Tenía por gusto el gran escritor irlandés Oscar Wilde retratar la sociedad victoriana, sus costumbres y su (dudosa) moralidad. Su obra The importance of being Ernest era un juego de palabras a partir del nombre, pues suena a ‘earnest’, que podría traducirse como ‘persona seria, formal’...

Ernesto Valverde es, sin duda, una persona seria y formal. Su sustituto, Enrique Setién, también. ¿Razones para el cambio? Seguramente no vengan de falta de control de la plantilla, ni de enfrentamiento directo con la Directiva.

Moralmente, no es este un caso en que se haya actuado mal. Si acaso, en el momento que se ha producido el despido. La verdad es que el equipo no ha rendido a la altura de lo esperado, pero no esta temporada, sino más bien la anterior.

El primer año de Valverde, a pesar de la dura eliminación en Roma en Champions League, fue bueno. Ganar Liga y Copa nada más coger el equipo puede considerarse como algo positivo. No tanto ya la temporada 18/19. Caer en Liverpool y perder la final de Copa contra el Valencia no entraba dentro de los planes.

La planificación en pretemporada es uno de los dos pilares que marcan el resto del año. Si fichas y estructuras bien tu plantilla, tienes bastantes posibilidades de que las cosas salgan bien. Y FC Barcelona no lo hizo durante el verano de 2018. Fundamentalmente en posiciones defensivas, los fichajes no eran de altura y Umtiti comenzó su declive tras ganar el Mundial.

El segundo pilar es el que marca ya la diferencia en enfrentamiento directo, los pequeños detalles para preparar los partidos. Zidane, por ejemplo en el banquillo de Real Madrid, sí es muy bueno en ello. Pero Valverde no. Un equipo grande, que aspira a ganar el título europeo, requiere que no se escapen las eliminatorias ni las finales. Y ahí sí encontraríamos una acertada razón para pensar en dar por acabada su etapa en Barcelona.

Pero claro, esto habría que haberlo hecho este pasado verano. Renovar la plantilla se ha hecho muy bien, con las incorporaciones de Griezmann y De Jong. Solo habría faltado apostar por otro entrenador que devolviese la identidad del juego.

Ahora llega Setién y, en principio, su trayectoria le sitúa como el más apropiado para volver a implantar la elaboración del juego desde atrás. Con Valverde se estaba buscando llevar el balón de una manera más rápida y directa a campo rival, sin demasiada paciencia.

En cuanto al dibujo, el nuevo entrenador ha demostrado versatilidad, y ha dominado no solo el 4-3-3 clásico en Barcelona, sino también el 3-5-2, con laterales largos. Algo que no tendría por qué resultar un drama, ya que cuenta la plantilla con jugadores que lo pueden hacer, y en las dos últimas temporadas se han basado en el 4-4-2.

No deberíamos pasar por alto el papel de Messi. Uno de los más grandes jugadores de la historia y capitán del equipo ha de asumir el mando y ayudar al nuevo cuerpo técnico. Debe superar su papel el año pasado (inmerecido su último Balón de Oro) y no quedarse en recibir el balón cerca del área. Ya no está para recibirlo en centro del campo y arrancar driblando a todo el que se ponga por delante, pero sí para dirigir el juego. Está capacitado para ello incluso mejor que Xavi Hernández, y el pase es lo más difícil en este juego, más que el regate. Eso sí sería aparecer, como se le exige.

Setién puede aportar también esa serenidad y formalidad que ha demostrado Valverde. Dos entrenadores victorianos, y la importancia de llamarse Ernesto...