Calificaciones: Oblak (8); Arias (6), Giménez (9), Godín (6), Filipe (4); Rodrigo (6), Thomas (6), Koke (6), Saúl (6); Griezmann (3) y Diego Costa (0).

También jugaron Correa (4), Morata (4) y Juanfran (-).

 

Hoy se decidía en el Nou Camp buena parte de la liga. Por eso, el ambiente del graderío era de cita trascendental y los equipos alineaban a sus mejores hombres aunque el Barça esté a punto de afrontar un importantísimo partido de Champions. El Atleti cambió el orden natural de las porterías con el fin de que su rival atacara primero contra la meta que suele proteger al comienzo de los partidos, pero tal movimiento no pareció hacer demasiada mella en los blaugranas: salieron enchufados y a los cuarenta segundos culminaban una jugada de peligro sobre el área colchonera sin que los de Simeone lograran saber cómo de hinchado estaba el cuero. La acción sería un verso suelto y en absoluto iba a marcar la trama del encuentro.

 

En el primer cuarto de hora, sólo Jordi Alba estuvo a punto de modificar el marcador tras recibir un pase excelso de Messi y estrellar el esférico contra el palo del Milagrero, que hoy -como casi siempre- iba a regalarnos intervenciones memorables. Desde ese momento, el Atleti le ganó por poco la posesión al Barça, mostró una actitud valiente y se acercaba con algo de peligro al el feudo de Ter Stegen.

Las cosas iban bien hasta que Diego Costa dio rienda suelta a su mala educación y tuvo la intolerable idea de acercarse a Gil manzano con agresividad macarra, plantarle la cara a escasos centímetros e insultar a la madre del trencilla. Esa estupidez supina vendió al Atleti en un partido tan importante como el de esta tarde y nos alegraremos si al hispanobrasileño se lo hacen pagar caro.

 

Tras la merecida roja, el Cholo tomó la extraña decisión de sacar del campo a Arias, dar entrada al Subversivo -hoy, ni subversión ni leches- y retrasar a Thomas hasta el lateral derecho. Un enorme interrogante apareció encima de la cabeza de muchos seguidores atléticos al ver romperse media tan consistente y fiable como la formaba por Partey, Rodrigo, Koke y Saúl. A partir de ahí y hasta el descanso, el Atleti retrocedió varios metros, dejó de tener balón, defendió bien y sólo pasó apuros serios tras un fallo de juvenil cometido por el número dos. Diego Godín, te perdonamos eso y mil torpezas más que pudieras cometer de aquí al final de tus días atléticos. Pasarás a la historia como uno de los más grandes de siempre; nosotros, que te queremos tanto.

 

Al comienzo de la segunda mitad, Simeone parecía otro e hizo que el académico Morata sustituyera a Filipe. El brasileño está gris, fuera de forma, y su demarcación fue ocupada por un Saúl Ñíguez que tiene la polivalencia como mejor virtud. Contra diez, el Barça creó algunas ocasiones desbaratadas por Oblak y por el inconmensurable, racial y feroz José María Giménez. Si dejara de ser yo, me gustaría convertirme en este defensa uruguayo. El veinticuatro tuvo en su cabeza la bola del cero-uno pero Rodrigo no lo comprendió, se anticipó y remató en peor posición. El Atleti fue valiente, trató de sobreponerse la inferioridad numérica, buscó la victoria y echó de menos a Antoine Griezmann, que lleva varios partidos exhibiendo un nivel insignificante.

 

Como los buenos ganan más en las películas que en la realidad, todo se echó definitivamente a perder con el golazo de Luis Suárez a los 84 y el que logró Leo Messi sólo un minuto después. Epílogo triste -excesivo- para este duelo que convierte al Barça en campeón de liga y deja de aquí al final una competida lucha capitalina por el segundo puesto. En algo habrá que entretenerse.