Alineaciones: Oblak (7); Juanfran (5), Giménez (7), Godín (8), Filipe (6); Rodrigo (8), Saúl (5), Koke (6), Lemar (5); Griezmann (5) y Morata (8).

También jugaron Arias (6), Thomas (6) y Correa (6).

 

El Atlético no pierde la fe y acelera el ritmo para continuar en pos de un Barça que ayer hizo lo de siempre (ganar, ganar, volver a ganar en el Bernabéu) y tiñe la liga de inequívoco color blaugrana. Los colchoneros se enfrentaban a un rival difícil, aunque con bajas importantes en el once inicial, y lo hacían sin Diego Costa ni Thomas -el primero tocado, el africano en el banquillo por decisión técnica-, Rodrigo/Saúl a los timones y bandas encomendadas a Lemar y Koke.

Anoeta pudo disfrutar de quince minutos iniciales que dejaron fríos a los hinchas rojiblancos. La Real Sociedad gobernaba sin generar peligro y el Atleti parecía entre apático y conservador, pero todo era una broma porque pronto Koke rompió el tedio y en cien segundos entregó sendos balones de gol a Morata que el delantero cerca estuvo de aprovechar. Los visitantes se hicieron con el control total, Jorge Resurrección era el futbolista más destacado y tanto dominio terminó traduciéndose en el marcador. A los 29, el killer con cara de niño bueno cabeceó la prolongación del gran Godín y tres después, con la Real no recuperada del mazazo, Álvaro Morata llevó a las mallas otra asistencia de Koke y quizá los vecinos de Castellana -esos a los que falta gol- anden tirándose de los pelos al ver la asombrosa efectividad de un punta académico, fino, resolutivo, siempre muy bien posicionado y que ya celebra dianas haciendo el arquero. Número 22, perdona si alguna vez dude de ti.

El Atlético se fue satisfecho al vestuario y volvió a comparecer sobre al césped con Filipe fuera de combate por algún problema muscular. Simeone decidió renunciar al dominio, echó atrás al equipo, comprobó que la Real seguía sin llegar y mandó a Lemar al banquillo (dentro Thomas) porque una mala entrega en terreno propio acabó con la paciencia del técnico argentino. La vida transcurrió plácida en San Sebastián hasta que un pequeño temblor de tierra alteró tanta tranquilidad: entre la torpeza puntual de Koke (entrada dura a rival que significó segunda tarjeta) y el tiquismiquis del árbitro, quedaron sobre el campo diez atléticos que decidieron quedarse a vivir en el área de Oblak.

Faltaba media hora y desde ahí todo fueron balones centrados sobre el área del milagrero esloveno, aparente e inexplicable multiplicación de uruguayos combativos en el eje de la defensa, posesiones que duraban seis décimas de segundo y un jugador por encima de todos: Rodrigo, qué bueno que viniste.

El guardameta sobrenatural y la falta de definición de Sandro echaron al traste las dos únicas ocasiones donostiarras, el Atleti permaneció sereno ante permanentes acometidas blanquiazules y los hombres del Cholo regresan a Madrid con tres puntos difíciles en el bolsillo. Pero la distancia con el Barça sigue igual, que los vecinos no son capaces de hacer un ni un mísero favor pese a tanto como siempre les quisimos. Ahora toca el Leganés.