Calificaciones: Oblak (6); Arias (6), Savic (5), Lucas (6), Saúl (6); Thomas (6), Rodrigo (5), Koke (5), Lemar (3); Griezmann (3) y Diego Costa (3).

También jugaron Correa (8) y Martins (6).

 

El partido no era fácil porque enfrente había un equipo que acumulaba varias jornadas sin perder y los rojiblancos saltaron al terreno de juego sin sus defensas más titulares: Juanfran, Godín, Giménez y Filipe. Ya es curioso que los cuatro se hallen lesionados. En el palco del estadio de Montilivi preside Delfí Geli (lateral derecho del doblete), el banquillo lo ocupa otro exatlético, la portería la defiende el Bono que perteneció al cuadro colchonero y los hinchas del equipo hoy visitante fueron tan numerosos como para plantear algo de competencia a unas gradas pobladas por afición enardecida y señeras estrelladas aquí y allá.

La primera parte no fue atractiva. El Gerona, muy bien organizado, se replegaba con fundamento, no concedía oportunidades a un Atlético nada imaginativo y muy de cuando en cuando lanzaba contras con especial protagonismo de Roberts, jugador cedido por el City que fue capaz de crear el pánico en un par de ocasiones. Los madrileños se dedicaban a repetir pases horizontales sin chicha y sólo Saúl amenazó de verdad la portería de Bono cuando culminó una bonita jugada con gran disparo al larguero. Fueron cuarenta y cinco minutos nivelados y rotos justo al final, cuando un grave error de Rodrigo (hoy mucho peor que de costumbre) finalizó con penalti cometido por Oblak. Stuani, pichichi de la liga, lo transformó en el 1-0 y los equipos volvieron al vestuario con la sensación de que el Atleti lo tenía cuesta arriba de verdad.

En la reanudación, los locales controlaron el juego durante muchos minutos. Lemar no existía, Koke se esforzaba sin acierto y arriba ni Griezmann ni Diego Costa (esa pareja incapaz de asociarse, como si siempre fuera su primer partido) daban señales de vida. Y en esas apareció Correa. Cuando Diego Pablo decidió sacarlo a escena en lugar de Rodrigo, el equipo cambió. El punta (o centrocampista) argentino dio desde el principio muestras de descaro, de pretender subvertir el orden del partido.

Correa podrá hacerlo bien o mal, pero nunca se esconde y siempre termina aportando algo. Es subversivo, inconformista, agitador, y hoy ya estaba mostrando su calidad con dos pases de gol que desaprovecharon sus compañeros Saúl y Gelson, sustituto de Arias. Pero aún faltaba lo mejor: hacia el 81, robó con mérito un balón en terreno propio, miró al frente y vio a lo lejos, realmente lejos, cómo Diego Costa corría entre dos defensas; el pase fue meteórico, espectacular, y el punta rojiblanco lo controló con primor y encaró al guardameta (ya no era Bono, sino Iraizoz) para que Ramalho metiera el pie e introdujera el cuero en su propia portería. También Costa tuvo su mérito, aunque el partido del hispanobrasileño resultó deprimente y tal vez mejore si emplea en jugar la cuarta parte del tiempo que dedica a la protesta y al fútbol subterráneo.

Tras el empate, el Atleti dio un paso hacia atrás y los gerundenses merodearon algo la meta de Oblak, aunque Gelson Martins -esta tarde más entonado que de costumbre- se encontró con el pie de Iraizoz en jugada que debió significar el tanto del triunfo.

Al Atleti le falta imaginación y le sobra conformismo en muchas fases de los encuentros. Sin negar la dificultad de casi todos los rivales, hay plantilla para hacerlo de otra forma, para buscar el triunfo de forma más decidida y para dar algo de alegría a los ojos de los aficionados colchoneros. Próxima estación, la Copa del Rey. Los menos habituales tendrán su oportunidad.