Calificaciones: Oblak (7); Arias (7), Giménez (7), Godín (7), Filipe (4); Thomas (5), Rodrigo (5), Koke (7), Saúl (5); Griezmann (4) y Morata (4).

También jugaron Correa (6), Vitolo (5) y Juanfran (-).

 

Aunque los rojiblancos saltaron al campo con sus mejores hombres, empezó más fuerte el Gerona. Más metido en la pelea. El Milagrero esloveno tuvo que inventarse un prodigio a los dos minutos y durante los primeros treinta apenas dieron los de Simeone señales de vida ofensiva. Pero entre todos los jugadores, uno se llevaba la palma: Filipe Luis no traspasaba el círculo central y mostró cierta decadencia física. Los futbolistas suelen transmitir su estado de ánimo y tal vez el brasileño no se encuentre ya tan cómodo entre camisetas rojiblancas. Todo empezó, bien lo sabe él, con una aventura parisina fraguada durante el verano. Nunca volvió a ser el mismo ni a sonreír como antes.

 

A los 34, Oblak recibió un fortísimo golpe y aun así detuvo el balón que ya se colaba en su marco. La evidencia de los cuerpos milagrosos. Y cuando el pueblo dudaba entre el silbido y el bostezo, a Koke le dio por inventarse un trallazo demoledor que dejó temblando el marco gerundés. Desde ese momento y hasta el final del primer tiempo, el sopor disminuyó en intensidad, lo intentó el Atlético, Morata desaprovechó una posibilidad clara y llegamos al descanso con marcador a cero.

 

En un capítulo de Los Simpson, Homer acudía al fútbol y gritaba “¡me aburro!” mientras los jugadores combinaban sin mucho sentido en mitad de la cancha. Así se desarrolló el grueso de la segunda mitad: lenta, previsible, imprecisa, como de última jornada entre dos equipos que ya no luchan por objetivos concretos. Algunos se impacientaron con Rodrigo porque el mediocentro tardaba demasiado en soltar la pelota -es su forma de jugar, así que será mejor acostumbrarse-, recibieron al Subversivo (Ángel Correa) entre abucheos para afearle el penalti de Turín y después le mantuvieron encima la lupa. El argentino hizo algunas cosas mal y otras bien, pero mantuvo siempre una actitud de pelea y atrevimiento.

 

Cuando más lejos parecía la posibilidad del gol, surgió Godín para cazar un balón aéreo, hacer diana y recordarnos cuánto le echaremos de menos dentro de muy poco. Villanueva Iglesias es un revientaprimaveras y anuló el tanto, pero allí estaba nuestro amado VAR para dar validez al primero del Atlético.

 

Lo mejor de la segunda parte, junto con la solidez defensiva, fue la chispa mostrada por Koke: mientras Rodrigo, Saúl y Vitolo se tomaban el fútbol como si fuera un imposible problema de álgebra, Jorge Resurrección tocaba con rapidez, con frescura, con simplicidad, y siempre acertó en las decisiones. Lo peor, la misteriosa desaparición de un principito francés (¿a qué planeta habrá viajado?) que se interrumpió de forma abrupta cuando en la agonía del partido le vimos avanzar hacia la puerta de Iraizoz. Aquello era el desierto, en kilómetros a la redonda sólo estaban Gorka y Antoine y la carrera se hizo eterna, interminable, así como de Oliver y Benji. Tres horas después de comenzar el viaje, Griezmann encaró al meta, le batió sin dificultades y puso al Atleti a ocho puntos del Barça; pudieron ser menos, pero Messi y Suárez acaban de hacer la gracia.

 

El próximo sábado veremos si hay liga: 20:45, Barcelona-Atlético de Madrid.