, un vulgar indigente mental que no tiene calidad humana suficiente para ponerse delante de nadie.

Por muchas razones, soy totalmente opuesto a cualquier cosa que se vincule al Barça. La historia me ha demostrado que lo peor del espectro deportivo de nuestro país, se encuentra dentro de ese equipo. Un equipo formado por sicarios de la talla de Suarez, agresivo a más no poder, al que por miedo respeta el colegio arbitral español. Impresentables de la talla de Piqué, declarados antiespañoles hasta que el dinero dicta la versión contraria, ese genuino y también catalanista Guardiola, que defiende a criminales y corruptos prófugos de la justicia, encarcelamientos, corrupción, etc. ¡Eso es el club catalán!

Los de Anfield han dado una lección a esta panda de mamarrachos. En el deporte puede ganar cualquiera y las bromas ahí están para amenizar este fútbol que tanto amansa a las fieras. Pero la prepotencia se paga y los culés han pagado su altanería. ¡La han pagado desde sus propias vergüenzas!

Los medios deportivos y sociales independentistas y hasta los económicos, situaban a su equipo en la final. Vender la piel de una cobaya, antes de dar muerte a un león, suele salir siempre mal.

Los verdaderos madridistas estamos felices por una sencilla razón. ¡Disfrutamos con el dolor del Barça, de sus futbolistas, directivos y hasta de sus aficionados! Pero quiero dejar claro que ese sentimiento que tantas alegrías nos está dando en La Vieja Europa en los últimos años, no viene significado por nuestro talante personal, que en mi caso puede ser de lo peor, sino que es una reacción a la prepotencia y la carencia de total humildad de estos para mí, catalanes de mierda y de medio pelo. ¡Yo me quedo con los buenos! ¡Soy español!